Pastoral de los obispos de Bilbao condenando la violencia. 
 "No puede jugarse impunemente con la vida humana"  :   
 "Hay en nuestro pueblo quienes se erigen en jueces de la vida de los demás". 
 El Alcázar.    27/03/1978.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Pastoral de los obispos de Bilbao condenando la violencia

«NO PUEDE JUGARSE IMPUNEMENTE CON LA VIDA HUMANA»

«Hay en nuestro pueblo quienes se erigen en jueces de la vida de los demás»

Los dos obispos de Bilbao, el titular y su auxiliar, hicieron pública una Pastoral con motivo de la

celebración del Viernes Santo, en la que condenaban «las fuerzas de destrucción y de muerte en toda la

variedad de sus formas, que están tristemente operantes y vivas en el mundo, y también en nuestro país».

Glosando el misterio de la muerte de Jesucristo, que «es vida para el mundo», añadían los obispos que

«existen entre nosotros quienes, carentes de un elemental respeto debido a toda persona humana, golpean

y dañan a aquellos a quienes consideran sus adversarios; más todavía, hay en nuestro pueblo quienes, con

un desprecio total a la vida humana, hieren y matan una y otra vez, erigiéndose a sí mismos en jueces

últimos de la vida de los demás, degradan la justicia convirtiéndola en un simple ajuste de cuentas,

pretenden en vano justificar ante el pueblo su proceder, presentándolo como el camino necesario hacia la

liberación social y política que propugnan, se apropian sucesivamente de causas nobles e inquietudes

legítimas de gran parte del pueblo para asestarlas con la violencia de las armas».

Los obispos se referían también a quienes simpatizan con tales conductas. «No faltan —decían— quienes,

participando de un clima extendido de revancha, miran con simpatía tales conductas, y algunos aprueban,

incluso, las muertes producidas, sino las piden irresponsablemente con sus gritos. La frecuencia creciente

de los atentados y de la multiplicación de las amenazas de muerte, han in-, tensificado notablemente un

ambiente de temor y de inseguridad que ensombrece la vida cívica y apaga la voz de muchos que

deberían condenar esta situación.»

La Pastoral afirmaba igualmente que «la repetición de los hechos sangrientos va embotando nuestra

sensibilidad. Es trágico acostumbrarse a la sangre y a la muerte. Tal costumbre embrutece y envilece a las

personas y a los pueblos. No puede jugarse impunemente con la vida humana».

Más adelante señalaban que podemos sentir la misma tentación de los discípulos ante el crucificado: la

tentación de la desesperación, la discordia es más fuerte que la concordia. La muerte más poderosa que la

vida, sin tener en cuenta que el señor crucificado ha de ser para nosotros estímulo que evitará que

caigamos en la tentación.

 

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