Autor: Cavero Lataillade, Íñigo. 
   La Jefatura Nacional del Movimiento, ante la sucesión     
 
 Informaciones.    15/11/1975.  Página: 12. Páginas: 1. Párrafos: 17. 

LA JEFATURA NACIONAL DEL MOVIMIENTO, ANTE LA SUCESION

Por Iñigo CAVERO

A veces el comentarista de tenias políticos y constitucionales recibe el encargo de ocuparse de alguna

materia por la que no siente especial atracción. Asume la tarea de escribir e informar sobre el tema, pero

deja previa constancia de sus profundas reservas y de su opción por otras formas de articular la

participación y representación política.

La proximidad al cumplimiento de las previsiones de la ley de Sucesión en la Jefatura del Estado plantea

algunos problemas jurídico-constitucionales y políticos que pueden tener cierto interés informativo.

El Príncipe de España ha asumido las funciones de la Jefatura del Estado por enfermedad del titular de la

misma, de acuerdo con lo previsto en el artículo 11 de la Ley Orgánica del Estado, pero en algunos

comentarios periodísticos se han planteado dudas sobre la situación de titularidad y ejercicio que se

produce respecto a la Jefatura Nacional del Movimiento.

Así como me parece que es opinable si la sustitución temporal en la Jefatura del Estado alcanza a las

prerrogativas extraordinarias, que fueron concedidas al actual Jefe del Estado en circunstancias

excepcionales, no puede desconocerse especialmente después de leer el artículo 1.° de la ley de 14 de

julio de 1972, que la Jefatura Nacional del Movimiento, en tanto no se cumplan las previsiones

sucesorias, le corresponde "con carácter vitalicio" e "intuitae personae" a Francisco Franco (Transitoria

III de la Ley Orgánica del Estado). Acredita esta incuestionable opinión sobre el alcance del carácter

personalísimo de la actual Jefatura del Movimiento, la posición adoptada por el intérprete mas autorizado

en 1974, con motivo de su crisis de salud, que aún durante los últimos días de la suspensión temporal de

sus funciones en la Primera Magistratura del Estado, recibió para despacho, al ministro secretario general

del Movimiento e incluso designó a dos consejeros nacionales del Movimiento para cubrir dos vacantes

producidas en el grupo selecto de los cuarenta (almirante Pita da Veiga y señor Utrera Molina),

nombramientos que, según se comentó por entonces, fueron conocidos por el presidente del Gobierno por

los medios de comunicación social.

Como la sustitución actual incide únicamente sobre la Jefatura del Estado, la Jefatura Nacional del

Movimiento sigue residenciada formalmente en el Fundador del Régimen, no obstante sus problemas de

salud para desempeñarla.

Si esta situación se mantuviera, probablemente, se le plantearían algunos problemas funcionales al

secretario general del Movimiento, que en su doble carácter de vicepresidente del Consejo Nacional y

director del Movimiento organización, venía, según práctica establecida en el ejercicio de la función,

despachando directamente con el jefe nacional del Movimiento.

Pero, paralelamente, el secretario general del Movimiento, no obstante su condición , de miembro del

Gobierno, en el actual interregno adquiere una circunstancial autonomía y relevancia respecto a la

estructura del Movimiento, ya que, conforme al artículo 39 de la Ley. Orgánica del Movimiento, "dirige

la organización y servicios", "bajo la autoridad de la Jefatura Nacional", cuyo ejercicio es de dificultosa

efectividad.

Al cumplirse las previsiones sucesorias, "el Sucesor" asumirá, automáticamente con la Jefatura del

Estado, la del Movimiento, ya que al iniciarse el ejercicio de otra etapa histórica del Régimen, es de

aplicación, al respecto, lo preceptuado en los artículos 6.º y 7.° de la Ley Orgánica del Estado.

Pero esta identificación institucional de ambas jefaturas tiene un carácter más simbólico que efectivo,

pues si bien al Jefe del Estado le corresponde presidir, si lo estima oportuno, las deliberaciones del

Consejo Nacional y recabar informes del mismo, se produce por imperio de la propia Ley Orgánica, una

formosa delegación de la Jefatura Nacional del Movimiento en el presidente del Gobierno, que la

desempeñará "en nombre del Jefe del Estado", pero "asistido por el Consejo Nacional y el secretario

general".

En consecuencia, el presidente del Gobierno encuentra reforzada su posición respecto a la situación

anterior, en la que el Consejo Nacional y la Organización del Movimiento quedaban sometidos a 1a

autoridad del Jefe del Estado, con la colaboración directa del ministro secretario general del Movimiento

El titular de la Secretaría General del Movimiento desplazará su dependencia directa del Jefe del Estado,

a una sumisión de autoridad respecto al presidente del Gobierno.

Ello vendrá a suponer cierta desvalorizaron de la Secretaría General del Movimiento, que queda

miméticamente sometida al presidente del Gobierno.

El presidente del Gobierno, en tal circunstancia, no estará sentado en los plenos del Consejo Nacional,

como hasta ahora, en el banco del Gobierno, viendo cómo lo preside un ministro de su propio Gabinete,

sino, por el contrario, ocupará el sitial del podium presidencial.

Esta nueva función que asumirá, el presidente del Gobierno, y que potencia su posición política, es un

argumento más en favor de la tesis que preconiza que el futuro Rey debe realizar una designación para

presidir al Gobierno, en persona que goce de su mayor confianza y que sea capaz de adaptarse a unas

nuevas formas, o si se quiere estilo, de ejercer las funciones de dirección del país.

Se dará, además, la peculiaridad de que el presidente del Gobierno presidirá las reuniones de un órgano

constitucional en el que tiene asiento unos ciento ocho procuradores en Cortes, por la dualidad de la

condición de consejero nacional y procurador en Cortes.

Pero constituye todavía una de las extrañas singularidades de nuestro ordenamiento constitucional el

hecho de que el Consejo Nacional, uno de los dos órganos que pueden promover el Recurso de

Contrafuero, esté presidido por el propio presidente del Gobierno, y compuesto en su totalidad por unos

miembros que lo son al tiempo de la Cámara Legislativa, es decir, por componentes relevantes de los dos

órganos que por sus actos, disposiciones o normas, puede dar origen al recurso de contrafuero: el

Gobierno o las Cortes.

El secretario general del Movimiento podría incluso quedar desplazado a un rango de menor relevancia

política, pues su condición de ministro deviene del artículo 38 de la Ley Orgánica del Movimiento (ley

43/13967), norma política, que por no temer rango constitucional basta para su derogación o modificación

la aprobación por las Cortes y la sanción del Jefe del Estado.

Finalmente, es de destacar que el nuevo presidente del Consejo Nacional se encontrará con que entre los

ciento ocho consejeros nacionales, constituyen un grupo histórico los cuarenta consejeros designados por

el anterior jefe nacional, que se convierten en una especie de guardia pretoriana de las esencias del

sistema.

El Movimiento, como comunión´´, "institución" y "organización" cobró en 1967 rango constitucional al

aprobarse por vía referendal la Ley Orgánica del Estado. La realidad es que la actuación del Consejo

Nacional durante estos echo años no ha justificado, a nuestro juicio, su promoción constitucional y que

sobre el análisis jurídíco-político del Movimiento, subsiste un amplio grado de confusión.

 

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