Autor: Un catastrofista. 
   "ETA" y "Policía autóctona" nuevo pacto a la vista     
 
 El Alcázar.    12/06/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

«ETA »Y «POLICÍA AUTÓCTONA» NUEVO PACTO A LA VISTA

NO hay como asesinar ferozmente, al por mayor y sin tregua, para hacerse respetar, ganando

el estatuto de beligerante honorable y convirtiéndose por derecho propio en interlocutor válido

de ciertas gentes; de los democráticos pastores del consenso que, con su peculiar

mansedumbre dialogante, a costa ajena, no sienten rubor alguno en cejar cada vez más ante la

creciente majeza del separatismo marxista-terrorista ensoberbecido, estrechar sin reparo

ninguno su mano ensangrentada, arrodillarse ante él, si se les exige, y acatar sus dictados que,

por lo pronto y para ir empezando, tienden a concentrar decisivos poderes en manos del sector

más aguerrido y combativo de «ETA», erigiéndolo, cuanto antes mejor, en «Policía autóctona»,

con señorío de horca y cuchillo sobre el atemorizado país vasco, retribuida ya a expensas del

erario público, después de haberlo sido, o quizá seguir siéndolo simultáneamente, con cargo al

implacable «tributo revolucionario» o a los robos a mano armada y secuestros bajo rescate.

Tal como van las cosas, pudiera « ETA», bien pronto, permitirse el lujo y gozar la malsana

fruición de encarcelar —cuando menos— con autoridad oficial para ello, a los hijos y deudos de

quienes fueron sus recientes víctimas. Con todo, lo que sí puede tenerse por cierto es que si

esta entronización de «ETA» llega, los cesionarios de esos poderes de orden público —con

naturales a cualquier Estado mínimamente consciente de sus inabdicables responsabilidades—

los ejercerían con bastante más energía que la mostrada hasta ahora por los temblorosos

cedentes.

Ni siquiera conocemos —aunque no es difícil intuirlo— las líneas generales de la nueva

capitulación en ciernes, ni cómo se articularán las relaciones y el explosivo deslinde de

competencias entre la augurada «Policía autóctona» y los abnegados efectivos policiales

auténticos, de rezagada salvaguardia, dependientes del Poder central que queden, por el

momento, en tierras vascongadas. Otro punto oscuro es el concerniente a los criterios rectores

que hayan de seguirse para la selección de los mandos de ia al parecer inevitable « Policía

etarra». Preocupa pensar que llegase a ser puntuable, a estos efectos, el número de muescas

marcadas en las culatas respectivas de las todavía humeantes «Parabellum».

Que Dios ponga en quien corresponda el indispensable sentido de dignidad y responsabilidad

para que la pesadilla no se traduzca en realidad triste y cierta. Si así no fuera, que los

españoles naturales de aquella tierra entrañable o habitantes en ella acopien resignación

bastante para sobrellevarlo mientras dure y la Nación toda el temple preciso para hacerle

frente.

Un catastrofista

 

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