Autor: Baró Quesada, José. 
   XXXIV aniversario de la exaltación de Franco ala Jefatura del Estado  :   
 Don Juan Carlos asistió a un tedéum en la basílica de San Francisco el Grande. Recepción en el salón del Trono del Palacio Real ante el Generalísimo, que tenía a su derecha al Príncipe. 
 ABC.    02/10/1970.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

ABC. VIERNES 2 DE OCTUBRE DE 1970. EDICION DE XXXIV ANIVERSARIO DE

LA EXALTACION DE FRANCO A LA JEFATURA DEL ESTADO

Don Juan Carlos asistió a un tedeum en la basílica de San Francisco el Grande

RECEPCION EN EL SALON DEL TRONO DEL PALACIO REAL ANTE EL GENERALISIMO, QUE

TENIA A SU DERECHA AL PRINCIPE

En toda España se conmemoró la histórica fecha del 1 de octubre de 1936

Madrid. (De nuestro redactor político.) Ayer hizo treinta y cuatro años que el general Don Francisco

Franco Bahamonde, el más joven y prestigioso de nuestras Fuerzas Armadas y, en opinión del mariscal

Pétain, "la espada más limpia de Europa", fue proclamado Jefe del Estado español y Generalísimo de los

Ejércitos Nacionales en el corazón de la vieja Castilla en pie de guerra. Por eso, una vez: más, se celebró

un tedeum en la basílica de San Francisco el Grande, con la presencia del Príncipe Don Juan Carlos en un

sitial de honor, como en la conmemoración anterior, y con asistencia del Gobierno, altos mandos

militares, Cuerpo diplomático con el Nuncio a la cabeza, y diversas autoridades y representaciones

civiles.

Ceremonias de ritual en el atrio, donde don Ricardo Blanco, obispo auxiliar de la archidiócesis de Madrid,

que ofició el "Te Deum", ofreció agua bendita y dio´ a besar el "Lignum Crucis" al Príncipe, a quien

acompañaba el Jefe de su Casa, coronel marqués de Mondéjar, y su ayudante de

servicio, teniente coronel don Juan Manuel Santos Suárez. Se hallaba presente el padre Calvo, superior

del templo. Los ministros y el vicepresidente, almirante Carrero Blanco, habían cumplimentado a Su

Alteza Real.

Don Juan Carlos, que vestía uniforme de general del Ejército de Tierra y llevaba el Toisón de Oro, se

detuvo a conversar, a la salida, en la plaza de San Francisco, con los ministros y otras personalidades.

Recibió, como siempre, demostraciones de respeto y cariño del público allí congregado.

Poco después—eran las doce de la mañana—hubo recepción en el Palacio Real. En la saleta oficial,

conocida también por el "salón rojo", esperaban el capitán general Alonso Vega, el teniente general

Fernández de Córdoba, el conde de Mayalde, Vizcaíno Márquez, el doctor González Bueno, Herrero

Tejedor... Mayalde recordaba la llegada del presidente Eisoenhower, cuando él era alcalde de Madrid, día

multitudinario en las calles del trayecto. Fuera, en la plaza de la Armería, formaba el Regimiento de la

Guardia, con bandera, banda y música. En el zagüán y en la gran escalera de Palacio rendían honores los

lanceros del Caudillo. Se abrió la puerta de la sala azul y entraron el Generalísimo y el Príncipe, con los

jefes de las Gasas y los ayudantes, seguidos del vicepresidente y los miembros del Gobierno. Su

Excelencia y Su Alteza Real estrecharon la mano de cuantos allí se hallaban y pasaron al Salón del Trono.

A la derecha de Franco se situó Don Juan Carlos. A continuación del Principe, el Gobierno y el Consejo

del Reino; enfrente, las Mesas de las Cortes y del Consejo Nacional, y el Cuerpo diplomático. A la

izquierda del Trono, el cardenal primado de España y diversos organismos y autoridades. De la plaza de

la Armería llegaron los acordes del Himno Nacional. Comenzó el desfile ante el Jefe del Estado, que

llevaba uniforme de capitán general y la Cruz Laureda de San Fernando sobre el pecho. Al concluir y

abandonar Su Excelencia y Su Alteza el Regio Alcázar, se repitieron en su honor, lo mismo que a su

llegada, las demostraciones populares de adhesión y afecto.

En la Capitanía General de Madrid, y en las de toda la nación, incluidos los Departamentos Marítimos, así

como en distintas corporaciones oficiales, se conmemoró con brillantez la histórica fecha de la exaltación

de Franco a la primera magistratura del país y al generalato supremo de las Fuerzas Armadas. A la salida

y a la puesta del sol fueron disparadas salvas de artillería. Los pliegos de firmas se llenaron rápidamente.

España rememoró con entusiasmo y patriotismo el 1 de octubre de 1936.José BARO QUESADA.

 

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