Autor: Paso Gil, Alfonso. 
   El período intermedio     
 
 El Alcázar.    13/06/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

digo yo que..?

EL PERIODO INTERMEDIO

POR todas partes andan ahora fotografías de Indalecio Prieto, de Miaja, de Manuel Azafía y de otros

líderes de la República vencida. Algún observador un tanto ingenuo se preguntará si estos cuarenta años

de la paz de Franco no han sido sino un interregno, una especie de sueño del que nos ha despertado el

soniquete de la vieja democracia liberal y frentepopulista. Pero la Historia es así; reserva sorpresas que no

se esperan, que no se aguardan. Los resucitados de hoy, los exhumados, no son sino fetiches de la

venganza de un pueblo contra el Gran Padre. Esta España mía que fluctúa entre Sagitario y Escorpión

tiene mucho más de escorpiana que de sagitariana. Somos unos modestos aprendices de los sicilianos.

En cuanto a traumas no hay quien nos gane, pero la democracia liberal que preconizan con grandes

aspavientos los hombres que vivieron a expensas de la generosidad del Gran Padre, como Areilza, o

Joaquín Ruiz Jiménez, está definitivamente enterrada. ¿Por qué? Porque, aunque los pueblos no tienen

memoria proceden con una elaboración riquísima llamada el inconsciente colectivo.

Después de que Sila, en Roma, puso muchas cosas en su sitio y frenó la procelosa codicia y la politiquería

estéril del Senado, que actuaba como una casta, viene, naturalmente, la revancha. El Senado hízose

poderoso, volvió a decidir los destinos de la Patria romana, pero no pudo impedir ya que existiera

Catilina. Catilina era un fruto de Sila. Lo que ocurre es que, adelantándose en muchos años a los

procedimientos habituales de la sociedad de su tiempo preconizaba una revolución pendiente; es decir,

una revolución que hiciera del romano un ser libre y digno que tuviera un acceso representativo a la

política fuera del estrecho marco del Senado, aboliendo la teoría de las castas. Desde el principio el

Senado ve en Catilina su enemigo más cierto y más hondo. Le llaman pequeño dictador, promueven

contra él acciones de toda clase y ese josean-toniano —permítaseme el juego— que fue Catilina, termina

viéndose acosado militarmente y teniendo que hacer frente a la propia Roma. Cae derrotado en Pistola y

el Senado suspira con satisfacción. Otra vez los viejos símbolos, la antigua democracia, digámoslo así.

Los retratos de los Manuel Azaña, Indalecio Prieto, etc., etc., aparecen en la puerta del Senado. La tiranía

de la casta está asegurada.

El Senado no podía preveer que un hombre, un sacerdote del templo de Saturno, un hábil soldado que

declaró a favor de Catilina durante el proceso que le siguió al Senado, iba a cruzar el Rubicón e iba a caer

sobre Roma quitándole a la casta senatorial sus viejos retratos. Se llamaba Julio César.

De nuevo el Senado con sus pistoleros a sueldo, digámoslo así, termina asesinando al gran caudillo.

Sin embargo ya no hay nada que hacer. El Senado se cae de puro viejo. Octavio Augusto heredero de

Julio César instaura el Imperio y la Pax Romana! Con ello se vueivb a las viejas tradiciones que hicieron

de Roma el alba del Mediterráneo y con ello también se hunde para siempre la casta senatorial que aletea

tímidamente en los tiempos de Tiberio, de Caligula, de Claudio y de Nerón, pero que ya nunca será la

clase definitoria en la política romana. Lo que los romanos recogen siglos después de Sila, no es más que

la herencia de Sila. El Senado estaba tocado de muerte; vivía arrastrándose en una total y absoluta

inoperancia.

Ese es el sentido que tiene lo que muchos proclaman como el interregno de la "dictadura" de Franco. Me

parece que es ya inútil. La democracia inorgánica no tiene nada que ver con el gen histórico español y los

que de verdad representan un breve interregno en la vida de la gran nación española son Manuel Azaña,

Indalecio Prieto, etc., etc. Al final, la victoria y eso está muy claro es para los que aprendieron de Franco

el orden, la paz, el desarrollo, el modo de hacer, la actitud vital. Lo que no se sabe nunca es cuándo un

personaje es definitivo en una Historia. La Reina Victoria de Inglaterra lo fue para los ingleses. Napoleón

lo fue para Francia. Yo lo siento mucho por los demócratas, pero Franco lo ha sido para España.

 

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