Autor: García Serrano, Rafael. 
   El tamaño de los políticos     
 
 El Alcázar.    13/01/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

EL TAMAÑO DE LOS POLÍTICOS

JUEVES, 12 DE ENERO. Comprendo que haya hombres a los que les guste estudiar la vida de las

hormigas, de las abejas, de las moscas, de las pulgas, de las cucarachas, de los saltamontes, de los

mosquitos tipo stuka y de los que, de un silencioso picotazo, te condenan a dormir eternamente, pero

particularmente a mí todo este género de bichos no me interesa nada. Y menos aún ponerme al

microscopio para observar las costumbres de las amibas o de otros de sus colegas, prácticamente

invisibles hasta principios del siglo XIX, cuando Jackson Líster perfeciona el aparatejo diseñado por Van

Leewenhock, y cuya peligrosidad mortal conozco por útiles referencias y hasta por alguna experiencia

personal e inolvidable. Este desdén hacia lo infinitamente pequeño es lo que hace que me resulte tan

penoso y difícil el tener que referirme a los políticos actuales, cuyo escalón zoológico se sitúa, según mi

manera de pensar —que puede estar sujeta a error, aunque no lo creo—, en zonas de observación todavía

más alejadas de la percepción microscópica que la amiba, la cual, si tuviera que ir al sastre, obligaría a

éste a medir su traje por mieras, que mi amigo el sabio me dice que es la milésima parte de un milímetro.

No es una coincidencia que el microscopio se consolide y perfeccione al compás de la democracia

moderna. Con esto no pretendo disminuir el tamaño de nuestros políticos nacionales. Considero que a

Cárter le sobra con miera y media para hacerse un frac y aún le queda para una bufanda, y que, con dos

mieras, Giscard tiene para un traje de tirar faisanes y le sobra un retal suficiente para un traje de gala de

su señora. No se trata, pues, de ofender el tamaño de nuestros políticos, sino de precisar técnicamente la

medida de los políticos en general, y muy singularmente de los de este último tranco del siglo XIX.

Después de esto se comprenderá que no me haga eco de las declaraciones y contradeclaraciones de

Garlitos Ollero, senador de designación real, y cuyo tamaño hubiera sido el mismo de pertenecer a.los

«cuarenta de Ayete», cosa que le hubiese chiflado, o a la secretaría política de don Felipe II, o al Instituto

de Estudios Políticos, donde creo que se posó, o a la redacción de «Arriba», por donde merodeaba con

artículos de colaboración en torno a Xavier de Echarri, a Ismael Herraiz o a José María Sánchez-Silva.

Del mismo modo queda explicado que la retirada de Osorio desde el frente consejeril del presidente que

con una miera escasa se hizo camisa azul, guerrera blanca, chaqué, frac y aún le queda tela para el manto

ducal— a su casa a escribir un libro, que es la impepinable tarea de todos los políticos en cuanto se

apartan mínimamente del poder, no tendrá tampoco ningún comentario mío, salvo el literario que pueda

merecer su próxima obra.

Sin embargo, los políticos microscópicos pueden llevar la muerte en sus manos. Véase, sin ir más lejos, la

enfermedad que aqueja gravemente a la España de hogaño.

Rafael GARCÍA SERRANO

 

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