Autor: Medina Cruz, Ismael. 
   Suárez se descara     
 
 El Alcázar.    13/06/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

SUAREZ SE DESCARA

HACE años que el Almirante Carrero Blanco tuvo un sueño y también lo ha publicado.

Silmultáneamente, don Adolfo Suárez ha soñado despierto para los medios de comunicación social.

Entre todos esos sueños hay un hilo de conducción histórica, lo que podríamos denominar el ineluctable

proceso de España hacia la democracia socialista. El final del sueño de Carrero Blanco era precisamente

ese. Y es curioso que para facilitar su cumplimiento, los personajes del sueño se sintieran obligados a

eliminar de la escena a quien soñó con tanta precisión un plan establecido.

Torcuato Lúca de Tena ha podido ahorrarse en su sueño muchos prolegómenos. Yo diría que ha soñado

una ampliación de las escenas últimas de! sueño del Presidente Carrero, cuya función decisiva de

centinela de la reforma desde el franquismo explica en su libro Laureano López Rodó con minuciosidad

administrativa.

¿Y don Adolfo Suárez? Es curioso. El señor Suárez, capaz de serlo todo a un mismo tiempo, sea lo que

sea, cuenta el mismo sueño que Torcuato Luca de Tena, pero en clave de fa. El candidato Suárez propone

como justificación de su actual Gobierno y propósito del venidero un proceso que es, ni más ni menos, la

versión triunfalista del sueño de Torcuato Luca de Tena. Y la causa de que otro Torcuato, que nunca

sueña, ni-despierta ni dormido, haya decidido bajarse del lecho político de la transición.

Otro dato debe ser traído a colación. Cuando el Almirante Carrero tuvo aquel fatídico sueño, don Adolfo

Suárez no andaba lejos. De su biografía conviene recordar que gozó de la confianza y la estima del

Presidente del Gobierno asesinato por la ETA, a cuenta de centros de poder menos visibles. No sólo era el

relaciones públicas de Castellana 3, sino que incluso saltándose a su ministro, era el esforzado e

intolerante encargado en radio y televisión de que se cumplieran las normas morales y políticas. Sus

competencias de vigía de la ortodoxia del proceso hacía la Monarquía plena, excedieron con mucho de

esa competencia. En un libro del año setenta, puede leerse respecto de esa relación Carrero-Suárez.

"Entre las segundas figuras valiosas y necesarias se destaca Adolfo Suárez, protegido político de Herrero

Tejedor, cuyo empuje y ambición políticas no han pasado desapercibidas (...) Se le considera un valor que

promete en la cantera de hombres políticos de recambio del régimen franquista y que la mafia

tecnocrática y política reserva para un futuro más o menos inmediato". Un día se nos mató Herrero

Tejedor en un cruce. Debía ser necesario al Destino, que Herrero Tejedor se quedase en aquel cruce

inocuo, a fin de que la democratización pudiera seguir su curso con las segundas figuras que prometían.

Considero que todavía está por desvelar enteramente el papel que, muerto Carrero Blanco, hubiera

correspondido cumplir a Herrero Tejedor en un proceso normal de desarrollo político, desde el

franquismo a una democracia con autoridad, sin caos y sin traiciones a valores esenciales.

Es singular esa burla del Destino que impulsa a ser motor del sueño que el Presidente Carrero temía,

precisamente a un hombre en el que confiaba para hacer las cosas a su manera. ¿Será el recuerdo de aquel

sueño, rememorado ahora en su tramo final por Torcuato Luca de Tena, lo que empujó a Suárez a

trasladar el escenario del cumplimiento desde el ambiente familiar de Castellana 3, al más mundano y sin

memoria de la Moncloa?

El contrasueño de don Adolfo Suárez lo tengo subrayado, anotado y acotado. El descaro político del

candidato puntero de la ensalada del Centro dicen que ha asombrado incluso a Aldo Moro. Lo primero

que se le ocurre a cualquiera es recordar al señor Suárez que una buena parte de sus promesas electorales

podía haber intentado llevarlas adelante en este año de desgobierno. Pero no lo hizo y sus excusas son

pueriles. No lo hizo por incapacidad, por frivolidad y por los lastres derivados de su entendimiento de la

función de Estado como un chalaneo.

El señor Suárez, además, trata de hacernos tragar una interpretación grotesca de su discurso en defensa de

la Ley de Asociaciones, del compromiso en las Cortes para la Ley de Reforma Política y de la respuesta

del pueblo al referéndum. ¿Es necesario que recuerde al señor Suárez la propaganda que hizo del "sí" y

los argumentos que esgrimió para pedirlo, entre ellos la fidelidad al recuerdo de Franco? El señor Suárez

puede equivocar descaradamente sobre intenciones, situaciones y compromisos y puede creer que los

españoles somos estúpidos. Pero además de las colecciones de los periódicos en las Hemerotecas, ahí

están las palabras de su doméstico electora!, el señor Calvo Sotelo, en una recientísima tertulia electora!

de "ABC". Y ahí está, en esa misma referencia, la revelación de Raúl Morodo sobre la cesión presidencial

ante la presión de los representantes de unos partidos que en aquel momento eran ¡legales. Hubo un

acuerdo al margen del voto del pueblo. Dice;´ Morodo: "No íbamos a denunciar´ el referéndum ni el

Gobierno iba a tornarlo como base de la reforma política. Este pacto, implícito, de alguna manera se ha

cumplido".

Es evidente que el candidato señor Suárez habla desde la Presidencia, en el intento desesperado de

mejorar su situación electoral, gravemente comprometida. En efecto, lo de menos es que la UCDE

consiga mayor o menor número de escaños en el parlamento. Lo más grave para el porvenir político de!

señor Suárez, peligroso para la Monarquía y mortal para España es que, como consecuencia de la

ambición, de la incompetencia y de los chalanees, quien gane sea la izquierda. En realidad la permanencia

del señor Suárez en la Moncloa no depende ya del número de votos que obtenga la UCD, sino del número

de votos que obtengan los partidos marxistas y sus acompañantes habituales o circunstanciales.

Esa es la clave de las inminentes elecciones, de la misma manera que la clave de ¡a Unión del Centro

puede encontrarse en el cotejo de los apellidos punteros y de los mucho antes unidos´ en determinadas

sociedades anónimas que gozaron de grandes oportunidades y óptimos dividendos. Eran socios en lo

financiero antes de serlo en lo político: Areilza, Garrigues Wal-ker, Fontán Pérez, Camuñas Solís, etc. Por

cierto, que según esa misma fuente, por aquel tiempo estaba ligada al grupo la empresa SOFEMASA, que

hace ahora las encuestas para "El País".

Suárez se ha descarado en el momento justo. Su descaro nos vale, al menos, para comprobar con qué

puntualidad cumple el sueño de Carrero Blanco y justifica el sueño de Lúea de Tena.

Algo le queda sin embargo al señor Suárez de aquel tiempo: el espíritu de caridad. Lo ha llevado hasta el

extremo heroico de amnistiar de culpa y pena a los asesinos de quien le protegió y tanta esperanza puso

en él.

Por Ismael Medina

 

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