Autor: Medina Cruz, Ismael. 
   La izquierda en el poder     
 
 El Alcázar.    27/03/1978.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Crónica de España

LA IZQUIERDA EN EL PODER

El historiador inglés Denis Mack Smith ha dicho al periodista Duilio Taselli: «Entre nosotros los ingleses

y vosotros los italianos existe una diferencia fundamental: nosotros miramos hacia el futuro con

optimismo; vosotros con pesimismo.» Y como colofón a tos trechos en que se manifiesta el optimismode

los británicos y el pesimismo de los italianos, comparece uno singular: los estudiantes ingleses se dedican

a estudiar.

Ningún periodista español ha acudido al hogar austero del historiador inglés para hacerle análoga

pregunta que Tasselli. Pero es presumible su respuesta: «Entre nosotros los ingleses y vosotros los

españoles existe una diferencia fundamental: nosotros miramos el futuro con optimismo; vosotros habéis

matado el futuro.»

Creo que Arturo Moya se habría manifestado de manera distinta a como lo ha hecho en el Club Siglo

XXI, después de una conversación con Denis Mack Smith. Lamento que necesidades familiares

inaplazables impidieran escuchar la conferencia del consejero presidencial. Pero como las reseñas de

prensa son coincidentes, considero que puedo valer-me de ellas. Y me da la impresión de que Arturo

Moya es pesimista. Estoy de acuerdo con él en que ésta es la hora de un gran partido. Pero ni ese gran

partido es la UCD, ni resulta presumible que lo sea la convocada gran derecha. Y me parece impensable

que nazca de Areilza. Ese gran partido, en suma, ha de ser un gran partido nacional y social, sin

complejos de pasado ni cobardías ante la izquierda marxista. Y habrá de formarse a costa, naturalmente,

del coyunturalismo suarecista y de los restantes entramados políticos no marxistas. No queda otro

remedio, pues un gran partido nacional y social debe comenzar por garantizar al pueblo que echará a la

basura el hediondo potaje que se viene cociendo desde hace dos años.

«Frente a la realidad de nuestra izquierda, medularmente marxista —ha dicho Arturo Moya—, algunos

líderes y sectores políticos intentan aglutinar alrededor de figuras ilustres del pasado a todas las fuerzas de

ta derecha. Me parece muy bien, siempre que esa gran operación de la llamada nueva derecha no se forje

de forma más o menos solapada, en detrimento del centro político, alegando, entre otras lindezas, que el

centro carece de espacio propio.» ¿Y es que acaso lo tiene? El centro no existe. El centro es una

inteligente invención del grupo Tácito, encaminada en su origen a procurarle una colocación

posfranquista a la democracia cristiana, el grupo político que mayores beneficios obtuvo, sin lugar a

dudas, del franquismo. Pero ese inteligente invento lo ha convertido el huésped temporal de la Moncloa

en puro saldo de chatarrería política. No pido a Moya que lo reconozca. Me basta leer entre líneas que

padece íntimamente pareja aprensión. ¿Cómo, si no, explicar el correcto pesimismo que exhalan sus

palabras, sobre todo las pronunciadas durante el charivari retórico de los postres? Un hombre inteligente

nunca malgasta energías en atacar lo que carece de identidad. Y Arturo Moya lo es. Por ello me sorprende

que ataque con tanta insistencia la eventualidad de la gran derecha, de no creer en su posibilismo.

Pienso que sí cree y que tendría excelente porvenir ep ella. Pero debería aprender una asignatura difícil

para los jóvenes de triunfo rápido, sin cicatrices dejadas por la dureza inhóspita de la lucha política en los

bajos escalones: el sacrificio de una posición presente en aras de una simple expectación de futuro.

El servicio a Suárez, aunque sea honesto, conduce a contradicciones estrepitosas. Arturo Moya, por

ejemplo, se enclaustra en el sueño de un centro-centro, y hasta es capaz de convencerse de que Suárez es

Giscard, y que Giscard no precisa de Chirac. Pero un día u otro, aunque crea que está haciendo

antimarxismo, se encontrará de bruces y hasta brutalmente con la materialización más hosca de la

advertencia hecha por José Luis Alcocer: «Estamos, sencilla y llanamente, ante un establecimiento de la

izquierda en el mundo oficial, todas cuyas posiciones le han sido dadas desde un poder cuya legitimidad

de origen es el franquismo.

Lo más absurdo de la situación presente de entrega gratuita de España al marxismo reside precisamente

en el hecho de que se está haciendo al amparo de la legitimidad constitucional e histórica recibida del

franquismo. Por eso precisamente la mal llamada gran derecha parece abotargada e insensible. No es el

asombro lo que traba a la mayoría silenciosa. Ni el miedo. Ni la cobardía. Ni el apego a unos bienes

transitorios casi recién ganados. Está cohibida por la propia inercia del franquismo. No ha reaccionado

todavía. No ha asimilado del todo que a Franco no le sustituyó, según se aseguraba al pedir el voto

afirmativo en el referéndum, una continuidad reformista, sino un retornismo revanchista. No se ha

caminado por el surco del perfeccionamiento democrático de las instituciones, sino por el mas necio e

inconsueto de los donjulianismos.

Estoy de acuerdo con Luis Jáudenes en que el mayor error que podrían cometer «las fuerzas democráticas

no marxistas» consistiría en «enfrentarse las unas con las otras». Pero me temo que considere al

suarecismo como fuerza democrática no marxista, cuando no va más allá del más desenfadado de los

oportunismos que ha conocido acaso la política española desde las Cortes de Cádiz a nuestros días.

Con decir que está haciendo bueno a Calo m arde! Luis Jáudenes acierta más aún cuando advierte: «No es

por la democracia por lo que luchan el socialismo y el comunismo, sino por una sociedad organizada

conforme a los principios marxistas.» Pero ni al señor Suárez, ni al señor Abril Martorell, ni a ninguno de

sus acólitos les interesa darse por enterados, pues en tal caso habrían de adoptar una actitud coherente, y

asumir la responsabilidad y el riesgo del rompimiento con el frente marxista y sus apoyaturas radicales.

Y declarar, finalmente, que es un sueño imposible y suicida gobernar con un centro-izquierda a la italiana.

Ismael MEDINA

 

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