Autor: Fernández-Cuesta y Merelo, Raimundo. 
   Una manera de entender la vida     
 
 Arriba.    18/07/1961.  Página: 11. Páginas: 1. Párrafos: 14. 

UNA MANERA DE ENTENDER LA VIDA

Por Raimundo FERNANDEZ CUESTA

Han transcurrido ya veinticinco años desde el día duramente glorioso en que se inició el Alzamiento

Nacional, y, sin embargo, para los que le vivimos personalmente parece acaecimiento muy cercano; tal

fue la impresión que en nosotros dejara por su dimensión histórica, trascendencia nacional y hondura

dramática.

Ese cuarto de siglo tan rápidamente transcurrido está repleto de contenido, de una serie inacabable de

realizaciones que afectan a todos los sectores de la vida española, que la han transformado completamente

y elevado su nivel moral y material en términos que parecían imposibles de alcanzar cuando el

Alzamiento se iniciara, realizaciones que la distancia cronológica permite enjuiciar y valorar

objetivamente a los que de buena fe quieran hacerlo, llevándoles a un juicio que forzosamente tiene que

ser de encomio y aprobación y a una valoración francamente positiva.

Podrá decirse que no todo lo que se ha hecho es perfecto, ni se ha hecho todo lo que se ha querido hacer,

pero lo que es absolutamente irrebatible y claro como luz cenital es que la España nacida en el 18 de Julio

es infinitamente mejor y superior a la que en esa fecha existía, más auténtica, más fiel a su verdad.

El recuerdo del 18 de Julio no puede tener una raíz exclusivamente sentimental. No amaneció sólo para

que le recordemos veinticinco años después, aunque sea con entrañable emoción, sino para que al cabo de

esos veinticinco años proclamemos públicamente y con la voz más recia nuestra fe en lo que representa,

en el Movimiento que engendrara, en su Jefe, en su doctrina política. en su presente, en su porvenir y en

su irreversibilidad.

El 18 de Julio significó una tremenda convulsión social y política, una verdadera Revolución que, como

todas, aunque con el tiempo pierdan o limen sus aristas, dejan huellas imborrables, definitivas, que

modelan los pueblos y con las que hay que contar. Atrás no se vuelve. A la vida no se le puede hacer

retroceder por mucho empeño que en ello pongamos.

El 18 de Julio y el Régimen que engendrara no son reacción, ni contrarrevolución, ni dictadura

transitoria, sino un Régimen nuevo, de carácter instaurador y voluntad de permanencia, con una doctrina

vigente en lo fundamental como el día en que se formulara, precisamente porque más que un programa

concreto es una manera de entender la vida y reaccionar ante ella, y lo suficientemente caudalosa para

desarrollarse de acuerdo con la realidad y los problemas de cada hora, sin necesidad de perder su pureza

de origen ni de nuevos mensajes.

Buscar en otros soluciones apartándose del nuestro es traición, ignorancia de lo que el 18 de Julio de 1936

significa en nuestra historia patria. Las cifras que sirven para identificar el día, mes y año del Alzamiento

encierran algo más que el valor matemático y cronológico de sus guarismos: encierran ardiente calor

popular, ansia de justicia, ambición de historia, heroísmo, generosidad y afanes de unidad, destruidos los

odios y rencores que la impedían. En resumen, la decisión de un pueblo de rescatar su ser y cumplir su

destino, que en España siempre ha sido universal y que hoy radica en haber implantado un nuevo orden y

dar a ese orden valor de ejemplaridad y magisterio, sobre todo para aquellos que buscan la tercera vía

superadora del liberalismo y totalitarismo.

Veinticinco años de seguida actividad dedicada en gran parte a la reconstrucción material y espiritual y,

en otra gran parte, a abrir en el muro de la enemistad sectaria la brecha que permita el paso a nuestra

verdad, hacen definitivos Régimen y Victoria, que, lejos de ser de exterminio, son de reconocimiento de

lo bueno y valioso que hubiera en el pasado y de fusión con lo que nosotros hemos aportado. Régimen y

Victoria, cuya continuidad tiene la garantía en su propia bondad, en el consenso popular y en una

arquitectura constitucional, cuya perfección y eficacia les preserve el día de mañana de posibles

veleidades o subjetivismos.

Una parte de la actual juventud española, de esa juventud nacida y educada en un ambiente

de normal convivencia colectiva, puede pensar a veces si no serán exageraciones o afanes de dramatizar

lo que se les cuenta de las razones y motivos determinantes del 18 de Julio, o si atribuye veracidad a lo

que se le dice o lee referente a los mismos, valore lo sucedido como puede valorar cualquier episodio de

nuestra Historia digno de admiración y respeto, pero sin vigencia para las generaciones de hoy. Y son

justamente estos errores los que deben desvanecerse, a lo que no contribuyen mucho obras que pretenden

ser históricas y objetivas, siendo en realidad disimuladamente tendenciosas, injustas y mal documentadas

Nuestra Guerra de Liberación, nuestra Cruzada, no fue una conmoción que sacudió a España y que una

vez pasada devolvió las cosas al estado en que se encontraban, sino que destruyó unas ideas y unos modos

de vivir, pero alumbró otros y abrió nuevos cauces por donde pudieran discurrir esas ideas y modos, que

son los que inspiran y condicionan nuestra vida presente.

La juventud de hoy debe darse cuenta que su enfoque de la vida y sus problemas, la solución que para

ellos busca, tienen precisamente origen y fundamento en las ideas y en la mentalidad que el 18 de Julio

alumbró y que han germinado y dado sus frutos en la generación presente, heredera directa de la qué ganó

la guerra y sin la cual sería completamente diferente de lo que es.

La juventud actual debe juzgar con justicia, matizada por la gratitud, la empresa que llevó a cabo la

juventud que inmediatamente la precedió, y no solo conservarla, sino perfeccionarla y hacerla más

fecunda, apreciando también la inmensa diferencia de posibilidades que para triunfar en la vida y

engrandecer España posee con respecto a la de 1936 y merced al sacrificio de ésta.

Cuando dentro de veinticinco años se conmemore el medio siglo del acontecimiento que hoy

conmemoramos, los que hablen o escriban sobre él y el hombre que lo simboliza, estoy cierto les rendirán

un homenaje aún más cálido, que el nuestro, porque los motivos de gratitud nacional habrán aumentado

con el transcurso del tiempo.

 

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