Parece que estamos en los umbrales de una gran operación. 
 El príncipe, otra vez con el caudillo en el pazo de Meriras     
 
 ABC.    19/08/1975.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

ABC

PARECE QUE ESTAMOS EN LOS UMBRALES DE UNA GRAN OPERACION

POLITICA

EL PRINCIPE, OTRA VEZ CON EL CAUDILLO EN EL PAZO DE MEIRAS

Fraga Iribarne se entrevistó con el Jefe del Estado el pasado sábado y parece que se instalará en Madrid el

1 de octubre

La Coruña. 18. (De nuestro enviado especial, por teléfono.) El «Mystére» de la Subsecretaría de Aviación

Civil del Ministerio del Aire en que venia desde la base militar de Palma de Mallorca, el Principe de

España tomó tierra en el aeropuerto coruñés de Alvedro a la una menos cinco del mediodía de hoy. Don

Juan Carlos iba, como casi siempre, en la cabina junto al piloto. A bordo llegaron también el nuevo

ayudante de Servicio, capitán de Corbeta, don Fernando Poole, y el comisario jefe de la Brigada de

Escolta, señor Ayuga.

Esperaban al egregio viajero el ministro de Marina, el capitán general de Galicia, los jefes de la Casa

Militar del Caudillo, los en ministros, teniente general Castañón de Mena y almirante Nieto Antúnez; el

gobernador civil, el presidente de la Diputación, el alcalde, el marqués de Viltaverde y su hijo político,

don Rafael Ardid, y otras personalidades. Todos ellos cumplimentaron a Don Juan Carlos, que

seguidamente marchó en automóvil, con el almirante Pila da Veiga, al Pazo de Meirás. Allí fue recibido

por el Jefe del Estado y su esposa, por la marquesa de Villaverde y su hija Mariola, por otros parientes del

Caudillo y por el secretario general de la Casa Civil.

CONVERSAN FRANCO Y DON JUAN CARLOS.—El Principe, después de los saludos y un breve

diálogo con quienes le aguardaban, conversó a solas con Franco, y, posteriormente, almorzó con Sus

Excelencias y los familiares de éstos.

Parece que por la tarde, sin perjuicio de alguna expansión, continuaron hablando el Jefe del Estado y el

Príncipe de España. La estancia de Don Juan Carlos en La Coruña no durará probablemente más de dos

días.

FRAGA IR1BARNE, EN EL PAZO DE MEIRAS.—Los indicios, según los observadores, son los de

hallarnos en el umbral de una gran operación política, cuyo alcance se desconoce con exactitud. El

hermetismo es grande, pero, a pesar de ello, se sabe —dice saberse— que el ex ministro Fraga Iribarne,

actual embajador en Londres, estuvo el pasado sábado en el Pazo de Meirás. Yo he preguntado acerca de

ello a dos personas. Una me lo ha confirmado. Otra, extremando su discreción, no lo asegura ni lo

desmiente. La noticia, de lodos modos, corre ya por La Coruña.

Suena el nombre de Fraga. Y suena también. y mucho, el de Solís. En el fondo hay perplejidad,

desconcierto, confusión, pero todo el mundo coincide en la consabida frase de que «algo, y gordo, se está

cociendo». Algo que unos relacionan con la sucesión y otros con un cambio en la presidencia. No faltan

tampoco los que unen ambas posibilidades o, en el menor de los casos, esperan que se produzca una

mayor intervención del Príncipe en la vida nacional. Ni quienes hablan de una nueva etapa de inexorable

rigurosidad frente a la subversión y el terrorismo. Yo me limito a recoger lo que oigo.

EL GENERALÍSIMO A BORDO DEL «AZOR».—Este último domingo, como todos los anteriores

desde que se encuentra en su tierra, vino el Caudillo con su esposa a La Coruña después de oír misa en el

Pazo de Meirás para embarcar en el «Azor». Les recibieron en la explanada del Real Club Náutico las

primeras autoridades provinciales, militares y civiles. A pesar de la lluvia que caía en esos momentos —

dos menos diez de la tarde— se había congregado en aquel lugar mucho público, que aplaudió y vitoreó

al Jefe del Estado, quien, con su esposa, el marqués de Villaverde, los señores de Ardid, don Ricardo

Catoira, y algunas autoridades, $e trasladó en una falúa al yate, fondeado en la bahía. Almorzó a bordo

con su familia e invitados, y contempló la ciudad desde la cubierta de popa. Cerca de las seis, el «Azor»,

escoltado por la fragata «Legazpi», zarpó mar adentro y arribó a última hora en la ría de Sada. En el

puerto de Fontán. donde desembarcó, y en la carretera de su residencia de Las Torres de Meirás, el

Generalísimo recibió nuevas demostraciones de cariño de gran número de coruñeses y forasteros.—José

BARO QUESADA.

 

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