En torno a los milicianos Líster y Modesto  :   
 Textos antológicos. 
 El Alcázar.    07/01/1978.  Página: 8-9. Páginas: 2. Párrafos: 39. 

EN TORNO A LOS MILICIANOS LISTER Y MODESTO

Ya los griegos en los siglos precedentes a la era cristiana dijeron que no hay nada nuevo bajo el sol.

Sin duda, el teniente general Vega en sus palabras con motivo de la Pascua Militar, pronunciadas en el

Cuartel General del Ejército, olvidó que ya él general Queipo de Llano se traía su cachondeo sobre el

célebre «miliciano Remigio, que para la guerra es un prodigio», que le había facilitado la gracia literaria

de Pérez Madrigal.

La confirmación, por parte de las palabras del señor Vega, solamente cambian la consonancia del ripio.

Que podía quedar así: «Lístery Modesto son unos hachas en esto». Esto fue una guerra que duró tres años,

poco más o menos, y que perdieron los «talentos militares» de los mencionados Lístery Modesto,

A\ hilo de esta misma meditación puede recordarse la anécdota de un general, cuyo nombre sentimos no

recordar en este momento, que al decirle que le iban a mostrar el secreto del genio más deslumbrante del

arte militar, contestó que Napoleón no le interesaba, que quien le interesaba era el que le había vencido en

Watterloo.

También lo olvidó el señor Vega en sus palabras. Olvidó que los genios militares de Líster y Modesto,

muy amparados por los generales, soviéticos que eran quienes de verdad movían los hilos del Ejército

Rojo, fueron estrepitosamente derrotados en una serie de batallas que, en su tiempo, admiraron a lo más

inteligente del oficio de las armas: Francisco Franco.

Afortunadamente, los españoles más modernos tienen mapas de la España del 18 de julio de 1936, en los

que hay zonas rayadas en rojo —enormes zonas comprendiendo el dinero y la industria— y zonas en azul

—ínfimas parcelas sin más que las peladas mesetas castellanas y la gracia sevillana prolongada en esos

trozos andaluces de un poco más allá, en la otra ribera del Mediterráneo—; sobre esos mapas flota el

milagro de la Victoria de 1939, sólo explicable por el talento militar de quien condujo el Ejército

Nacional, por el valor, la competencia y la fe de los militares profesionales que le obedecían, y por el

heroísmo, generosidad y amor a la Patria que derrocharon unos voluntarios, ora como alféreces o

suboficiales provisionales, ora como soldados de esa milicia auténticamente popular, que fueron los

Tercios- de Requetés-o las Banderas de Falange Española.

Acaso olvidó, también, en su discurso, el teniente general Vega que prendidas en su guerrera había

numerosas muestras de la competencia del Ejército Nacional y de la incompetencia de los «milicianos

Remigios» que tuvo enfrente. Generoso olvido éste que comprendía a cuantos en aquel mismo acto

exhibían con honor y orgullo las condecoraciones conquistadas con sus victorias sobre quienes eran

protagonistas épicos del discurso tan inconsecuente. Porque, a la vista estaba en la manga derecha del

orador, cómo hubo militares de aquella Victoria que fueron hasta Rusia a intentar culminar su

«explotación del éxito» persiguiendo a esos «milicianos Remigio» hasta la estepa en que se habían

refugiado.

TEXTOS ANTOLOGICOS

INCOMPETENTES

«En las grandes unidades (del Ejército rojo) hay por jefes supremos gente improvisada, sin

conocimientos: El Campesino, Líster, Modesto, Cipriano Mera... que prestan buenos servicios, pero que

no pueden remediar su incompetencia. El único que sabe leer un plano es el llamado Modesto. Los otros,

además de no saber, creen no necesitarlo (...). A Modesto, jefe de una División, le enviaron un coronel del

Ejército, Verdú, de segundo jefe. Verdú fue a buscarlo en el puesto de mando; estaba en el puesto de

combate y allá se dirigió el coronel. Se presentó oficialmente y le dijo además unas palabras expresivas

de sus buenos deseos y voluntad de ayudarle en cuanto le hiciera falta. Modesto, sin contestar, descolgó el

telefono.. «Si no rne quitáis ahora mismo de aquí este coronel, dejo el mando.» Se lo quitaron (...). No se

quieren bien unos a otros los caudillos populares. La División de Líster estuvo en Brúñete. Perdió mucha

gente y, según Menéndez (un teniente coronel que informa de esto a Azaña}, a todos sus oficiales. Se

encontró en una situación muy difícil. Al saberlo decía El Campesino: «¿Ah, sí? ¿Pues no echaba tantas

broncas? ¡Que resuelva él su papeleta!»

Manuel Azaña. «Memorias políticas y de guerra». La Pobleta, 1937. Obras completas. Tomo IV.

SOLO TOSCOS GUERRILLEROS

«Los Campesino, Modesto y otros, son toscos guerrilleros, buenos para la defensiva, pero no saben nada.

(Miaja), los ha cepillado un poco, enseñándoles a saludar, a quitarse la gorra y a mirar cara a cara... poco

más.»

Manuel Azaña: «Obcitada.».

FUSILAR A MODESTO

«Las tropas del Ebro son buenas. Tienen impulso. El paso del río fue muy bueno. Dieron en blando.

Ningún disparo de cañón del enemigo; no le dieron tiempo. Se pudo ocupar Gandesa. (El más importante

objetivo de aquella ofensiva.) No mejores resultados por falta de cuadros de mando. Confirma

(Hernández Saravia), que no quieren entregar las armas capturadas. A todo esto, la División 42,

desarmada a su tránsito por Francia, continúa sin fusiles. Modesto no quiere soltar los 5 ó 6.000 fusiles de

que se apoderaron. Tendría que meterlo en un castillo o fusilarlo. ¡La que se armaría! Hernández Saravia

se propone retirarle una División y mandarle la 42 desarmada. Casi todo el Ejército del Ebro es

comunista. Hay una especie de disciplina interior en cada unidad.»

Manuel Azaña. «Ob. citada.»

ARTIFICIOS DE LA PROPAGANDA RUSA

«... El doctor Negrín resumió el (debate en la reunión celebrada en el aeródromo de Los Llanos, Albacete,

el 27 de febrero de 1939), reafirmando su preconcebida conclusión: resistencia. El único partido que

opinaba como él era el comunista. Era. pues, natural, que el doctor Negrín decidiera revocar al coronel

Casado, para confiar el mando de! Ejército del centro a un comunista, y así lo hizo, designando al coronel

Modesto, uno de los genios militares populares fabricados por la propaganda rusa, si bien probablemente

con buena materia prima española,»

Salvador de Madariaga. «España».Ensayo de Historia Contemporánea. Editorial Suramericana, Buenos

Aires, 5.´ edición, 1950.

«...Tú no puedes alzarte contra el Partido o contra Lístemíe e* el Partido... Contra el Partido nunca se

tiene razóa... ¡Recuerda esto, mi buena camarada,..! El Partido para llegar al fin no puede detenerse anle

nada ni ante nadie... El debe avanzar, siempre, aunque tenga que pisotear los cuerpos de muchos

cantaradas, de magníficos militantes que se ven envueltos por ciertas debilidades sentimentales... Si tú

ahora gritases contra Líster, tú asesinarías a un héroe del Partido... ¡No importa que sea un héroe de

mentiras o de verdad...! Eso no importa, camarada... Lo que importa es que el Partido necesita héroes,

muchos héroes y si tú destrozaras a éste, al que el Partido quiere convertir en un héroe y gigante de

nuestra lucha, para a través de él conquistar masas y masas de combatientes para el Partido, tú habrías

saboteado la tarea del Partido, te habrías convertido en un obstáculo para lograr ese gran objetivo que es

la conquista de la influencia del Partido en el Ejército, que nos es necesario, vital, camarada...»

Enrique Castro Delgado. «Hombres made in Moscú.» Editorial Caralt. Barcelona, 1963..

MARIONETAS EN MANOS DE LOS JEFES RUSOS

«Las tropas españolas de Líster, del Campesino y de Modesto habían peleado bravamente en esa batalla

(la de Guadalajara), honrando a sus jefes y a la disciplina que éstos habían logrado implantar. Pero

muchas de las maniobras que realizaran Líster, Modesto y el Campesino, les había sido indicadas por los

asesores militares rusos; resultaban como cadetes de aviación manejando un avión de doble control, que

e! instructor podía tomar a su cargo en cuanto cometieran el menor error.» (...) «Por lo que he visto hacer,

me gustaría enterarme de cómo se comporta Líster una vez desaparecido el doble control. Pero es posible

que no desaparezcan; por el contrario, puede que sean fortalecidos.»

Ernest Hemingway. «Por quién doblan las campanas». Editorial Claridad. Buenos Aires, 1959.

«La batalla del Ebro tal y como fue desarrollada se debe eminentemente a la inspiración soviética y,

aunque al Estado Mayor republicano correspondió toda la gloria de su ejecución, la alta dirección

estratégica estuvo supeditada al consejo de los generales soviéticos.»

Jesús Hernández. «Yo fui un ministro de Slalin». G. del Toro, editor. Madrid, 1974.

«En cuanto a Líster, jefe del Quinto Regimiento, unidad de combate comunista, con disciplina doctrinal

de tipo severo, lo que cuenta es su ánimo: la técnica corre a cargo de su Estado Mayor, en el que hay,

ajuicio de Rojo, soldados de tálenlo.»

Julián Zugazagoitia. «Guerra y vicisitudes de los españoles». Tomo 1. Librería Española. París, 1968.

INCAPACIDAD DE MANDO

«Se inicia la ofensiva (del Ejército Nacional), el 23 de diciembre (de 1998 tanteando todas las posiciones

del frente. El ataque ue rudo: se vio cuál era el sector de la resistencia y cuál e!que cedería (...). Cedió el

frente en toda la línea que ocupaba el famoso Ejército rojo del Ebro, de absoluto predominio comunista

en los mandos bajo las rdenes del llamado coronel Modesto v del teniente para el Lister. Por ese sector.

El inicio del avance, La gran esperanza de la djíta-Hira síaüniana en España, la Agrupación de Ejercita. i

Vu, no hizo más que retroceder a marchas forzadasviaci,, la frontera francesa, lo que obligó al repliegue

del sector; del Norte.»

Diego Abad Santillán. «Por qué perdimos la guerra.» G.. de! To ro diter. Madrid, 1975. .

«El fracaso de U ofensiva del Ebro, como el precedente de Balaguer y tos anteriores de Brúñete y

Belchite, no se debía a la aviación, aunque ésta contribuyera sensiblemente, sino fuudtmentalmente, a un

defecto congénito del Ejército Popu.ar, que siempre fue incapaz de sostener una acción ofensiva

prolongada. ¿Por falta de fe en el mando?, como dice Líster. ¿Por incapacidad de jefes y tropas?, como

afirma Rodes Jaulín. A mi parecer, por ambas causas que se influenciaban mutuamente. La falta de fe del

mando venía directamente influida por el conocimiento de la incapacidad de los jefes y tropas, y de la

poca preparación de éstos se debía, en gran medida, a la política equivocada de aquél como un mal de

origen jamás superado. Esta f\K una constante y resultó cierta incluso en el Ebro que, caá mucho, fue la

más brillante y mejor ejecutada de cuántas operaciones emprendió el Ejército Popular.»

«A pesar del «fastuoso» éxito inicial de Modesto, al día siguiente sus trojas (en las que se incluían las que

mandaba Lister), se veían incapaces de dar un paso adelante. Durante 10 días mantuvieron su ímpetu

ofensivo con buena moral, y a eosta de grandes pérdidas, frente a un enemigo que durante casi todo el

período fue netamente inferior en efectivos y medios, pero que resultó suficiente para agotar toda la

capacidad de penetración de sus adversarios a pesar de que la lucha se planteaba en terreno abierto,

exento d* fortificación y apto para la maniobra. Una vez más se ponía de manifiesto la impotencia del

Ejército Popular.

Ramón Satas Larrazábal. «Historia del Ejército Popular de la República.» Tomo II.. Editora Nacional.

Madrid 1973.

«Es muy poiitle que se dijera a Líster (por su Alto Mando, en él día 5 de noviembre de 1936, cuando las

tropas nacionales se acercaban a Madrid), que alguno de sus batallonas, tos más desgastados en las

acciones de Seseña y Pin:o, en las que se HABÍA CUBIERTO DE RIDICULO pasaran aTarancón para

reorganizarse, pero no result i razonable su versión en la que desobedece heroicamente una orden superior

para dirigirse al puesto de máximo peii^so. Evidentemente, la presión soviética a la que se utilizo era

inevitable, el PCE determina el movimiento prt »aturode las brigadas y dan lugar a otros de fuerza de ss

i*e comunista que se encontraban en la sierra y que indudablemente, por iniciativa del comité central

marcharon hacia Madrid.»

«En el caso de Modesto, la cosa se agravaba por la rivalidad personal entre él y Líster. Durante el largo

viaje hasta su puesto de Mando, Modesto tuvo conmigo su primera y única confidencia a este respecto.

Me dijo que había desaprobado la conducta de Líster en la operación de Fuentes de Ebro, cuando se

perdieron los tanques BT-5, y que por eso, la I l. División no había formado parte del V Cuerpo en

Teruel. Añadió que si no hubiera sido por el hundimiento de nuestro frente en Aragón, con todas sus

consecuencias, no hubiera vuelto a tener bajo sus órdenes a Líster y a su División.»

Manuel Tagueña Lacorte. «Testimonio de dos guerras». Ediciones Oasis, S. A. México, 1974.

EN LA ANTOLOGÍA DE LO ANTISOCIAL

«Representaban, todos ellos (Líster, Modesto, El Campesino, Mera, Durruti), la expresión cierta del

providcn-cialismo. Sin la güeña, ni Lister, ni Modesto, ni El Campesino ni Durruti, entre tantos otros,

hubieran tenido otro puesto que en la antología de lo antisocial.»

Guillermo Cabanella. «La guerra de los mil días.» Grijal-bo, S. A. Argentina, Buenos Aires. Tomo I.

«SOLO LA VICTORIA NOS JUSTIFICA»

«Hay por lo menos diez baterías encerradas —dijo el capitán—. Las vamos a pasar estrechas.

Nuestro oficio es pasarlo mal —contestó el teniente de Farnesio—. Peor se estaba en Brúñete y en Monte

Arruit. Peor aún en Igueriben. Y luego se metian con nosotros, v los periódicos escribían todos los días

sobre las «Responsabilidades de Marruecos». Salimos muy pocos de Igueriben. Lo que fue la retirada yo

solo me lo sé. Pero peor fue la vuelta a Valladolid. En las estaciones nos daban café con leche. En

Málaga, en Bobadilla, en Córdoba, hasta en Medina del Campo, que ya está tan cerca... Café con leche en

todas partes y miradas de pena. Era mucha leche aquello. Las mujeres decían: «Pobrecitos, cómo vienen»,

y nos trataban como pordioseros; los hombres no decían nada, pero nos miraban como a tontos. Y lo que

más me encorajinaba era que habia que beberse el café, porque la intención era buena. Hacía calor y nos

daban mantas. Eramos los tontos de España entera.

Sólo la victoria nos justifica. Vencidos, siempre tenemos la culpa —dijo el capitán—. Me contaba mi

abuela cuando niño, que un bisabuelo mío, siendo brigadier, se pronunció en el Campo de Guardias con el

general Dulce. Era el año 1854, Al dar comienzo el combate de Vicálvaro, el brigadier montó,a caballo,

sacó el sable y arengó a sus soldados diciendo: «Adelante, hijos mios, que el que hoy sea vencido será

mañana traidor.»

Por lo menos el brigadier iba a caballo —interrumpió el teniente.

A caballo o en tanque, siempre será lo mismo. Tenemos que vencer, no una vez ni dos, sino todas, porque

el día que la suerte se nos vuelva de espaldas, seremos de nuevo la general rechina y nos volverán a dar

café con leche en todas las esquinas, cómo a usted a la vuelta del Desastre de Annual. Son malas las

penalidades de la guerra, pero peor que todo, peor que la muerte misma, es la conmiseración. Cuando al

Ejército se le compadece, el Ejército está perdido.»

Salvador García de Pruneda. «La soledad de Alcuneza».

7 —ENERO-1978

 

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