Autor: Valero Bermejo, Luis. 
   Entre el miedo y la ignorancia     
 
 El Alcázar.    07/01/1978.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

ENTRE EL MIEDO Y LA IGNORANCIA

El acelerado proceso político en el que estamos inmersos no concede ninguna tregua. Los problemas que

surgen cada día, con independencia de la responsabilidad de quienes han permitido que así suceda,

distraen convulsivamente la atención de quienes pretendemos no perder la brújula y mantener un rumbo

fijo. Los decretos leyes pendientes de publicar desde el día 2 de enero, en que la Comisión de Urgencia

Legislativa les dio luz verde, están siendo objeto de nuevas tensiones en el País Vasco. Lo que parecía

superado en la alta madrugada del día 31 de diciembre, se ha vuelto a oscurecer.

Hoy, día 6 de enero, viene la noticia de que sí, desde ahora, no se prejuzga el texto constitucional, en lo

que se refiere al quorum, el PSOE y el PNV rechazarán los decretos leyes de la llamada «preautonomía de

Euzkadi».

¿Qué es lo que pasa en el Norte...? Esta es la pregunta que quisiera contestar. En el periplo autonómico

del ministro de las Regiones, al tocar las Vascongadas admitió una gravísima exigencia de los grupos

parlamentarios de Vizcaya y de Guipúzcoa, a la que inconscientemente dio su conformidad, sin darse

cuenta de su propia gravedad. Se trataba de la reivindicación socialista y nacionalista de anexionar

Navarra a la «Nación Vasca». No percibió, el señor Clavero Arévalo, el sentidonilafinalidad de la

reivindicación. Sin duda había olvidado gran parte de la relativamente historia reciente del nacionalismo

vasco. La pretensión actual no es sino repetición de la que en 1 91 7 se intentó con la denominada Alianza

Foral, y en 1932 con el Estatuto de Estella, y, meses más tarde, con el Estatuto que murió en el cine

Gayarre, de Pamplona, el día 19 de junio. Las tres fracasaron y Navarra salió indemne.

No ha habido prudencia política, o las coacciones para arrancar el texto que conocimos como proyecto de

decreto ley el día 27 de noviembre próximo pasado han sido graves. La realidad es que en aquel texto se

atribuía a la mayoría de los parlamentarios navarros el poder para la incorporación de su provincia al

«Consejo General del País Vasco», hasta tanto no se celebren las lecciones municipales. Pero, también, en

el mismo texto, en su artículo primero, se reconocía esta facultad «al organismo foral competente».

Muy poco hay que saber de la realidad foral navarra para percibir la gravedad de esta incompatibilidad

del propio anteproyecto. Asimismo, muy poco derecho foral hay qui saber para poner en duda cuál pueda

ser el «organismo foral competente» para decidir sobre materia tan «granada», es djecir tan i mportante.

Al parecer, la Diputación reaccionó inmediatamente; me refiero a la Diputación Foral de Navarra; vino a

Madrid y expresó al señor Clavero Arévalo su absoluta disconformidad con el procedimiento seguido

para preparar el decreto ley, así como la ilegalidad evidente que representaba otorgar unas atribuciones al

grupo parlamentario que ninguna Ley les tenía reconocidas. Quisieron hablar con el presidente del

Gobierno, y éste no les recibió. La Comisión de la Diputación, tras el desaire, puso unos telegramas al

Rey y al señor Suárez con su enérgica protesta, y, el día 4 de diciembre, con ocasión de la manifestación

celebrada, dio a conocer su oposición al proyecto de decreto ley. Inmediatamente, ia ETA asesinó al

comandante Imaz, y en Vizcaya y Guipúzcoa empezaron a surgir afirmaciones jactanciosas y

amenazantes, precedidas de la «confianza» de los parlamentarios vizcaínos y guipuzcoa-nos. en que el

Gobierno se solidarizaría con lo aceptado por el señor ministro de las Regiones.

Advertidos los parlamentarios navarros de UCO de la imprudencia cometida, al no haber contado con la

Diputación Forai y haber aceptado aquel texto, empezaron a dar marcha atrás y, sobre ellos, llovieron las

amenazas, incluso de muerte. Ellos sabían que no estaban legitimados para ningún diálogo con el

Gobierno sobre esta materia tan grave; quizá les halagó su protagonismo; su actitud titubeaba la vanidad y

le halagüeña perspectiva de su «tracoandeneia» «n el partido del Gobierno.

Y así, las cosas se fueron complicando hasta el punto de que el Gobierno tuvo que desautorizar de hecho

al ministro, aceptando se buscara una fórmula que superara el «impasse». La ETA robaba cantidades

ingentes de explosivos: el día 16, escopetas en abundancia; asesinaba, en Irún, a un concejal patriota

español; fallaba en una explosión tremenda a un acuartelamiento de la Guardia Civil en Pasajes y

«asaltaba» la central (en obras) atómica de Lemóniz. Y, para terminar, las fuerzas «políticas» convocaron

para el día 4 de enero a las «masas en la calle» para arrancar la firma del decreto-ley controvertido.

Eran los parlamentarios navarros los que tenían que ayudar a sacar adelante la preautonomía proyectada,

manteniendo la fórmula establecida para el período previo, pero no se prestaron a ello. Entonces, a no se

sabe quién, se le ocurrió eso de «otro» decreto ley para resolver el problema que el primero creaba

La fórmula era un invento ridículo para desactivar los detonantes de las amenazas «euzkadianas», firmes

en no admitir ninguna alteración, por pequeña que fuera, en el texto primitivo. En el enorme «pastel» que

se iba cociendo, se invirtieron todas aquellas horas de los días 29 y 30 en las Cortes, de la Comisión

Parlamentaria Navarra, con delegación de los nacionalistas y de los socialistas vascos, en sus compañeros

de Pamplona. Para Guipúzcoa y Vizcaya, bueno para sus parlamentarios, la «anexión» de Navarra a

Euzkadi era ya un hecho, por vía de la mayoría del grupo provincial parlamentario (en la preautonomía y

después a ver quién les «desesaxiona»)

La «solución» surgió en la madrugada del viernes, mientras el Gobierno «esperaba» reunido en la

Moncloa. Se deja lo del «organismo competente» y si éste dice que sí, a la integración de Navarra en el

País Vasco, un referéndum con mayoría «nocalificada». Esto de la mayoría quería decir: cómo el

proyecto constitucional, su artículo 129, dice que la mayoría para este tema de las autonomías sea la de

los dos tercios de los Ayuntamientos, los parlamentarios navarros mostrarían su «generosidad y espíritu

de acuerdo», aceptando que para Navarra no se iba a exigir un quorum tan ´importante, es decir que se

darían «facilidades» . Pero esta salvedad no se recoge en el texto del segundo decreto ley, y en eso los

«euzkadianos» no están conformes, porque saben que el órgano foral competente no admitirá, «de

ninguna manera», que Navarra pierda o empeore su régimen foral, porque por muy amplias que sean las

autonomías con que sueñan, o les hacen soñar, en Cataluña, Vascongadas, Andalucía, Canarias, Galicia,

etcétera, nunca podrán obtener el ordenamiento autonómico foral que Navarra tiene ya.

Y siendo esto así, el organismo foral competente, que es la Diputación Foral, desde el año 1841, no puede

faltar a su juramento de «mejorar y no empeorar los Fueros de Navarra », y jamás dará paso, la actual y la

que venga, por más democrática que la quieran hacer, a un riesgo grave de «empeoramiento». Por lo

demás, el proyecto de Constitución todavía tiene otra trampa de la que no se ha hablado. Es el párrafo

primero de la disposición transitoria tercera, en el que se dice, en «román paladino» , que toda

preautonomía establecida antes de la aprobación de la Constitución, por el socorrido y arbitrario sistema

del decreto ley «pactado» con los grupos parlamentarios, no necesitará de referéndum ulterior alguno; es

decir, que lo que el señor Clavero Arévalo está urdiendo, de espaldas a la opinión pública, en orden a la

fijación de las «fronteras» de los territorios autónomos (no se atrevió «de frente y por derecho» a publicar

el «mapa de las autonomías» como había anunciado), no resultará fácil revisarlo, una vez aprobada la

Constitución. Y esta no democrática fórmula, lo mismo vale para Navarra frente a «Euzkadi» , que para

otra cualquier apetencia colonialista que, la locura de la hora presente, «insufle» en las mentes extraviadas

de los dialogantes.

El Parlamento inglés, se dijo hace años, puede hacer «todo» menos de un hombre una mujer. El Gobierno

del señor Suárez, de la misma manera, podrá hacer una bella obra de desintegración autonómica, cuyo

resultado juzgará la Historia, pero lo que no puede es obligar a la Diputación de Navarra a poner en

gravísimo riesgo sus Fueros. N i á\la actual, nía cualquiera otra que venga. El que firma, en dos ocasiones,

tomó el juramento, en nombre del Caudillo, a los diputados navarros, «de mejorar y no empeorar los

Fueros de Navarra dentro de la sagrada Unidad de España», y por aquellas tierras, por extraño que

parezca, los perjuros no son respetados. Y, en la interpretación de lo que es «mejorar y no empeorar»,

creo que tengo credibilidad para corroborar lo que el padre Feijóo dijo hace siglos: «En Navarra, todo son

puntos y puntillos.» ¡Que no será, ante los ataques abiertos revanchístas de los permanentes falsarios de la

Historia vasca... y hoy, de sus inspiradores marxistas...! El Gobierno tiene, por lo visto, mucho que

aprender. .. La experiencia de su presidente de estos meses (de la que se vanagloriaba recientemente en

Almería) no es bastante. Es una lástima que sea sobre el cuerpo vivo de la Patria donde llegue a alcanzar

su madurez política. Y, mientras tanto, Álava cali A. y no otorga. Con un referéndum libre en Álava,

tampoco se aceptaría la preautonomía que el Gobierno ofrece, y los convencionalistas vascos exigen.

Luis VALERO BERMEJO

 

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