Autor: Garrudo, Manuel. 
   Desequilibrios regionales     
 
 El Alcázar.    12/06/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

EL ALCAZAR

Cronica del Dinero

DESEQUILIBRIOS REGIONALES

«La Minoría Catalana —dicen crónicas escritas en la capital de la región— insiste en la

necesidad de un debate a escala española sobre los desequilibrios territoriales.»

Después explica que la Mesa del Congreso de Diputados no considera oportuno por ahora el

nombramiento de una Comisión especial encargada de estudiar en profundidad esos

desequilibrios.

De entrada, hemos de confesar que tal actitud de la Mesa del Congreso nos parece

perfectamente coherente —¿no es ésta la expresión de moda?— con otras actitudes

parlamentarias que en menos de un año se hicieron ya tradiciones: ¿Por qué van a estudiar

asuntos serios y transcendentes los señores diputados mientras tengan otros temas en

debate?

Estamos conformes, pues, con la petición de la Minoría Catalana, aunque intuimos unos

resultados del debate bastante distintos de los que esperan los peticionarios. Estos señalan,

como de pasada, que la culpa no es sólo de Cataluña y que no es justo silenciar el papel

desempeñado por Madrid y por las oligarquías dominantes en España.

Respecto al papel desempeñado por Madrid durante los últimos decenios, nos parece recordar

que aquí se inició la lucha contra los desequilibrios —no siempre con fortuna, pero sí con

buena voluntad-mediante una serie de acciones cuyo fin era llevar la industria y los servicios a

las regiones marginadas. A la idea de redistribuir la riqueza por todo el país, y no sólo por

Cataluña y Vascongadas, respondieron los Polos de Desarrollo, estos polos con todos sus

defectos, sirvieron para dar el primer impulso a una serie de empresas que después actuaron

como catalizador de voluntades inversoras, y cuya influencia será mucho mayor cuando los

empresarios puedan alejar sus temores y dedicarse a crear nuevas fuentes de bienes.

Por otro lado, si hubo fallos u omisiones no parece demasiado justo señalar a Madrid como

culpable, ya que nunca una ciudad gobierna o desgobierna, sino los hombres que la habitan.

Pero da la casualidad de que los Gobiernos de los últimos decenios no contaban con

demasiados madrileños. Lo mismo sucedió, y sucede, con los distintos Cuerpos de

funcionarios, donde aparecen en minoría los nacidos en la capital del Estado, cosa lógica

habida cuenta de que todos los españoles tenían el mismo derecho al ingreso.

En el tema concreto de los desarrollos regionales, contrapunto de los desequilibrios acusatorios

de los tiempos que vivimos, la batuta estuvo manejada durante muchos años por don Laureano

López Rodó, un catalán que ejercía como tal. Los órganos consultores de la Comisaría del

Plan; es decir, las Ponencias y las Comisiones, estaban formados por multitud de personas,

expertas en las distintas materias, nacidas o residenciadas en todas las regiones españolas.

Por consiguiente, suponiendo que el desarrollo económico y social estuviera mal hecho, lo

habrían hecho mal un conjunto de españoles de todas las procedencias. Y si a determinadas

zonas les correspondiera un mayor porcentaje de responsabilidad por la tarea defectuosa, esas

zonas serían, sin duda, Cataluña y Vascongadas, porque aparte de contar con políticos bien

situados en mayor cantidad que otras regiones, contaban también con más numerosos y más

decisivos representantes en las Comisiones del Plan de Desarrollo.

En lo que se refiere a posibles responsabilidades de «las oligarquías dominantes en España»,

según expresiones de un portavoz de la Minoría Catalana, sin negar la influencia de esas

oligarquías, siempre favorable a sus intereses, queremos recordar también que la inmensa

mayoría de las empresas españolas surgidas durante los últimos decenios —antes apenas si

había talleres artesanos— entran en la categoría de pequeñas y medianas y muchísimas de

ellas son propiedad de antiguos asalariados, quienes al amparo de las circunstancias

imperantes —créditos incluidos— pudieron transformarse en empresarios. De cualquier

manera, si las oligarquías acercaron «el ascua a su sardina» y las regiones favorecidas fueron

Cataluña y Vascongadas, parece lógico pensar que la culpa habrá de cargarse en la cuenta de

las oligarquías vascas y catalanas.

Manuel GARRUDO

 

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