Autor: Medina Cruz, Ismael. 
   Balance Suárez: España satelizada     
 
 El Alcázar.    31/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

Crónica de España

BALANCE SUAREZ: ESPAÑA SATELITIZADA

La «Revista Internacional de Defensa» ha publicado un interesantísimo artículo de Walter Bukovski,

titulado «Estrategia soviética = estrategia rusa», en que analiza, a la luz de los más recientes

acontecimientos, los factores permanentes y los objetivos tradicionales del imperialismo moscovita.

No entraña demasiada novedad este tomar nota de la existencia de una constante en el comportamiento

expansivo ruso-soviético, a partir del instante en que la capitalidad fue trasladada desde Kiev a Moscú,

con la pretensión de convertirla en la tercera Roma, o sea, el nuevo centro de la cristiandad, sustitutivo de

Roma y Constantinopla. La revolución de 1917 en Rusia no hizo dimitir de tales objetivos tradicionales.

Simplemente, los sovietizó. Sustituyó el universalismo cristiano por el internacionalismo marxista, pero

sin sustraer a la estrategia de su tradicional sustrato religioso.

Para valorar con exactitud lo que ha supuesto el Gobierno Suárez, cuyo punto de éxtasis se sitúa en la

firma de « Los Pactos de la Moncloa» y trazar un balance a 31 de diciembre de 1977, es necesario

responder ante todo a esta cuestión: ¿Qué posición corresponde a España en el ámbito de la estrategia

soviética?

Quien mejor podría responderlo sería Carrillo, pues de todos los españoles es el que bebe directamente de

la teta moscovita. Se hace preciso, en efecto, repetir que la ausencia de Carrillo de la tribuna de oradores

en los fastos conmemorativos del sesenta aniversario del pintado de rojo del tradicional imperialismo

ruso, no se debió a que llegara tarde ni a que le fuera puesto el veto. En primer lugar, se consideró

necesario proporcionar al eurocomunismo del agente español, una coartada suficientemente espectacular

para su credibilidad democrática. Pero, además, y ello es lo más importante. Santiago Carrillo fue

requerido con apremio a una reunión secreta, a cuya mesa se sentaban los hombres más sobresalientes de

la acción subversiva en el exterior, entre ellos el famoso y peligroso Viktor, encargado en la actualidad de

dirigir personalmente la subversión en Europa y cuya presencia en España ha sido repetidamente

detectada.

En larguísima sesión, fue examinado al detalle un grueso informe sobre España, compuesto a partir del

material allegado por diversos canales: el PCÉ, la red de la KGB en España, la DGI cubana, la STBC y,

en fin, los agentes soviéticos infiltrados en servicios de información occidentales, en particular

norteamericanos. El objetivo propuesto en la reunión fue el de someter España a la obediencia de Moscú,

mediante un plan, a desarrollar en dos tiempos.

Cada uno de los agentes reunidos, recibió una misión específica, en cuya base está el traslado a España

del eje del plan estratégico para el control del Mediterráneo, una de cuyas piezas previas consistiría en

mudar, desde Ceuta a Algeciras, la base de control informativo sobre el despliegue mediterráneo de las

fuerzas armadas norteamericanas. Además de ello, la salida de la flota pesquera soviética de Ceuta,

liberaría a Moscú de situaciones enojosas en sus tratos con Argel y en sus promesas de respaldo a las

reivindicaciones norteafricanas contra España. Santiago Carrillo recibió encargos específicos, acordes con

la estrategia general, entre ellos el de promocionar un personaje aparentemente neutral, susceptible de

convertirse en catalizador de expectativas de toda índole, y encabezar ulteriormente una acción política

reparadora de convivencia democrática. Igualmente fueron programados los viajes de contacto a realizar

por Carrillo, aparte de la periodicidad de sus encuentros con Viktor y el hombre destinado a trabajar en la

sombra, detrás de Cunhal, la consecución de una plataforma soviética sobre las derrotas del Atlántico Sur.

La pacificación del Oriente Medio, lograda por los «halcones», y bastante más segura de lo que intenta

mentir la ofensiva de la propaganda soviética, exige de Moscú una aceleración de sus planes en otros

puntos críticos: el cuerno de Africa (conflicto somalo-eritreo-abisinio), que controla el acceso al Mar

Rojo; cono sur (conflictos en torno a Rhodesia y África del Sur), que controla la ruta del Cabo de Buena

Esperanza; golfo de Biafra (conflictos en torno a Zaire), que controla la cintura africana y las derrotas

África-América; y la plataforma sahariana (conflicto Argelia-Marruecos-Mauritania), que controla la

derrota Europa-América del Sur y cuya apetecidísima avanzada es el archipiélago canario, el cual integra

con las Madeiray las Azores, una cadena de formidable importancia militar.

Todo este despliegue tiene en España su centro de gravedad, según confirman los complejos planes

encomendados a los participantes en la reunión de Moscú, una de cuyas primeras y apremiantes

encomiendas consistiría en la neutralización de cualquier capacidad de reacción nacional española, sea

política o militar. La reducción del Estado español a mera actitud pasiva, se consideró objetivo prioritario,

que habría de facilitar, al propio tiempo, la organización del progreso subversivo europeo encomendado a

Viktor, cuya materialización es perceptible con tintes cada vez más sombríos en Italia, España y Francia,

sobre todo. En tal sentido, se estimó necesario crear en España una situación que favoreciese la acción

subversiva en el País Vasco-Navarro, Cataluña, Andalucía y Canarias, a través de las dos líneas

operativas clásicas: IV Internacional y Frente de la Contestación.

Cuando se extingue el año 1977, reclamo la atención de los españoles para que analicen lo que ha sido la

gestión política del Gobierno Suárez a la luz de estos factores de conocimiento y situación. Pese al disfraz

del eurocomunismo, los partidos comunistas de la Europa no comunista siguen siendo, bajo la dirección

de Ponomariev, dóciles instrumentos de la estrategia soviética, es decir, de los objetivos tradicionales de

la estrategia rusa. El señor Suárez, inocentemente, ha aceptado el terreno de juego que Carrillo le ha

reclamado y que, más tarde, Felipe González parece haber acatado durante su viaje a Moscú. Este es el

secreto profundo de «Los Pactos de la Moncloa», cuya consecuencia fundamental ha sido la entrada

decidida de España en vía de satelitización.

No sé si, como gritan los socialistas y las huestes paracomunistas, «mañana, España, será republicana»; o

si, a juzgar por el proceso autonomista o de las nacionalidades, si ni tan siquiera será España. Pero,

existen muchas probabilidades de que sea lo previsto por los asistentes a la misteriosa reunión de Moscú,

lejos del jorgorio del LX aniversario: una colonia soviética.

Para ahuyentar tan tristes presagios, apenas si queda un camino.

Ismael MEDINA

 

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