Autor: Orosa, José Luis. 
 Marqués de la Florida, Presidente de los Alféreces Provisionales. 
 Combatientes de toda España vendrían a testimoniar su agredecimiento a Franco     
 
 Informaciones.    08/11/1975.  Páginas: 1. Párrafos: 27. 

MARQUES DE LA FLORIDA, PRESIDENTE DE LOS ALFERECES PROVISIONALES:

Combatientes de toda España vendrían a testimoniar su agradecimiento a Franco

* "ESO DE QUE ESTAMOS EN EL "BUNKER" ES MALINTENCIONADO."

* "TODOS LOS ESPAÑOLES ESTAMOS EMPEÑADOS EN QUE LA TRANSICION SE

PRODUZCA DENTRO DE UNA TONICA DE CONVIVENCIA."

* "NO HAY RAZON PARA SUPONER, EN ESTOS MOMENTOS, UNA INTERVENCION DEL

EJERCITO."

* "ENTRE EJERCITO Y PUEBLO, LAS RELACIONES SON CONGENITAS"

Por José Luis OROSA

DICEN que tiene las Obras Completas de Azaña en so biblioteca, plagada también de trofeos deportivos

alcanzados como actor y como dirigente. Preside hoy 40 sociedades anónimas. De don Luis Benitez de

Lugo y decimocuarto marqués de la Florida, decían ya en sus tiempos que era un chico de la calle de

Serrano, que pasaba más tiempo en las pistas deportivas que en la terraza del bar.

El marqués de la Florida, que nace y estudia en Madrid y en El Pilar, es también señor de Fuerteventura.

señor del Sahara, adelantado de Canarias y un sinfín de blasones de las islas Afortunadas Cuando en 1880

el sultán de Marruecos firmo un tratado con O´Donnell sobre el Ifni y Sahara, en la mesa de negociación

hubo que tener en cuenta los derechos de los señores de Canarias los Benitez de Lugo.

Por lo demás, el marqués de la Florida comienza su vida política en la A.E.T en el año 32, y luego pasa a

la Falange. El alzamiento (e pilla en Madrid y se refugia en la Embajada francesa. Tenía entonces

veintiún años. Dice que carece de ambiciones políticas aunque, según parece, su influencia no es poca.

Tengo la impresión de que en alguna ocasión, durante nuestra conversación, sus ideas personales

permanecen, como un iceberg, mas abajo que el promptuario político de la Hermandad de Alféreces

Provisionales de que es presidente. Parece que conoce muy bien a José Antonio Girón, al que defiende de

su imagen firme y dura. Tengo, no obstante, la impresión de que está muy distante, políticamente, de Blas

Pinar. En fin, para centrar un poco el marco de juego, don Luis Benítez de Lugo decía en septiembre de

1973 que «el almirante Carrero Blanco constituye la mejor garantía de continuidad ejecutiva para el

pensamiento y la obra de Franco... El actual Gobierno goza de nuestra (de la Hermandad) total confianza

y no tiene oposición dentro de los hombres del Régimen.» En julio de 1974, el marqués de la Florida

declara: «La Hermandad de Alféreces Provisionales, lejos de ser un instrumento de presión, nos sentimos

solidarios de la apertura, sin entrar a definirla en sus límites.»

La Hermandad de Alféreces Provisionales, de la que es reelegido presidente este mismo año, nace en

marzo de 1958 y se une a la Confederación Nacional de Combatientes

«Yo soy vicepresidente de la Confederación Nacional de Combatientes. Ya sabe usted que hemos quitado

el prefijo "ex"´, en noviembre de 1974. En dicha Confederación se integraron las nueve Hermandades

conocidas: Tercio de Requetes. Banderas de Falange. Marineros Voluntarios, Legión. Sargentos

Provisionales. División Azul. Ex cautivos, Ex combatientes y, naturalmente, la Hermandad de Alféreces

Provisionales.

—¿Qué vínculos tiene la Hermandad con el Ejército?

—Mire usted, la Hermandad de Alféreces Provisionales está vinculada al Ejército, pero, al mismo

tiempo, con plena independencia. Se da la circunstancia de que gran número de militares en activo

pertenecen a la Hermandad. Yo suelo decir con frecuencia que somos la proyección del Ejército en la

vida civil española.

—Hay quienes estiman que los alféreces provisionales mantienen una ideología muy a la derecha,

inmovilista. ¿Tiene usted algo que objetar?

—Es muy cómodo definir sin conocimiento de causa, pero no existe estamento ni organización que haya

evolucionado más que nosotros. Vamos al unisono del país. Conviene recortar lo que era aquella España

triste que nosotros heredamos, una España llena de diferencias sociales por no decir, a veces, abismales.

Hoy tenemos una España presta al diálogo y a la apertura. Cuando se nos dice que estamos en el

«bunker», ta frase, aparte de ser malintencionada, no tiene razón de ser. No puede olvidarse dónde

estábamos en el treinta y nueve y dónde estamos hoy. Tal vez sean otros los que se han plantado en el

tiempo. La cruzada está ya lejana y los grupos políticos aún siguen acordándose de ella. En el mundo,

ahora, el lenguaje empleado es distinto. Sin embargo, esos grupos políticos, que todos conocemos y que

no merece la pena reseñar, siguen hablando en España de repartos proporcionales, del «quítate tú para

ponerme yo». Los términos son completamente distintos: los socialdemócratas alemanes, los laboristas

británicos, los socialistas franceses hablan de nacionalizaciones. Este es un ejemplo bien claro. ¿Quiénes

son los que no han evolucionado?: los que siguen plantados en mil novecientos treinta y seis. Las

contexturas políticas no son las mismas y es un error confundir al terrorismo con grupos democráticos

cuya afinidad con los de España permítame que yo ponga en tela de juicio.

En resumen, ¿participa usted de la opinión de Hugh Thomas, que en pasados días opinaba en

INFORMACIONES que la guerra civil no se había olvidado por todos en España?

—Es natural que se mantenga vivo el recuerdo de algo que costó tanta sangre y es lógico también que a

los que estuvimos en la zona nacional nos sea más fácil dar por terminada aquella cruzada a la que nunca

se debió llegar.

—¿No cree usted que la Hermandad es un grupo de presión sobre el Régimen en estos momentos?

—La Hermandad no es política, aunque, esto no quiere decir que sus hombres no actúen en política,

pero no corporativamente. La única presión que puede tener la Hertuandad es el valor personal de sus

componentes en los diferentes sectores de la vida nacional. Ya sabe usted que con nosotros están

integrados también nuestros hijos y los alféreces de las micias universitarias que voluntariamente han

querido inscribirse. Eso supone que las generaciones de los universitarios posteriores a la guerra también

coinciden con nosotros en esas ideas espirituales que modestamente pensamos representar. La Hermandad

de Alféreces Provisionales, por otra parte, representa genuinamento a la clase media española.

—¿Existe, pues, libertad dentro de la Hermandad para inscribirse en las diversas opciones políticas que

puedan presentarse?

—Hay plena libertad para que los compañeros todos puedan inscribirse en aquellas asociaciones o grupos

políticos dentro de las instituciones vigentes.

«OPERACION LUCERO»

—¿Cuál es el papel atribuido en la «Operación Lucero» a organizaciones civiles como la de Ex

combatientes o la de Alféreces Provisionales...?

—Hacerme esta pregunta supone que conoce usted lo que es la «Operación Lucero», de la que tantas

cosas se dice. Pienso yo que, como una organización más, los combatientes podrán estar implicados en

todo aquello que suponga la garantía constitucional del Régimen.

—Han circulado por el país diversos rumores acerca de las concentraciones de ex combatientes, alféreces

provisionales, marinos voluntarios de la cruzada, etcétera. ¿Podría explicarnos cuál ha sido el motivo de

estas concentraciones?

—Los hombres que hemos tenido como norma en la vida, por encima de todo, la lealtad a unos principios

inmutables que encarna Francisco Franco, pensamos la obligación que tenemos de dedicarle un homenaje

póstumo de despedida con el mayor cariño y afecto, si se produjera, desgradacladamente, su

fallecimiento. Cincuenta o sesenta mil combatientes vendrían de toda España para testimoniar el

agradecimiento a quien nos dio estos maravillosos años de paz, ejemplo del mundo entero. Los hombres

que vienen al acto son los que dieron todo sin pedir nunca nada.

—Según usted, ¿qué cree que pasará el día en que entierren al general Franco?

—La aprobación en su día por las Cortes de la propuesta que hizo Franco a favor del Príncipe Juan

Carlos, Príncipe de España, es la mayor garantía de la continuidad, con la seguridad plena de que no se

van a producir convulsiones que afecten al futuro de la patria. La ley de Sucesión y restantes Leyes

Fundamentales funcionarán como lo han hecho hasta ahora, máxime dado el decidido empeño que

tenemos todos los españoles, sean del color que sean, en que los hechos se produzcan dentro de una

tónica general de convivencia humana.

—¿Desecha, entonces una posible operación de fuerza, en estos momentos de transición?

—El Ejército es apolítico, como han dicho en distintas ocasiones los tres ministros de las Fuerzas

Armadas. El Ejército es del pueblo y soto su intervención es justificada cuando está en peligro la patria.

No hay razón, en estos momentos, pan suponer aleo parecido. Cualquier otra organización no tiene

medios para poder actuar, ni la dejaríamos, naturalmente, la mayoría de los españoles que aspiran a que la

paz continúe sin tránsitos irreversibles.

EL FUTURO —En ocasiones, usted mismo se ha declarada partidario de la apertura. ¿Hasta donde?

¿Incluye esta apertura la formación de partidos políticos?

—Más que de partidos políticos yo hablaría de «grupos políticos», asociaciones, con ideas propias dentro

de unos contextos sociales de mejora, que están claros en los pilotos e ideas joseantonianos. No hay temor

a la palabra partido si éste no representase una serie de ideas fracasadas ya en España y de amarga

experiencia para todos. Creo fundamental poner al día la dialéctica del Régimen, pero con nuestro propio

sentido de ver las cosas, Indalecio Prieto decía, con un sentido realista, que la metamorfosis del español

no tiene comparación posible con las filosofías políticas de una Europa en constante lucha por la

supervivencia.

—¿Cómo ve la Hermandad la figura del futuro Rey?

—La semana pasada, en la audiencia del Príncipe a la Hermandad, yo expresaba cuál era nuestro

sentimiento: nosotros que sabemos bien de lealtades y respetos comprendemos y admiramos mucho mejor

la forma de ser y de actuar del Príncipe. Vimos con verdadera satisfacción cómo en la plaza de Oriente se

unía el nombre del Caudillo al del Príncipe de España. Tenemos la seguridad de que el futuro que encarna

don Juan Carlos está garantizado en lo que de él dependa. Ese es nuestro sentir hoy y no sólo nuestro,

sino de la mayoría del pueblo español.

—¿Cree usted en la posibilidad de un franquismo sin Franco?

—Franco pasa a la posterioridad, para los españoles, como el «Gran Capitán» de nuestro siglo. Sus ideas,

como hombre de Gobierno, como estadista y como planificador, van unidas a su constante deseo de paz,

la paz de Franco. La Historia, sin pasión, será quien juzgue su obra. Su espíritu se mantendrá vivo.

INFORMACIONES POLITICAS

8 de noviembre de 1975

 

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