Autor: Medina Cruz, Ismael. 
   Guerra interna en el marxismo     
 
 El Alcázar.    10/01/1978.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Crónica de España

GUERRA INTERNA EN EL MARXISMO

EMMANUEL Todd ha montado su ensayo sobre «la descomposición de la esfera soviética» desde una

simple constatación: «El régimen soviético es odioso, pero no es estable». Las apreciaciones que sobre la

interioridad del régimen soviético hacía Todd en 1976 han cobrado perfiles más netos durante 1977, al

menos en algunos aspectos sustanciales. En ocasión de una visita a Moscú, en el verano del 76, pude

apreciar varias de las situaciones que denuncia Todd. La conversión del comunismo en fascismo, por

ejemplo, constituye un dato notable, que difícilmente escapa a un observador atento. Ese inevitable

transformismo no puede considerarse un descubrimiento de Todd. Se trata de un fenómeno bastante

antiguo y subrayado. La fascistiza-ción política del sistema comunista era dialécticamente inevitable

desde el instante mismo en que el devenir de la Historia puso de manifiesto la inviabilidad práctica del

modelo teórico de Marx y En-gels. La URSS, y con ella todos sus satélites, han debido ocultar su fracaso

dialéctico mediante el recurso a la hipertrofia política del sistema. La nueva clase comunista es acaso más

hermética, conservadora de sus privilegios y estática que la clase aristocrática zarista.

Al faltar en la URSS ese fascinante mesianismo práctico de que hacen gala los chinos entre cada égida

anarcoide, las tensiones internas del mundo comunista se multiplican, sin que sea suficiente para

acallarlas el recurso a la mística imperial, cuyos dos frentes de cobertura se sitúan en la batalla del espacio

y en la batalla de las fronteras del marxismo. Es decir, en una creciente polarización de las expectativas

políticas hacia expresiones militaristas. Todas esas tensiones se ven estimuladas, además, por la

presunción de la muerte próxima de Breznev y la apertura del consiguiente proceso sucesorio.

Mientras la contestación hebraica apunta a la mismísima santabárbara ideológica de la nueva clase, otros

tipos de contestación se abren paso como ofertas evolutivas del socialismo, al amparo de las maniobras

que los miembros punteros de esa nueva clase realizan para ganar la carrera sucesoria.

Esta síntesis apresurada y en exceso esquemática de la situación interna del mundo comunista me parecía

necesaria, a fin de buscar una explicación a las tensiones que estallan en España en el área marxista. Para

ver con claridad es preciso que lleguemos a una conclusión sobre si se trata de tribalismos indígenas o si,

por el contrario, asistimos a una mera transferencia soviética de sus tensiones internas. Por eso, junto al

alegato reivindicativo de Semprúm contra Carrillo y su gente, he buscado otros libros, entre ellos el de

Todd.

Hace un par de semanas que se publicó la noticia de la posible candidatura del jefe omnímodo de la KGB,

Yuri Andropov, para sustituir a Breznev. Otros habían apuntado antes por Suslov, el ideólogo que decidió

la represión de la «primavera de Praga». Y existen motivos sobrados para creer que el Ejército Rojo

también tiene su candidato. La muerte de Breznev, que algunos consideran inminente, pero que en

cualquier caso no es improbable a corto plazo, es un asunto que no puede circunscribirse a la minoría

enquistada tras los muros del Kremlin. Ni tan siquiera a la nueva burguesía acomodada en los lujosos

barrios de dachas, disimulados entre los bosques y los lagos de los bellos alrededores de Moscú. Igual que

en Roma, de cuyo Imperio pretende ser la URSS una versión de la era tecnocrática, la lucha por el poder

alcanza también a las provincias y a las marcas. Más agudamente, por supuesto, cuanto más vital valor

estratégico poseen éstas. Para no perderse en el análisis de la estrategia soviética de expansión, es preciso

aceptar que ningún partido o movimiento marxista es del todo ajeno a la línea disciplinaria de Moscú,

salvo, y no siempre, los de fidelidad maoísta. Moscú ha buscado en todo momento la disposición de

mecanismos alternativos. Se ha demostrado asimismo, que generalmente existen uno o varios militantes

de probada ortodoxia y fidelidad al frente de los movimientos extremistas y presuntamente rebeldes.

O en segundos planos de sostenimiento, pero de efectiva influencia. A través de una complicadísima tela

de araña, los intereses soviéticos son servidos con exactitud por una multitud de corpúsculos, que

podemos dividir genéricamente a este propósito informativo en dos grandes grupos: organizaciones de

acción y organizaciones de frente.

Si dejamos aparte las organizaciones de frente (pacifistas, religiosas, feministas, divorcistas, artísticas, de

derechos humanos, ecologistas, vecinales, etc.), y las organizaciones de acción armada o de activismo

extremista, la pugna parece planteada en estos momentos en España entre Carrillo, Líster y Semprúm.

Aceptamos el hecho en su apariencia informativa, aunque no sea exactamente así. Dentro del Comité

Central del PCE hay más de un agazapado, en la creencia de ser el eventual sustituto de Carrillo. Pero

también los hay en el PSOE y en el PSP. El despliegue marxista de la Unión Soviética en sus marcas es

fantástico. Ni tan siquiera el señor embajador de la URSS en Madrid, tan inteligente y de buenos modales

europeos, está en el secreto de todo el montaje. El hombre fuerte de Moscú en Madrid, el que tiene todos

los hilos en la mano, esotro.

Santiago Carrillo ha sido conocido durante muchos años en las esferas decisorias comunistas, y por

algunos servicios secretos occidentales, como uno de los principales agentes de la KGB. Así consta en

algunos documentos e informaciones que circularon antaño y en ciertas denuncias de comunistas

españoles perseguidos a muerte durante el período stalinista. Nunca los agentes de una organización de

inteligencia, sea rusa, americana o sudanesa, dejan de serlo definitivamente. Lo único aseverable hoy es

algo de común conocimiento: la intimidad entre Carrillo y Andropov. Respecto de éste sería

interesantísimo conocer si, como se susurra en algunos ambientes fue uno de los comunistas con porvenir

que Jacques Mitterrand logró ganar para la francmasonería, durante su estancia de tres meses en la URSS,

en 1962, según deja traslucir en su libro «La politique des francmasons». Una confirmación aclararía

muchas cosas sobre el juego eurocomunista. Pero no la tenemos.

La revuelta múltiple contra Carrillo se produce en ese equívoco marco y después del doblemente más

fructífero viaje de Felipe González a USA y URSS, entre cuyas consecuencias primeras y más atractivas,

figura la significativa expedición de líderes de las Juventudes Socialistas a Moscú. Sin descartar,

naturalmente, que Tierno Galván parece haber pisado el acelerador a fondo para arrebatar a Carrillo el

rostro demoeuropeo que no acertó a seguir simulando cuando aceptó la provocación de Fraga. Tierno

Galván podría muy bien ser el sucesor de la Pasionaria en la presidencia del PCE. ¿Pero con quién, de

secretario general? Ahí es donde está el foco de la sorda y dura batalla que se libra y cuyas vinculaciones

con la principal y más resolutiva del Kremlin, hace evitable que el oportunísimo libro denuncia de

Semprúm pueda salpicar también a otros dos hombres sobresalientes del euro-comunismo. Me refiero,

naturalmente, a Berlinguer y Marcháis.

Ismael MEDINA

 

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