occidente, ante los cambios en España     
 
 Informaciones.    01/11/1975.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

OCCIDENTE, ANTE LOS CAMBIOS EN ESPAÑA

Washington quiere que España se europeice

NUEVA YORK. (Corresponsal de INFORMACIONES.) TRAS las lecciones, más o menos enmendadas,

heredadas de Portugal, Grecia y Turquía, los Estados Unidos parecen caminar con pies de plomo en los

acontecimientos políticos españoles. La Casa Blanca, el Departamento de Estado y cualquier funcionario

que ha podido ser consultado esta última semana con relación a los momentos históricos que vive España

ha guardado un completo silencio a nivel oficial.

Pero a nadie escapa que este silencio se refiere más a reacciones inmediatas que a una política definida

sobre España, la cual existe desde hace décadas. El secretario de Estado, Henry Kissinger, ha dado ya la

bienvenida, una semana antes incluso de que el acontecimiento se produjera, a la sucesión futura del

Príncipe Juan Carlos. «Apoyaremos con simpatía y cooperación al Príncipe Juan Carlos. En tanto el

hecho se produzca, no podemos comentar», declaró. Para muchos observadores que siguen en

Washington las relaciones entre los dos países, esta breve frase de Kissinger resalta la satisfacción

norteamericana ante el funcionamiento ordenado de las previsiones sucesorias del sistema constitucional

español.

No obstante, todo parece indicar que la política norteamericana hacia España descansa primordialmente

en el cerebro del secretario de Estado, Henry Kissinger, y en su concepto de la estrategia geopolítica

global estadounidense en Europa. En el tema ibérico, incluido Portugal, Kissinger y su competidor en

otros temas, el secretario de Defensa, James Schelesinger, están totalmente de acuerdo, como lo

demuestra el frente común que ambos Departamentos han mantenido en las negociaciones con el

Ministerio español de Asuntos Exteriores sobre los nuevos acuerdos de cooperación y utilización de

instalaciones militares en España. A Estados Unidos le interesa una sola cosa en España, y ésta es seguir

utilizando algunas de las bases militares que disfruta en suelo español, cosa que resulta más fácil si en

Madrid permanece un Gobierno o régimen amigo.

Para la consecución de esta meta, sin embargo, Washington ha cuidado todos los frentes y alternativas

que se ofrecen en el espectro político español. Así, mientras el Príncipe Juan Carlos era recibido, de

hecho, durante la presidencia de Richard Nixon, con honores de Jefe de Estado en la capital

norteamericana, funcionarios norteamericanos mantenían contactos, prácticamente públicos, tras el

asesinato del presidente del Gobierno, señor Carrero Blanco, con miembros selectos de la llamada

oposición moderada española.

A Estados Unidos le interesa una España integrada, al menos militarmente, en Europa y su sistema

defensivo —como continuamente ha reconocido el secretario de Estado—, y con unas instituciones

políticas europeizadas, según comentaba recientemente un senador en el Congreso. Este mismo senador,

el demócrata Adlai Stevenson, fue el único, con el senador Edward Kennedy, que se atrevió a levantar la

voz en esta parte del Atlántico cuando en Europa arreciaban las críticas que siguieron a las ejecuciones

del pasado septiembre.

Este interés norteamericano, decía privadamente un funcionario del Departamento de Estado, podía haber

sido en estos momentos más abierto y público si Washington y Madrid no estuvieran en medio de unas

delicadas, y aún no completadas, negociaciones sobre el nivel de la relación que debe unir a los dos

países. Este mismo funcionario se hizo eco de las modificaciones que la postura negociadora de ambos

países ha experimentado desde que se tuvo noticia de la enfermedad del Jefe del Estado. El Departamento

de Estado, aunque negando que la situación española hubiese influido en la decisión, rompía con la

tradición de más de dos décadas y anunciaba su deseo de elevar los acuerdos hispanonorteamericanos. de

simplemente ejecutivos, a un estadio donde requerirán alguna forma de ratificación legislativa Madrid

contestaba días más tarde, de forma extraoficial, señalando que los términos del «acuerdomarco»,

negociados dos semanas antes, tendrían que ser revisados para su adaptación a la nueva situación

española. Washington recibió con agrado la iniciativa española.

A Washington, no cabe duda, le gusta la solución que ofrece el Príncipe de España y aunque se continúe

diciendo en el Congreso y en el Ejecutivo que de don Juan Carlos sólo se conoce su imagen deportiva y

de hombre atractivo, es evidentemente muy conocido por los directivos de la política norteamericana

hacia España. El propio Príncipe, a este respecto, se ha encargado de enviar mensajes al exterior en

diversas ocasiones, manifestando a través de conversaciones privadas que luego se reflejaban en algunos

medios informativos, que su programa político es muy concreto. La entrevista, más tarde desautorizada,

con la revista «Newsweek» de esta semana, es un claro ejemplo.

Sólo un temor puede pasar por la mente norteamericana, y éste fue expresado claramente por el senador

demócrata Richard Clark el pasado 23 de octubre, justo a la salida del Comité de Relaciones Exteriores y

de la audiencia especial mantenida por el Comité para escuchar al negociador norteamericano con

España, señor Robert McCloskey. En nuestras relaciones con España, vino a decir el senador, no interesa

sobre todo un entendimiento a largo plazo y formal (Clark se declaró partidario de un tratado entre los dos

países «porque nadie sabe lo que el futuro puede deparar». La opinión de este senador también parece

compartirla la Administración Ford, cuando el señor McCloskey, más diplomático y menos directo, hizo

en la misma ocasión comentarios parecidos.

El temor, se puede afirmar se concreta en la reacción popular adversa que las bases norteamericanas

producen en España y la sensación extendida de que, por razones anteriormente obvias, Madrid recibía

poco por mucho riesgo. La situación puede dar ahora la vuelta. cuando en el horizonte político español

aparezcan otras opciones no sólo defensivas sino también económicas, según se comenta aquí.

1 de noviembre de 1975

 

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