Autor: Medina Cruz, Ismael. 
   La investidura tiene un precio     
 
 El Alcázar.    12/12/1978.  Página: 6. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

12 - diciembre -1978

Crónica de España

LA INVESTÍDURA TIENE UN PRECIO

Un militar retirado, o sea, u§ militar como el señor Gutiérrez Mellado, cayó bajo las balas asesinas de

ETA el 9 de diciembre, tres días después que poco más de la mitad de los españoles, según fuentes

cibernéticas, aprobaran la Constitución. Se llamaba Vicente Rubio Ereño y, según la Prensa afecta a la

situación, era un fascista, un ultra, un franquista y todo aquello que conviene a ETA para justificar sus

crímenes. Vicente Rubio Ereño combatió en la División Azul el comunismo, lo que parece haberse

convertido en delito retrospectivo para los dueños de la ruptura constituyente. También fue miembro de la

Guardia de Franco, en la que militó a las órdenes de don Adolfo Suárez. La diferencia ahora entre Vicente

Rubio Ereño, que servía, y don Adolfo Suárez.

También después del referéndum constituyente un industrial guipuzcoano fue secuestrado y «advertido»

con un disparo en la rodilla por el delito de negarse a pagar el «impuesto revolucionario». Ha tenido

suerte. Algún otro fue asesinado por la misma causa. La muerte por tiro en la nuca es característica del

quehacer comunista. Los tiros a la cabeza son hábito tecnificado del terrorismo marxista. Los disparos a

las piernas constituyen ahora un sistema marxista de «advertencia», introducido por las Brigadas Rojas en

Italia y adoptado por ETA. No debe olvidarse que todos estos terrorismos tienen de común su

dependencia directa o indirecta de la KGB. ¿O no son agentes de la KGB los doce «funcionarios» colados

por Moscú en una sociedad vascongada recientemente transformada? El señor Elicegui Gurruchaga pudo

evitarse el daño de haber sometido su problema a un cierto abogado, gracias a cuyos servicios

intermediarios se dice en Bilbao que algunos industriales consiguieron ver rebajado sustancialmente el

«impuesto revolucinario», previo pago de unos consistentes emolumentos.

Un amenazado por ETA se ha sentido en la humillación de hacer pública una carta pidiendo clemencia a

los «tribunales populares» de ETA. Alvaro Gómez recibió la sentencia de muerte y se rebela contra ella,

en carta a Egin. No cabe duda que Alvaro Gómez conoce la situación en que vive. Clama el condenado:

«Pido al Gobierno vasco, a los responsables de la justicia en el país, a la misma ETA, que se informe de

todos mis antecedentes desde que tuve uso de razón.» Está claro para Alvaro Gómez, un cacereño gracias

a cuyo sudor prosperó Guipúzcoa, quién manda ahora en las Vascongadas.

Entre las muchas tonterías que Garaicoechea, presidente del PNV, ha dicho a El Periódico, merece la

pena subrayar ésta: «Ni ETA ni PNV; en Euskadi manda el pueblo.» En las provincias vascongadas está

demostrado que ETA impone su ley. Las Vascongadas se semejan cada vez más a los peores momentos

de Sicilia bajo la mafia. Pero nadie pensó en otorgar a Sicilia un estatuto de autonomía similar al que se

prepara para las Vascongadas. Y no se diga que lo de Salvatore Giuliano era distinto. El famoso bandido

siciliano enarbolaba también una bandera secesionista. Sólo que su pretensión era distinta: hacer de

Sicilia un Estado asociado a USA, en vez de un Estado satélite de la URSS.

Sin dejar de insistir en sus métodos de terror y en sus demostraciones de control político y fáctico de las

provincias vascongadas, ETA anuncia su disposición a negociar públicamente con el Gobierno.

La publicación de esa oferta, hecha por Informaciones, no ha sorprendido, aunque su inoportunidad

política produjera serio malestar en los medios gubernamentales. ETA entiende que «las condiciones de

KAS son condiciones mínimas para comenzar a pacificar Euskadi». ETA, en resumidas cuentas, ofrece al

«Gobierno del Estado español» la posibilidad de conceder la independencia por medio de la negociación,

en vez de obtenerla por la fuerza.

Presumo que ETA no ha hecho ese anuncio alocadamente. ETA conoce bien la situación, sabe con qué

respaldos cuenta, posee datos muy válidos de la extrema debilidad del «Estado español» y ha practicado

ya otro tipo de negociaciones coyunturales. ¿Qué objetivos puede perseguir entonces ETA con la

insistencia en los asesinatos, los atracos y otro tipo de violencias, cuando el referéndu m ha consolidado

su poder y el proyecto de estatuto se aproxima a las «condiciones mínimas» de KAS? Me parece bastante

claro: ETA está persuadida, igual que la mayoría de los observadores políticos, de la necesidad que

Suárez tiene de los votos vascongados para conseguir la investidura. ETA presiona, por consiguiente,

sobre las débiles estructuras políticas del PNV. ETA actúa ya no sólo sobre el miedo indiscriminado entre

la población vascongada, sino sobre el miedo de los propios «nacionalistas». Si Suárez quiere los votos

acobardados de la burguesía separatista, tendrá que ceder a las pretensiones de ETA. No sólo habrá de

admitir el estatuto en la forma que se le presenta. Deberá hacer alguna otra concesión al secesionismo

marxista. El descaro de ETA permitirá «I PCE permanecer en la sombra, sin necesidad de mostrar sus

cartas secretas de coacción.

Una lectura atenta del estatuto preparado Ilegítimamente por el ilegítimo Consejo General Vasoo

demuestra I* veracidad «te quienes proclaman que es mucho más concesivo que el republicano. Sucede

igual con el de Cataluña, cuyo posibilismo secesión te ta podrías areiaito precio que, según Tarradellas, el

catalanismo poso «su adhesion al referéndum y supongo que también a la investidura.Buedeimeginarse lo

que serán unas Vascongadas con ETA convertida en «policía autónoma», con su propia justicia, con

apenas una feftneA vinculado* parlamentaria al «Estado español» y con al respaldo sovietico.

E/País anunció el día 9: «Suárez tendría que neoociar te investidura con el PNV o el Grupo Mixto.» Ese

es el fonflod* la cuestión. Suarez ti* perdido el referéndum. Incluso en unas elecciones generales

inmediatas, sin dar tiempo a la formación de un gran partido nacional, Suárez correría graves riesgos.

Además de ello, Suárez no«staVconstruido biológicamente para la democracia, sino para la inmediateces

dictatoriales. Esta figura política se llama ahora investidura. Sólo une. fuerza institucional superior a su

control efectivo del poder sería capaz de disuadir a Suárez de la investidura. Me temo mucho, por tanto,

que los estatutos de Cataluña y de las Vascongadas concreten el precio que España debe pagar por la

permanencia de Suárez en la Moncloa.

Ismael MEDINA

 

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