Autor: Paso Gil, Alfonso. 
   El sindicato vertical     
 
 El Alcázar.    10/01/1978.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 10. 

«digo yo que..?

EL SINDICATO VERTICAL

CON las elecciones sindicales a dos pasos se sigue manteniendo la misma interrogante. ¿Las centrales

sindicales favorecen al obrero o favorecen al partido del que son subsidiarias? Es decir... ¿Un obrero

afiliado a UGT tiene, necesariamente, que seguir las consignas del PSOE, o es libre, en determinado

instante, de pedir cosas que puedan perjudicar al PSOE, pero que a su entender benefician a los obreros?

Estas son las lacras del régimen de partidos. Los sindicatos, en su versión más pura no tienen nada que

ver con la política. Naturalmente, siguiendo un trazo joseantoniano, diríamos que tienen que ver y mucho

con la política sindical, que puede ser muy distinta a lo que en aquellos instantes se lleve, a la moda, o a

las demagogias de turno. Como naturalmente este Gobierno y la gente que le secunda se ha empeñado en

borrar todo trazo del régimen pasado, nadie recaerá, salvo los viejos sindicalistas, la atención en la fuerza

del sindicato vertical y en su operatividad.

El otro día estuve hablando con un alemán bastante entendido en temas políticos y que —¡por fin!— se

había estudiado a fondo el sindicato vertical español. Me dijo, sin el menor embarazo:

Fue un intento soberbio de defender los derechos del trabajador. Fue un arma antimarxista de primera

clase. Fue un modo de acabar con la lucha de clases por la vía de la Justicia social. Confieso que en

Alemania estamos leyendo atentamente el proceso del verticalismo español.

Porque los alemanes, que son lo menos tonto que hay en Europa, no guardan ninguna distancia. En cuanto

algo es práctico y funciona lo incorporan inmediatamente a su sistema. Me decía el inolvidable Salzber

que la diferencia esencial entre un francés y un alemán era que el francés se detiene en la lógica de las

cosas y aunque vea funcionar un apa rato anuncia:

En pura razón este aparato no puede funcionar.

El alemán, en cambio, responde:

En pura razón este aparato no puede funcionar, pero funciona. Y como funciona lo aprovecho.

El gran experimento del sindicato vertical español, al que faltaban todavía diez o doce años de rodaje y en

el que era necesario completar la base y regular los términos de los convenios, no se ha analizado

debidamente. Lo lamento porque es de las cosas más valiosas que aportó el pasado régimen a la lucha por

reconquistar la Justicia social. De tal modo fue avanzando la Organización Sindical que creó una imagen

de obrero que asombraba en todas partes. Era el obrero que elegía el trabajo, que acudía a su labor en un

coche propiedad, que llegaba a comprarse un piso en plazos, que era dueño en cada instante de su propio

destino. Luego vino la gran polémica de los que se fueron al extranjero, utilizada farisaicamente por los

enemigos de España.

¿Se iban porque no había puestos de trabajo? Se iban precisamente cuando había mayor índice de

inversión y menor de paro. Lo que les interesaba era ganar más. En el complicado aparato de la

economía europea un obrero en Suiza, o en Alemania, o en la misma Francia, gana más que un obrero en

España. Bien es cierto que todo vale más caro. Para paliar ese contraste los obreros españoles tuvieron

que vivir en condiciones indignas. Se trajeron unos ahorros bien sudados; pero no fallaba de ningún modo

ni el Sindicato, ni, por supuesto, el plan económico español. Los que buscaban el El-dorado fuera de

España lo hacían a cambio de muchas renunciaciones.

En estos días se prepara una especie de coloquio o de reencuentro en una ciudad española sobre el

sindicato vertical tan denostado por las centrales sindicales adscritas a los partidos políticos. Lo que se

quiere poner en las´entendederas del Gobierno es la imagen de un sindicato libre de las presiones políticas

y auténticamente eficaz. Esto no es más que el principio de lo que pudiéramos llamar la reivindicación del

sindicato vertical que, por cierto, empiezan a copiar en algunos países americanos y que en Alemania

interesa de una manera espe-cialísima y que ha promovido el interés de un sociólogo sueco de la calidad

de Ernest Jacobb. No sé qué saldrá de todo esto porque el ambiente está intolerablemente politizado.

Estamos viviendo un período precomunista que, como he dicho ya muchas veces, yo me niego a vivir.

Sería muy curioso ver cómo se analiza el asunto del sindicato vertical por gentes sin pasión política.

Porque el secreto del sindicato vertical es que no tiene más política que la sindical.

Alfonso PASO

10 —ENERO— 1978

 

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