Autor: Solís Ruiz, José. 
   España, cara al futuro     
 
 Arriba.    18/07/1961.  Página: 10. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

ESPAÑA, CARA AL FUTURO

Por José SOLIS RUIZ

Lo más difícil para los hombres de nuestra generación—los que tomamos parte en la guerra y hemos

seguido luchando en la paz de estos años para lograr los frutos de la victoria—es evitar la tentación de

volver los ojos sobre aquella fecha simplemente con nostalgia y sentimentalismo. Lo hemos de hacer,

pero con fidelidad, porque ese es el lugar histórico de donde venimos.

Nuestro deber es analizar con rigor el presente y partiendo de él anticipar el porvenir en las realizaciones

de nuestro Movimiento, que es tanto como decir preparar los nuevos frutos implícitos en las razones

germinales del Alzamiento del 18 de Julio.

La unidad entre los españoles era la ambición más urgente, la realidad política más necesaria, que animó

nuestra fuerza de combatientes. Hoy esta unidad es una evidencia patente en la renovada conciencia

nacional del pueblo español, en la reconquistada adhesión a nuestros valores religiosos y tradicionales, en

la sólida institucionalización del Estado, en la nueva organización de la representación pública y en el

unánime acatamiento, fervoroso y entusiasta, al Caudillaje de Franco.

Este es nuestro legado: los cimientos sólidos e inconmovibles de un nuevo orden político, basa

do en la convivencia de todos los españoles y abierto a todas las posibilidades de nuevas estructuras

económicas y sociales que el mundo actual puede exigir de un pueblo a estas alturas.

Del clima de odio y rencor, de desunión y anarquía, patente en el panorama de la triste España del 36,

hemos pasado a este otro de trabajo y progreso, de orgullo y ambición, de seguridad y de esperanza que

nadie puede negar a esta España de 1961.

Pero esta justificada satisfacción ni puede ni debe bastarnos. Es sólo punto de arranque, premisa obligada

para logros más altos y definitivos, y no sólo en el plano de nuestra vida nacional, sino en el de la

aportación que podemos ya ofrecer en coyuntura tan grave y decisiva como por la que está pasando el

mundo en la búsqueda ansiosa de soluciones que superen el trágico dilema de la supervivencia cómoda,

pero injusta e ineficaz, de sistemas caducados, y de la subversión total de valores, aniquilador de la

persona humana, del mundo comunista.

Desde hace muchos siglos no se le ofrecía al pueblo español una coyuntura como ésta de proyectar sus

creencias y modo de ser, su estilo y su doctrina, fuera de sus fronteras. De poder cumplir su destino en lo

universal.

Esta noble, desinteresada y apasionante ambición histórica es, sin duda alguna, el resultado más

incontrovertible e impresionante del Alzamiento del 18 de Julio, y el que le da la exacta dimensión

histórica de un hecho excepcional y definitivo.

Ocurre que el mundo empieza a estar interesado en muchos de nuestros principios, y en su

instrumentación política. Empieza a estar convencido de que nuestra unidad no es el resultado del aparato

de poder, sino el del hallazgo de una democracia, que sin ahogar el contraste de los distintos pareceres,

impide la división de los españoles en bandas de exterminio. Hay por todas las cabezas una noción más o

menos literal de bien común, de interés general, y todos sabemos que el verdadero objetivo del orden

político es alojar los intereses privados o particulares en una realidad económica o social de bien común.

Es decir: hacer aquellos legítimos.

Los veinticinco años de régimen podríamos considerarlos como el cimiento de una obra muy difícil de

revisión histórica que quisimos hacer con nuestro sacrificio. Ahora vamos a ir muy deprisa. Estamos ya,

como se ha dicho muy felizmente, en una auténtica plataforma de lanzamiento.

 

< Volver