Autor: Primo de Rivera y Sáenz de Heredia, Miguel. 
   Veinticinco años en la reforma de España     
 
 Arriba.    18/07/1961.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

VEINTICINCO AÑOS EN LA REFORMA DE ESPAÑA

Por PILAR PRIMO DE RIVERA

Ni que decir tiene que ideológicamente la Sección Femenina no sigue más patrón que a José Antonio.

Toda acción necesita un pensamiento que la impulse; hacer las cosas sólo por hacerlas es bastante tonto;

dejarse la vida en una empresa sin saber por qué no merece la pena. En cambio, creo que las instituciones

nacidas asi, de principios verdaderos, llevan en sí como savia de vida que se transmite entre sus miembros

y les da continuidad. La acción por la acción, sin impulso ideológico, no tiene consistencia, o, al menos,

no trasciende al alma, y pierde, por tanto, razón de eternidad. La filantropía, por ejemplo, es inferior a la

caridad cristiana, y la subversión, sin principios, inútil desorden.

Así puestas las cosas, y al ser, sobre todo, José Antonio un exigente, nuestra misión tiene que trascender

de manera especial en exigir para la vida de España un cambio de mentalidad que la saque de

chabacanerías, vulgaridades y mal gusto. Esto, que supondría la muestra externa de una estupenda

sensibilidad interior adquirida, es dificilísimo de conseguir, porque no se trata de vencer, sino de

convencer, de llevar a la mente de las gentes la necesidad de desterrar hábitos, costumbres y

espontaneidades culpables de la estabilización de tanta mediocridad.

Algo vamos consiguiendo en este sentido. Cada vez es más ancha la base de los que no se contentan con

el qué más da y exigen para la vida de España un mayor decoro, entendiendo por decoro rigor intelectual

y artístico, rigor cotidiano en el pequeño detalle de la vida familiar, en la comunidad de la vida ciudadana.

Pero la lucha de la Falange es debatirse siempre entre los que nos entienden y no nos quieren y los que

nos quieren, pero no nos entienden, o aún frente a otro grupo más cerrado que ni nos entiende ni nos

quiere.

Quizá porque las obras selectas son siempre cuestión de minorías, quizá porque el signo político les

previene contra nosotros; por eso son tan de estimar personas de la categoría de don Eugenio d´Ors, que, a

una con los falangistas, tan fiel a José Antonio como José Antonio lo admiraba a él, creó en España, con

su Academia Breve, impulso y protección para todo lo que fuera la obra bien hecha. "Los indalianos",

Rafael Zabaleta, el "Misterio" de Elche, y tantas cosas más, ángeles y arcángeles que a todos nos

protegieron, y es de esperar que a él también... Agustín de Foxá, copartícipe en el Himno de la Falange y

luchador incansable frente a la chata vida de España... Mourlane Michelena, por no citar nada más que a

los que faltan que se debatieron con José Antonio por dar a España en la exigencia más altos vuelos, por

crear un clima que a nosotros nos toca seguir. "A los pueblos —decía José Antonio— no los han movido

más que los poetas, y ¡ ay del que no sepa levantar frente a la poesía que destruye la poesía que promete!"

Pues bien; frente a una indudable poesía destructiva que anda por el ambiente debemos nosotros levantar

la poesía "que promete, la que es capaz de impulsar a un Clará para producir nuestra "Santa María" del

castillo de la Mota, a un Farreras los frescos de la vida de la Virgen en el castillo de Las Navas, a un

Vázquez Díaz y a un Pancho Cossío los retratos de un José Antonio, a un Aladrén sus cabezas de bronce,

y a la última afiliada la creación inestimable de ir perfeccionando las vidas humanas. Porque poesía es

eso. No es poeta solamente el que, lleno de petulancia, a sí mismo se lo llama, sino el que es capaz de

obra bella y creadora, concebida a impulsos de algo superior. Algo superior que en nuestro caso ha

entendido y apoyado sobre todo el Caudillo, él también, como nadie, metido en la alta empresa de "ganar

a España para servirla" con nueva mentalidad, nuevo verbo y nueva exigencia.

 

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