Textos antológicos. 
 La gaita y la lira     
 
 El Alcázar.    29/03/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

LA GAITA Y LA LIRA

COMO tira de nosotros! Ningún aire nos parece tan fino como el de nuestra tierra; ningún césped más

tierno que el suyo; ninguna música comparable a la de sus arroyos. Pero... ¿no hay en esa succión de la

tierra una venenosa sensualidad? Tiene algo de fluido físico, orgánico, casi de calidad vegetal, como si

nos prendieran a la tierra sutiles raíces. Es la clase de amor que invita a disolverse. A ablandarse. A llorar.

El que se diluye en melancolía cuando plañe la gaita. Amor que se abriga y se repliega más cada vez

hacia la mayor intimidad; de la comarca al valle nativo; del valle al remanso donde la casa ancestral se

refleja; del remanso a la casa; de la casa al rincón de los recuerdos.

Todo eso es muy dulce, como un dulce vino. Pero también, como en el vino, se esconden en esa dulzura

embriaguez e indolencia.

A tal manera de amar, ¿puede llamarse patriotismo? Si el patriotismo fuera la ternura afectiva, no sería el

mejor de los humanos amores. Los hombres cederían en patriotismo a las plantas, que les ganan en apego

a ta tierra. No puede ser llamado patriotismo lo primero que en nuestro espíritu hallamos a mano.

Es elemental impregnación en lo telúrico. Tiene que ser, para que gane la mejor calidad, lo que esté

cabalmente al otro extremo, lo más difícil; lo más depurado de gangas terrenas; lo más agudo y limpio de

contornos; lo más invariable. Es decir, tiene que clavar sus puntales, no en lo sensible, sino en lo

intelectual.

Bien está que bebamos el vino dulce de la gaita, pero sin entregarle nuestros secretos. Todo lo que es

sensual dura poco. Miles y miles de primaveras se han marchitado, y aún dos y dos siguen sumando

cuatro, como desde el origen de la creación. No plantemos nuestros amores esenciales en el césped que ha

visto marchitar tantas primaveras; tendámoslos, como líneas sin peso y sin volumen, hacia el ámbito

eterno donde cantan los números su canción exacta.

La canción que mide la lira, rica en empresas porque es sabia en números.

Así, pues, no veamos en la patria el arroyo y el césped, la canción y la gaita; veamos un destino, una

empresa. La patria es aquello que, en el mundo, configuró una empresa colectiva. Sin empresa flo hay

patria; sin la presencia de la fe en un destino común, todo se disuelve en comarcas nativas, en sabores y

colores locales. Calla la lira y suena la gaita. Ya no hay razón —si no es, por ejemplo, de subalterna

condición económica— para que cada valfe siga unido al vecino. Enmudecen los números de los imperios

—geometría y arquitectura— para que silben su llamada los genios de la disgregación, que se esconden

bajo los hongos de cada aldea.

(JOSÉ ANTONIO 11 de enero, 1934)

 

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