Autor: Meliá Pericás, Josep. 
   Una semana de espera     
 
 Informaciones.    01/11/1975.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

Una semana de espera

Por Josep MELIA

EL pasado jueves, catorce días después del comienzo de la enfermedad de Franco, el presidente del

Gobierno decidió aplicar el artículo 11 de la Ley Orgánica del Estado. Noticias no desmentidas señalan

que dicha medida fue adoptada a las once de la mañana, en el curso de una visita de Arias y Valcárcel a la

Zarzuela y que fue aceptada inmediatamente por el Príncipe.

Una vez más a la vista de todo ella, resulta necesario referirse a la ambigüedad de muchos términos y

preceptos de las Leyes Fundamentales. El artículo 11 de la ley Orgánica en efecto habla de que el

heredero de la Corona asumirá la Jefatura del Estado en caso de enfermedad de su titular. Asumir según el

Diccionario de la Academia. significa tan sólo atraer a su tomar para sí». Ni siquiera en uno de estos

verbos equívocos, con varias acepciones divergentes. En único verbo de la primera frase, larguísima, del

artículo 11 citado, sin embargo, es este «asumirá», que deja en él aire la iniciativa de la Mea. El precepto

parece intuyera la existencia de un engranaje automático, de una transmisión mecanicista. Los hechos, sin

embargo, son bastante diferentes.

Basta, si no, comparar; la intrahistoria de la primera y la segunda interinidad. En el primer caso, según,

se dijo entonces en Madrid, las gestiones de Arias se encaminaran a obtener la anuencia del Jefe :del

Estado. Esta vez se han encaminado a obtener la conformidad del Príncipe. Pero ni en uno ni en otro caso

ha quedado claro si la iniciativa corresponde al Jefe del Estado, al Príncipe o al presidente del Gobierno.

Lo único que está expresamente resuelto es que «en todo caso el presidente del Gobierno dará cuenta a las

Cortes» Pero ésa, es otra cuestión.

EL 19 de Julio de 1974 era «Su Excelencia el Jefe del Estado, (quien) teniendo en cuenta el curso de su

enfermedad, ha dispuesto que el presidente del Gobierno de cuenta...», etc. Esta vez, en cambio, no ha

sido ni el Jefe del Estado ni el Príncipe quienes lo han dispuesto. Es un matiz.

No extrañará, a la vista de todo lo anterior, que el inmenso rumor que fue Madrid durante la pasada

semana, se haya tornado en ésta un mar de dudas y de preguntas sin respuesta. ¿Qué es legalmente una

enfermedad? Es una primera cuestión que requiere una jurisprudencia certera. Hace quince días. con

ocasión del último Consejo de ministros en El Pardo, se dijo oficialmente que Franco padecía una leve

afección gripal. Pedro Rodríguez cuenta ahora que fue al Consejo después de un ataque al corazón, contra

las advertencias de los médicos, y controlado por artofonía a distancia. A partir de entonces, entre los

silencios de que hablé el pasado sábado y las constantes informaciones que desde entonces se nos han

ofrecido, hemos vivido en una catarata de términos médicos que los profanos no entenderíamos, pero con

concisos clarizanos que hablaban de «gravedad» e incluso de «extraordinariamente grave» ¿Cómo es

posible, entonces, que no se haya aplicado antes el artículo de la ley Orgánica del Estado?

EL ARTÍCULO 11 Me hago la pregunta con rubor pero con honestidad. Y me van a permitir el atisbo de

una leve opinión personal. He dicho a quien me lo ha preguntado que no creía en la conveniencia de una

sucesión definitiva en vida de Franco. Por parecidas causas a las que justifican aquella opinión, entiendo

también que una segunda interinidad desgasta al Príncipe y a la Corona que no permite que su mandato

arranque con los gestos de reconciliación que confío en que inspiren su marcha. Pero aun así, creo que el

país está por encima de todo. Posiblemente no se explicó bien el ministro de información y Turismo

después del ultimo Consejo decisorio. El vacío de poder existía y era grave. No trata cuenta fingir. No

tenía sentido haber aplicado el artículo 11 en julio de 1974, en circunstancias menos graves, y resistirse a

ponerlo en rodaje cuando nuevamente .los hechos lo exigían. Con tacto, sin ánimo de avivar el fuego

echando mas leña a la hoguera, debo reproducir algo que he oído una y otra vez en círculos políticos y

parlamentarios: hemos estado viviendo en un supuesto de inconstitucionalidad. Y lo digo después de

haber advertido mi identificación con los riesgos políticos que contiene el cumplimiento de la ley Pero

con la conciencia de que España necesita una voluntad firme de cumplir las leyes contra todo interés

personal o de grupo. Seguro de que el mejor testimonio que podemos dar quienes discurrimos por los

senderos de la actividad política es nuestro deseo de cumplir incluso aquellas normas legales que no nos

convencen Normas que habrá, que cambiar, seguramente, pero que entretanto deben alejar de si cualquier

penumbra. No es fácil admitir, por ejemplo, que los decretos aprobados en el Consejo de ministros del

jueves 23 no puedan aparecer en el «Boletín Oficial del Estado» por no haber posibilidad de que sean

sancionados por el Jefe del Estado.

Dentro de esta atmósfera de preocupación, con el país tenso y castigado por la falta dé sueño, ávido de

noticias y en proceso de repolitización, hemos llegado al que. si la memoria no me falla, debe ser el

primer Consejo de ministros de la historia que se celebra en el palacio de La Zarzuela y hemos llegado a

este hito decisivo en nuestro acontecer histórico después de una semana de zozobras.

INFUNDADO ALARMISMO.

El país, en efecto, comenzó la semana con más pie. Cuando el locutor Vicente Martínez aparecer en las

pantallas de televisión después de las nonerias del comisario Mac Vlillan y su esposa los españoles se

hicieron a la idea de que la cosa era irreversible. Minutos después cuando se cortaba la voz de Jose María

García y todas las emisoras en conexión con "Radio Nacional comenzaban a transmitir música sacra, la

espera se hacía tensa Una unidad móvil de televisión entraba en el Ministerio de Información y Turismo

al tiempo que los ministros se retiraban del Pardo Entretanto numerosos procuradores y periodistas hacían

guardia en las Cortes los Consejeros del Reino estaban localizados y recibían información telefónica

desde la secretaria de Valcárcel y se confirmaba que los tres miembros del Consejo del Reino no habían

coincidido en ningún momento.

Insisto ahora en que después de la parquedad de las informaciones de la primera semana de la enfermedad

en esta segunda hubo fruición y en más de una ocasión infundado alarmismo. El todo o nada, la pendular

idiosincrasia de esta tierra, se ha mostrado una vez más como una pesadilla insuperable Y diré también

que como país y, para colmo, como país que tiene mala Prensa en el exterior tampoco hemos sido muy

cumplidos en atender a los informadores que cubrían la vela frente a la tapia de palacio.

Gracias a nombres como ellos sin embargo, el país iba teniendo noticia de algo más que de los escuetos

términos de tos partes médicos. Ellos vigilaban las salidas y entradas. Tenían las cámaras de televisión

enfocadas hacia el techo de palacio. Justo allí donde el guión de Franco, turquesa y dorado, debía quedar

a media asta, según los rumores, en el momento en que se produjera el óbito. Noticia que se ha

desmentido últimamente.

No voy a tratar de hacer la crónica, naturalmente, de unos hechos que están en la memoria de todos la

inquietud ante los partes médicos ,la venta masiva de transistores, el agotamiento de las provisiones de

pilas eléctricas los sucesivos agravamientos y mejorías, el manto de la Virgen del Pilar las constantes

referencias a la lucidez, los cambios en el equipo médico, los deseos de explicación de la jerga utilizada,

las disputas sobre si es acertado o no el diagnóstico de una trombosis mesentérica que, según los

manuales, es de fatales consecuencias, forman parte del comentario casi constante de treinta y cinco

millones de españoles. De un país, en definitiva del que se podrá decir que ha conservado la calma y la

serenidad, pero que no ha trabajado demasiado en los últimos días. Y que incluso ha visto cómo la Bolsa

observaba una tendencia al alza como sismógrafo intuitivo de las perspectiva de cambio en la normalidad.

De esto y de mucho más como es lógico se ha hablado estos días De si era o no preceptivo que continuara

el Gobierno. En eso parece que fiemos llegado al acuerdo de que las leyes no están claras, pero que por

cortesía, en cualquier caso carece lógico que el presidente presente su dimisión. A renglón seguido ha

venido el tema de los presidenciales: Fraga, DiezAlegría RuizGimenez v sobre todo José María de

Areilza. También que si convenía o no un Gobierno de coalición Emilio Romero y Juan Luis Cebrián han

tratado de dialogar sobre un tema tan escabroso. En el caso de Romero su defensa del Gobierno ha sido

una de las más sutiles e inteligentes que recuerdo. Casi ni se notaba. Los argumentos que emergían, como

la parte visible del iceberg eran sólidos y brillantes Pero hay otros argumentos igualmente sólidos y

brillantes que llevan a la conclusión contraria. Pero el asunto en cualquiera de los casos requiere un

diálogo apacible, mucha sangre fría y objetividad. Ya llegaré el caso de enfrentarse con él. El tema no se

agota en las formas. Lo que en verdad importa es saber hasta que punto la continuidad que la mayoría

desea, no implica el deseo de algunos de seguir manteniendo fuera de la ley a fuerzas políticas y sociales

imprescindibles. Conservando, como corolario la privilegiada situación de grupos de ideologías cuya

verdadera clientela sólo se conocerá cuando se produzcan unas elecciones con sufragio universal

FUTURO AZUL

Algo de esto, me temo, rondaba en el deseo de que por nada del mundo se suspendiera el acto del Consejo

Nacional y estaba expreso en las palabras que Antonio Pedrosa Latas, que llevaba camisa falangista,

dirigió a la Comisión de Trabajo de las Cortes al decir que confiaba que el futuro seguiría siendo azul.

Hay que convenir con todo que Solís también se mantuve prudente y en las breves palabras que pronunció

en el Palacio del Senado. Y es que acaso es momento de cortos discursos. Y las verdaderas batallas las

alineaciones y tomas de posición discurren por veredas que no alcanza a distinguir este modesto

observador de 1a realidad. Aunque no le falte la certeza de que como en el cuento, lo que sea sonará.

1 de noviembre de 1975

INFORMACIONES POLITICAS 3

 

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