Autor: Medina, Tico. 
   La mañana de la Angustia     
 
 ABC.    13/11/1975.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

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Por Tico MEDINA

LAS NUECES

LA MAÑANA DE LA ANGUSTIA

De nuevo la palabra infección. Y un enorme desasosiego en los presentes. La mañana fue terrible. La

tarde, menos. Quizá el momento más dramático, al mediodía. Fernando Suárez, el ministro que con más

frecuencia visita la clínica

—Hay una razón fundamental —me dice—. Esta es, como si dijéramos, su casa. Ten en cuenta que es el

Ministro de Trabajo, y esta es una clínica de la Seguridad Social.

También se habla de «intubación» No es fácil que nadie te diga algo que pueda tener la fuerza de una

noticia, aparte de los comunicados oficiales.

En la parte trasera he visto una furgoneta amarilla, particular, de un empresa privada de limpieza,

recogiendo los paquetes usados de la clínica. He preguntado a uno de los hombres que cargaban los sacos

de plástico «si alguno provenía de la primera planta». Silencio. Recordaba el periodista —esta dura

profesión esta llena de sensibilidades y de intuiciones— que el posible premio «Pulitzer» de este año

podría ser en Estados Unidos el reportero que buscando en las basuras de todos los días a la puerta de la

casa de Kissinger llegó a trazar un retrato desconocido y sorprendente del secretario de Estado americano.

Pero el hombre de la limpieza continuó en su trabajo, cargó la furgoneta y desapareció en la noche, bajo

la lluvia...

Quizá en algún reguero de sangre, en un viejo papel arrugado lleno de palabras escritas o de signos

cardiológicos, hubiera algo más que un rumor o una especulación.

Sin embargo, Franco continúa en la primera planta, donde hay, me informan, ciento veinticinco camas en

silencio. Me dicen que quizá sea este el día en el que vieron más profudamente preocupado al marqués de

Villaverde. La cruz azul, de la sangre necesaria, lacra y sella las puertas de entrada a este gran «hall», ya

de «los pasos perdidos».

Inquietud, tensión, nervios, y después, a la caída de la tarde, en la hora de la fiebre, una especie de relax

que no me gusta. Me cuentan que generalmente, desde que empezó la enfermedad del Jefe del Estado, los

médicos que firman los partes no acuden a su consulta habitual. No es fácil encontrarlos al otro lado del

hilo telefónico. No están, sencillamente

Cuando el alcalde salía de la clínica los periodistas preguntaron a García-Lomas, que respondió con su

voz profunda:

—Franco está vivo, naturalmente. Y de trasladarlo de La Paz no hay nada de nada...

Fuera, Madrid está oscuro, sí, pero vivo...

 

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