Autor: García Figueras, Tomás. 
   Grandeza y precisión de una trayectoria     
 
 ABC.    01/10/1959.  Página: 5, 8-9. Páginas: 3. Párrafos: 18. 

GRANDEZA Y PRECISIÓN DE UNA TRAYECTORIA

Por TOMAS GARCÍA FIGUERAS

UNA de las cosas que peor conoce la generación actual española, es la insuperada e insuperable labor de

nuestro Ejército en la pacificación de Marruecos. Ese conocimiento es, en efecto, notoriamente

incompleto y en muchos aspectos deformado; es normal que así sea porque la vida de España, agitada por

numerosos hechos de su evolución política, y hasta de la del mundo, que tras un período de amenazada

tirantez política había de sufrir los efectos de la primera guerra europea (19141918), negaron precisión y

exactitud al justo perfil histórico.

Por eso, la pacificación marroquí fue considerada, sin razón ni fundamento, como una guerra en

Marruecos, sin adentrarse en el análisis de tantos factores como contribuyeron a una acción que nadie

pudo ya dudarlo, será uno de los períodos más trascendentales de la historia contemporánea española. La

historia dirá mucho en su día de las virtudes y de los méritos de España y de su Ejército.

Todo ello ha contribuido a que esa acción militar española, pacificadora que no guerrera, no sea conocida,

como debiera serlo, y a que no se hayan valorado virtudes, heroísmos, sacrificios que se ofrendaban

generosos para que la paz reinase en Marruecos sin que, entonces como siempre, a todo lo largo de su

historia, España enturbiara con ningún anhelo material las directrices nobles de su mejor tradición.

Pero el Ejército, templado en el yunque del deber y del heroísmo, de la comprensión y de la generosidad,

de la exaltación, del amor a España, fue realizando una profunda evolución, que vieron mejor los

extranjeros que nosotros y de la que son testimonios los juicios de críticos y agregados militares

extranjeros, especialmente luego del desembarco de Alhucemas y de la pacificación total de nuestra zona,

marroquí.

Todo ello seleccionó y formó cuadros ejemplares de mando, tropas que rendían tributo al honor, al deber,

a la lealtad y que constituyeron pronto una verdadera élite dentro del glorioso Ejército español. Esto no es

una afirmación que se hace más o menos a la ligera; se la puede subrayar con muchos nombres heroicos

que irían conmoviendo lo más hondo de nuestro ser; con el relato escueto, espartano, de hechos y de

heroísmos de los que España se enorgullece.

Más aún, esta selección de las tropas españolas en Marruecos, esta, autoformación en el cuadro más puro

de deberes y de virtudes, había de proseguirse, lógicamente, más allá de la pacificación misma, y así las

tropas españolas en Marruecos conservaron, pese a muchas circunstancias adversas, su alta valía y

pudieron ser, en el año 1936, el escalón avanzado, la vanguardia de una acción y el fermento del gran

Ejército nacional de la Victoria de 1939.

Se comprende bien cómo en un medio de selección tan puro, en un cuadro de sacrificios, de heroísmos, de

acciones destacadas tan rico e impresionante, sea difícil, si no imposible, encontrar una figura cumbre que

culmine, en símbolo de esa selección, ese medio. Sin embargo, este puesto correspondería sin discusión a

nuestro Caudillo en su acción militar africana desde teniente a general.

Conozco bien, por afición, la historia de nuestra pacificación marroquí, y, por lo tanto, al hacer esta

afirmación ni olvido ni disminuyo los más mínimos méritos, sacrificios y actuaciones dignas del

Romancero. Lo que digo es que a ninguno, entre tantos valores sobresalientes, cupo la fortuna de reunir

en él el conjunto de méritos y circunstancias que se dieron en nuestro Caudillo.

Lo primero que impresiona a lo largo de su vida militar en Marruecos es la ejemplaridad de su conducta,

el concepto riguroso de si mismo en todos los empleos y en todas las circunstancias. De ello hablan con

admiración cuantos con él convivieron, cuantos lo conocieron en la época de la pacificación. Puede haber

conducta tan ejemplar como la suya, pero no puede decirse que ninguna otra la superó.

Esa circunstancia, importante para el estudio de una personalidad, lo es aún más si se tiene en cuenta que,

por razón natural, la vida en peligro constante, el riesgo, la fatiga, las penalidades, determinan las más de

las veces, y mucho más en la Juventud, una reacción que inclina al disfrute de una vida que tan precaria

se sabe y tan expuesta a las contingencias naturales de la guerra. Sin olvidar que Franco sirvió siempre en

fuerzas de choque, Regulares, Legión, y que dentro de ellas tuvo a su cargo las misiones más duras,

difíciles y peligrosas.

En el orden militar el prestigio insuperable de Franco estaba forjado por su competencia militar, su valor

y su serenidad. Franco, que, como hemos dicho, tuvo a su cargo la misión de "mayor riesgo y fatiga,",

tuvo siempre la característica de su impresionante serenidad. No fue el militar de valor que llega

espectacularmente a las masas, sino el jefe que parece indiferente e inmune a todo peligro. Para los

combatientes marroquíes, Franco tenía toda la respetuosa admiración del poseedor de "una baraca",

protección especial de Dios a los elegidos.

De todo ello se derivaba para Franco la más destacada de las características de su acción en Africa: la

confianza absoluta, más aún, la fe total de las tropas en él. Las fuerzas iban al combate con una seguridad

total de la victoria cuando las columnas las mandaba Franco; ellas sabían que iban bien mandadas, que se

pondrían al servicio de la victoria los conocimientos de un gran táctico, que las pérdidas se reducirían a lo

indispensable porque se combatiría con toda la garantía de acierto y porque el valor sereno de Franco

alejaba la posibilidad de cualquier decisión impremeditada o ligera que pudiera comprometer los

resultados.

Todas estas afirmaciones se basan sobre un conjunto de actuaciones imposibles no sólo de datallar, sino

ni siquiera de enumerar en toda su extensión, Uad Lau (1820), Gomara, Beni Aros, liberación de Melilla

y reconquista (1921), Sidi Messaud 1924), Cuenca del Lau (Cobba D´Arsa), retirada de Chauen, repliegue

de Uadrás, Anyera y el Haus; levantamiento de Yebala, desembarco en Alhucemas, en cuya opeción

clave de la pacificación de Marruecos correspondió al entonces coronel Franco el honor y la

responsabilidad de mandar la columna de extrema vanguardia y de poner pie el primero en la playa de

Cebadilla.

El prestigio militar de Franco en la pacificación marroquí no fue superado por nadie a lo largo de una

acción dilatada como la suya en todos los empleos y en los puestos de mayor peligro y responsabilidad.

La legión le adoraba; cuando, en Julio de 1936, Franco volvió a Marruecos, desde Canarias, para hacerse

cargo del mando de las fuerzas nacionales, los legionarios le vitoreaban ya como al jefe de cuyo triunfo

nadie dudaba.

Franco no fue en Marruecos solamente el jefe de máximo prestigio, sino que estuvo presente en la

inquietud del problema nacional de la pacificación. Su libro "Marruecos. Diario de una Bandera"; sus

artículos "Pasividad e inacción". "Alhucemas" (del diario del coronel Franco), "Lo que queda del

problema marroquí", ´Chaunen la triste", tuvieron, aparte de su valor literario y documental, una positiva

repercusión política. Su etapa de director de "Africa", revista de "´Tropas Coloniales", dejó en ella una

huella profunda.

Luego, en nuestro glorioso Alzamiento, en aquel valioso cuadro de personalidades sobresalientes del

Ejército de Marruecos, elite de elites, volvió a ser el jefe indiscutible.

Y cuando la gestión de gobierno pasó a ser más política que militar, Franco ganó para España la guerra

mundial de 19391945, puesto que logró, frente a todas las presiones y todas las amenazas, mantener a

España fuera del conflicto. Ganó la batalla de la paz comprendiendo con clarísima visión que nuestro

glorioso Alzamiento nacional no tenía como último fin la victoria militar; ésta era sólo un medio, una

condición indispensable para acometer con fe y con constancia la revolución social.

Ganó, con su fría serenidad y su cualidad de hombre de Estado, la batalla de la leyenda negra, de los

eternos enemigos de nuestra Patria, de los que no vacilan nunca en atacar a España con las armas más

Innobles.

Cuando, a lo largo de una dilatada y fecunda vida militar y política, una trayectoria se desenvuelve

progresivamente con esa seguridad de ritmo y con esa matemática precisión, se justifica plenamente una

fe y una seguridad en que todas las etapas se irán culminando.

Es un testimonio que quiero rendir a la fe de España en este día, en que se cumple el 23 aniversario de la

exaltación del Caudillo Franco a las más altas funciones del Estado. Mucho más si este comentario se

cierra con sus propias palabras: él es "el centinela que nunca se releva..."; "el que vigila mientras los otros

duermen...". Para gloria, de España y confiada tranquilidad de los españoles.

T. G. F.

 

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