Autor: González Muñiz, Antonio José. 
   Las Cortes que mueren     
 
 Hoja del Lunes.    30/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

LAS CORTES QUE MUEREN

Querido director: Mire usted, estas Cortes que dentro de un mes exacto cierran las páginas de su historia,

comenzaron siendo una Cámara legislativa en la que todos sus miembros eran designados, y concluyen

siendo una Cámara con´ la, gran mayoría de sus componentes elegidos a través de diversas clases de

elecciones. De aquellas Cortes, inauguradas -en la tarde del 17 de marzo de 1943, a las de hoy, créase o

no, pero los hechos hablan, hay un largo camino recorrido, con demasiados miedos y cautelas a con

excesiva parsimonia aperturista. Con todos sus defectos, que son muchos, las actuales Cortes no se

parecen en nada a las de 1943. En comparación con éstas, hasta podríamos escribir que las que ahora

fenecen son liberales) dentro de lo que cabe. Pero no son´ tampoco lo que habrán de ser las nuevas Cortes,

que comenzaran a partir del SO de junio próximo.

En las primeras Cortes de Franco eran procuradores los ministros, el presidente del Consejo de Estado,

los consejeros nacionales—desde 1988 estaba constituido el Consejo Nacional del Movimiento—; el

canciller de la Hispanidad — iqué fue de este sonoro cargo?-—, el presidente del Tribunal Supremo de

Justicia, el presidente del Consejo Supremo de Justicia Militar, los altos cargos sindícales, los alcaldes de

las cincuenta capitales de provincias y !os ds Melilla y Ceuta, los rectores de las Universidades, los

presidentes del Instituto de España, de las Reales Academias y del Instituto de Ingenieros Civiles, y

cincuenta procuradores designados por el Jefe del Estado. Es decir, todos los procuradores fueron

designados, bien por ratón del cargo—para los qus se les nombraba directamente—o directamente como

procuradores por voluntad del Jefe del Estado.

Pasarían veinticuatro anos antes de que comenzasen o llegar a, las Cortes procuradores que accedían a

través de una elección. Había miedo político a unas Cortes con procurado res elegidos directamente por el

pueblo. La verdad es que ese miedo no estaba justificado. Fueron las propias Cortes las que, en una

tremenda lucha, muchas veces sorda, con el Gobierno, hubieron de ir modificándose muy lentamente.

El reglamento de la Cámara es una ley pactada con el Gobierno, y éste no permitía demasiadas libertades.

Hasta el justo de que cuando se discutió el actual reglamento, aprobado en noviembre de 1971, el

Gobierno no consintió la institucionalización de grupos parlamentarios en la Cámara, porque ello podría

ser el núcleo de partidos políticos.

Otro miedo gubernamental fue el difundir en la prensa la información de los trabajos legislativos.

No había más que notas escuetas como partes médicos. Salvo los plenos, en que se obligaba—luego, con

los años, esto fue suavizándose—a la publicación-íntegra de los discursos. Hasta el 17 de noviembre de

1965 no se permitió la entrada de los periodistas a las comisiones legislativas. También había miedo a la

prensa. Pero cuando los periodistas refrenaron a contar lo que discutían los procuradores, el público

empezó a conocer cómo trabajaba la Cámara y a hacérsele familiares los nombres de algunos

parlamentarios.

Con todas las limitaciones que las Cortes tenían y con todas las facultades que el Gobierno disponía

respecto a, la Cámara, la verdad es que el poder ejecutivo tuvo muchos miedos respecto al poder

legislativos y no le dejó ejercer con amplitud política su auténtica misión.

A. J. GONZÁLEZ MUÑIZ

 

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