Autor: Martín Oviedo, José María. 
   El Consejo del Reino     
 
 Informaciones.    08/11/1975.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

EL CONSEJO DEL REINO

Por José María MARTIN OVIEDO

NUESTRO Consejo del Reino poco o nada tiene que ver con los Consejos del Rey o Real de épocas

anteriores. En rigor se trata de una pieza nueva, de importancia principal, como antes decía, construida

para lograr el complejo y peculiar, equilibrio de poderes que en su dilatado proceso constituyente ha ido

montando nuestro actual sistema político.

Lo crea la ley de Sucesión (1947) para asistir «al Jefe del Estado en los asuntos y resoluciones

trascendentales». Pero con ocasión de la Ley Orgánica del Estado (1967) se modifica su composición y

—lo que es más importante— se definen nuevas y básicas competencias del mismo.

El Consejo del Reino consta de dos bloques de miembros: los que lo son coma consecuencia de otro

cargo previo («natos») y los que acceden a aquél a través de un cierto procedimiento «electivo». Los

primeros no han variado con la Ley Orgánica del Estado; sí, en cambio, los segundos.

En grandes líneas, los siete consejeros «natos» corresponden a seis entidades o núcleos representativos, a

saber: las Cortes «cuyo presidente lo es a la vez del Consejo del Reino), la Iglesia (prelado de mayor

jerarquía y antigüedad que, a la vea, sea procurador en Cortes), el Ejército ( capitán o teniente general

más antiguo...y jefe del Alto Estado Mayor...), los Tribunales (presidente del Tribunal Supremo), la

Administración consultiva), (presidente del Consejo de Estado) y la Cultura .(presidente del Instituto de

España, que agrupa las Reales Academias). Siete a seis —subrayo— ; las Fuerzas Armadas doblan su

representación institucional en este grupo de consejeros.

Los consejeros «electivos» han experimentado una sensible variación con la ley de 1967. Su número total,

por de pronto, asciende de siete a diez. Su procedencia se altera con el más matizado sistema

representativo introducido entre tanto. En los orígenes (1947) los bloques son —dinamos— más simples

Cortes (cuatro con otros tantos subgrupos de procedencia) y designados por el Jefe del Estado (tres, con

igual número de subgrupos, de los que dos, a su vez, proceden también de las Cortes). Estos últimos

desaparecen en 1967, mientras que se aumenta el número y subgrupos de los procedentes de las Cortes y,

por otro lado, se da entrada a la representación del Consejo Nacional del Movimiento.

La asistencia al Jefe del Estado en «los asuntos resoluciones trascendentales» de la ley de Sucesión

quedaban en ésta especificados de modo muy concreto: tres supuestos (devolución a las Cortes de

proyectos de ley, declarar la guerra o acordar la paz y proponer a las Cortes el sucesor), más una remisión

a otros casos de la propia ley. Estos, por su .parte, son cinco, todos ellos relacionados con la sucesión del

Jefe del Estado (juramento, elección en su caso, abdicaciones, renuncias, etc., exclusión e incapacidad del

Jefe del Estado).

Con la Ley Orgánica del Estado el juego legal del Consejo del Reino se amplia en forma extraordinaria.

Resultaría largo y en exceso complicado exponer aquí las nuevas funciones que a aquél se atribuyen. A

modo de resumen elemental digamos que el Consejo del Reino se inserta como pieza básica de las más

altas decisiones, por lo general, además, políticas, del Jefe del Estado: fundamentalmente en las

relaciones de éste con las Cortes ( prórroga de éstas a destacar), en cuanto a la actuación jurídica

excepcional de aquél («defensa de la Constitución») y con importancia básica y constante ejercicio, por lo

que hace a limitar al propio Jefe del Estado la libertad en la designación de los más altos cargos del

Estado (en particular presidente del Gobierno) mediante el sistema de «ternas» (condicionando también

algunos de sus modos de cese).

Mención especial merecen las funciones que al Consejo del Reino otorgan las leyes al producirse la

sucesión en la Jefatura del Estado. Ciñéndonos al supuesto presente (existencia de un sucesor a título

de Rey), tales funciones se constriñen, en puridad, al funcionamiento normal del mecanismo

sucesorio:, recibir el juramento del nuevo Rey, juntamente con las Cortes. Contra lo que a veces se

cree, confundiendo órganos, el poder interino no lo ejerce este Consejo, sino el de Regencia (presidente

de las Cortes, prelado consejero del Reino y capitán o teniente general más antiguo o sus respectivos

suplentes). Si, por el contrario, la sucesión se desarrollase sin existir un previo sucesor, el papel del

Consejo del Reino sería mucho más decisivo: proponer, junto con el Gobierno, a las Cortes el nuevo Rey

o, en su defecto, Regente.

Para concluir este apretado resumen, dos palabras sobre la significación legal y real del Consejo del Reino

en el desenvolvimiento del sistema político del futuro Rey, muy en particular, por lo que a la actuación

propia de éste se refiere.

Desde la perspectiva legal nada cambia con respecto a las funciones a que me he referido antes: el

Consejo del Reino con el Rey será, según las normas, el mismo que ha acompañado a Franco a lo largo de

veintiocho años (en especial en los ocho últimos: desde la Ley Orgánica del Estado). Sin embargo, aún a

riesgo de otear horizontes que aún no han despuntado, cabe decir que el juego real del Consejo del Reino

se potenciará de modo notorio, acaso trascendental. Y ello no sólo por la desaparición del «carisma»

personal de Franco. Todavía en un plano de transición de las normas a la realidad se ha escrito que «el

Consejo del Reino... se presenta como un órgano político colectivo, que, indiscutiblemente, participa de

los caracteres de la Jefatura del Estado» (Medina Muños). En la estricta, aunque hipotética realidad, el

Rey habrá de compartir en buena medida su iniciativa política con tal órgano. De donde la posición que

éste asuma con respecto a aquél constituirá, sin duda alguna, uno de los datos determinantes de nuestra

más próxima evolución política.

INFORMACIONES POLITICAS

 

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