Autor: Álamo, Lucio del. 
   El inquieto verano     
 
 Hoja del Lunes.    09/06/1974.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Página 2 Lunes 9 septiembre 1974

EL INQUIETO VERANO

Por Lucio DEL ÁLAMO

En las "Crónicas de mar a mar", que distribuye la agencia Efe, se ha escrito ayer esto que copiamos:

"Franco, Jefe del Estado, vuelve al palacio de e1 Pardo. A estas horas, las ventanas que se abren sobre el

verde jugoso del pazo que fue de doña Emilia Pardo Bazán, la literata sabia, se empiezan a entornar para

la soñarrera del letargo invernal. Franco, que llegó a Meirás ya doblado el espinazo de agosto, como

enfermo convaleciente, vuelve a El Pardo a su cuidado de siempre: velar por España. Otra vez estará

encendida esta noche, sobre la mesa del despacho, la vigilante lámpara de la pantalla verde.

LOS VERBOS

Desde el lunes pasado los periódicos, sin ponerse previamente de acuerdo, han titulado casi con las

mismas palabras: "Franco reasume la Jefatura del Estado." Y es curiosa la coincidencia, porque la

Comunicación oficial del presidente del Gobierno no empleaba el Verbo "reasumir", sino el verbo

"recuperar". Y es curioso también que en la docta y sacramental definición de la Real Academia entre

"reasumir" y "recuperar" no bay matiz diferencial. Se trata, en uno y otro caso, de "volver a tomar lo que

antes se tenia o se habla dejado". El matiz diferencial es susurro lucubrante de una parte de la llamada

"clase política", que es la única que no ha estado a la altura exigible en este inquieto verano. El país y el

Gobierno sí lo han estado, aunque algún ministro aislado se haya acordado de que hace unos meses era

todavía "clase política".

LA INQUIETUD

La enfermedad de Franco ha puesto al sol cosas importantes que ya se sabían; pero que podían parecer

como olvidadas. Lo primero, el respeto, el cariño del ciudadano de a pie hacia el Jefe del Estado. Las

gentes de la calle—esa España inmensa que trabaja, que sufre, que ríe, que espera—se sintieron

preocupadas, tensa», porque temieron por la vida de Franco. Que triunfase sobre la enfermedad, que se

recuperase, era lo que les importaba. Todo lo demás era normal. Franco estaba luchando contra la

enfermedad. Le sustituía el Príncipe de España. El país seguía andando. Cuando Franco estuviese curado

volvería sencillamente a su trabajo de cada mañana, de cada semana, de cada año. Hubo partes médicos

todos los días, y a veces dos en un día. La Casa Civil y el Ministerio de Información impusieron una

información diáfana y ejemplar. Las gentes, en el trabajo, en las playas, en el campo, en las carreteras, se

acercaban a los transistores y escuchaban, en esperanzado silencio, vocablos impresionantes, como

"tromboflebitis", "hematemesis". Escuchaban, apretaban los labios y esperaban. Por fin, un día el español

de a pie leyó: "Franco ha entrado en plena convalecencia." Y respiró anchamente. Sabe poco de sutilezas

jurídicas ni de matizaciones constitucionales. Sabe simplemente que Franco está allí otra vez; donde ha

estado desde que él era muchacho y empezaba a abrirse camino en una vida mejor.

Todo normal. Todo según esta, "atado y bien atado". El Príncipe de España ha sido Jefe de Estado durante

cuarenta y seis días. Un día incógnito volverá a serlo, ya como Rey, ojalá que por cuarenta y seis años.

Llegó sin ruido; estuvo en su sitio; ha vuelto a su sitio ejemplarmente. No había más inquietudes ni más

deslealtades que las que pudiese jugar la muerte, esa torva dama del alba.

Y, sin embargo, cuando había como nunca noticia clara y puntual, he aquí que sobre los cenáculos

políticos se estabiliza toda una nube de rumores, de atisbos, de bulos redondos. Fue como esa capa de

humo negro que oprime los pulmones cuando la nube de contaminación pone su índice de "muy grave" a

la altura de Legazpi en un Madrid con el aire robado.

EL RUMOR

Desde los rincones veraniegos surgieron insólitas declaraciones. Había demasiadas gentes que, sin

tiempo para arremangarse el calzón de baño, corrían desaladas para que su voz no quedase ausente en

unos improvisados cursillos pontificales sobre medicina, sobre Ley Orgánica, sobre sucesión. Ahora, con

Franco haciendo restallar frente a la televisión su palo de golf, con Franco llegando a El Pardo, el rumor

se aquieta. Simplemente se agazapa. Empezarán a sonar otras fechas. Surgirán profundos análisis sobre si

el carácter vitalicio de la Jefatura del Movimiento y la exaltación sobre el pavés de un Generalísimo en la

hora fundacional de octubre del 36, quedan o no en tierra exenta, de cara a la Ley Orgánica. Demasia

do conceptuoso. El país vive sobre ideas y aspiraciones mucho más concretas y elementales.

LA LEALTAD

Ha terminado un inquieto verano. Ha habido sol y han estallado tormentas. Es natural que unos pocos

hayan sentido prisa por ponerse a cubierto del presunto aguacero. Pero lo importante, lo decisivo queda

ahí como gran lección de la enfermedad de Franco: las grandes, las definitivas lealtades—desde el

Príncipe de España hasta el gañán silencioso de aquel cerro en la meseta, o en aquella muga fronteriza—

gozan de buena salud."

 

< Volver