El Reinado de Don Juan Carlos     
 
   03/11/1975.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

EL REINADO DE DON JUAN CARLOS

En la edición de ayer del diario «Ya», don Ricardo de la Cierva publica un artículo que comienza con las

siguientes palabras: «Al anochecer del 30 de octubre de 1975 comenzaba su reinado don Juan Carlos de

Borbón...» No es institucionalmente exacto, pero es verdad. Imperativos fisiológicos detectados por

veinticuatro eminentes médicos ciernen el pesimismo sobre la recuperación física de Franco. Así las cosas

no yerra el señor de la Cierva cuando viene a decir que algún día la Historia admitirá que el reinado de

don Juan Carlos 1 comenzó al anochecer del 30 de octubre de 1975.

Ahora, sin esperar el veredicto histórico, puede ya constatarse la responsabilidad, el patriotismo, la

entrega con que don Juan Carlos ha asumido las responsabilidades del Estado en un momento harto

crítico. No está el país para medias palabras, sobreentendidos u ocultación medrosa de secretos a voces.

Es sabido que muy respetables opiniones tenían por mejor para la Corona y el país la sucesión y no la

segunda interinidad.

Empero la gama de problemas que empañan el presente de este país —de los cuales el más urgente es el

del Sahara, aunque no el único— requerían una Jefatura del Estado ejercida en plenitud. Como el propio

don Juan Carlos reconoció ante los presidentes del Gobierno y las Cortes, aceptó la segunda interinidad

«por el mejor bien del Estado». Y ayer mismo, a los mandos del «Mystere» de su Casa, se desplazo a El

Aaiún para presentarse ante el Ejército del Sahara como «el primer soldado de España» y elevar la moral

de unas unidades, cuando menos desconcertadas entre la lentitud de las Naciones Unidas, la audacia de

Hassan II y la falta de Información precisa sobre las directrices de nuestra política exterior.

Esta inesperada visita al Sahara ha reconfortado los ánimos de la tropa de élite allí destacada, ha dado fe

de un nuevo estilo —el del Príncipe— directo y resolutivo y ha confirmado lo que la gran Prensa

internacional repite estos días como un «slogan» acertado: «Don Juan Carlos: un Príncipe de nuestro

tiempo». Y no es baladi ni debe dejamos indiferentes la reacción favorable de la opinión pública

internacional; tanto la occidental, que se congratula con lo que adivina una nueva etapa en la política

española, como la del Este, que aprecia con reservas una presumible y pronta incorporación de España a

la O.T.A,N. y a la C. E. E.

Recordamos cómo seis años atrás se escribió con profusión sobre la esperanza depositada en el recién

designado Príncipe de España. Se manejó a continuación el término «rodaje» a las primeras actividades

nacionales e internacionales de don Juan Carlos. Finalmente nadie osó rehusarle al Príncipe el

reconocimiento de que su figura y su persona constituían una realidad operante dentro del Estado. Incluso

antes de la primera interinidad.

Hoy, sólo cabe admitir qué don Juan Carlos de Borbón será uno de los pocos monarcas —si no el único—

que accederá al trono con legitimidad de ejercicio. Lo que otros monarcas han conseguido tras largos años

de reinado, el Príncipe lo lleva ya como bagaje de servicios prestados al Estado, antes de haber jurado

como Rey de todos los españoles ante un Pleno de las Cortes. En línea con esta evidencia, estamos de

acuerdo con la aparente paradoja de don Ricardo da la Cierva.

 

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