Autor: Hernández Domínguez, Abel. 
   La barahunda     
 
 Informaciones.    30/05/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

LA BARAHUNDA

Por Abel HERNÁNDEZ

ESTO es la, barabúnda. España entera ha sido, en el fin de semana, un inmenso mitin. Toda la represión

política de los últimos cuarenta años se ha roto de repente y desborda ciudades, barrios, mercados,

estadios, calles, periódicos, pueblos, aldeas y caminos. La riada inunda las conciencias, sube por los

muros hasta las alcobas, te persigue a donde vayas. El hombre de la calle está desconcertado, apabullado,

un tanto cabreado y sigue sin saber a quién votar.

Los programas de los partidos y coaliciones se diferencian el «canto de un duro» unos de otros.

La derecha se presenta como «social»; el Centro, como progresivo; el socialismo marxista, como

moderado, y el comunismo, como socialdemócrata. En realidad, todas .las formaciones políticas se

disputan el espacio de´la So-cialdemocracia, que ha quedado despedazada para estas elecciones por unos y

por otros.

Está claro que estas elecciones no van a ser las de los partidos. Van a ser las elecciones del fulanismo.

Se va a votar a los fulanos de la derecha, del centro y de la izquierda.

Ahora va a empezar la barahúnda de la TVE. Va a abrir el fuego el señor Tamames (comunista), que esta

mañana ha grabado su, programa. Me apuesto un escaño a que aparece con aires de liberal de izquierdas.

Y así va a seguir el carrusel estridente y folklórico de la política. Decían que la campaña electoral era

demasiado breve. A muchos les parece ahora demasiado larga.

Este país es muy aficionado a los bandazos. Basta repasar la Historia. Este es el gran riesgo en estos

momentos de la transición. Las reacciones emocionales se imponen a las respuestas racionales.

Un país que ha sido cuarenta años de derechas no puede hacerse de izquierdas de la noche a la mañana.

Somos aficionados a lo ((totalmente otro». Un pueblo maduro, culto y seguro de si mismo (la novena

potencia industrial del mundo) no se hace socialista-marxista racionalmente de la noche a la mañana.

El socialismo hay que asimilarlo antes de ((apuntarse», midiendo bien las consecuencias. Asusta mucho

que este país se escore vertiginosamente —entre mítines, banderas, infundios y palabrería— a la

izquierda en un mes, cuando esto exigiría un largo proceso de maduración, si no queremos ver otra vez en

el horizonte el fantasma de las dos Españas. Pero aquí todo es posible cuando nos envuelve la barahúnda

y nos liamos la manta a la cabeza.

 

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