Autor: Orosa, José Luis. 
 Hugh Thomas, Viaje rápido a España. 
 Ninguna maldición histórica impide que España sea como otros países     
 
 Informaciones.    01/11/1975.  Páginas: 1. Párrafos: 29. 

HUGH THOMAS, VIAJE RAPIDO A ESPAÑA

"Ninguna maldición histórica impide que España sea como otros países europeos"

Por José Luis OROSA

HUGH Thomas es fundamentalmente el autor de un libro prohibido que hemos leído casi todos los

españoles: «The Spanish civil War», escrito hace dieciséis años y que ha pasado ya a ser un clásico de la

literatura sobre la guerra civil española.

«NO CREO QUE TODOS LOS ESPAÑOLES HAYAN OLVIDADO LA GUERRA CIVIL»

Thomas vino a España por primera vez en 1955. A partir de esa fecha, se interesa inmediatamente por

nuestro país y decide estudiar a fondo el tema de la internacionalización de la guerra civil española.

Según dice él mismo, su libro se aplica a la historia de ese período sobre todo desde un punto de vista

político y militar, aunque en la actualidad reconoce que, escrito hoy, se interesaría especialmente en los

problemas sociológicos. En la última edición del libro centra más su atención en el origen de la guerra y

menos en las brigadas extranjeras. El libro se ha tradueido a ocho idiomas —entre ellos el español— y

con él ganó el autor el premio Somerset Maugham.

Escritor preocupado por la objetividad y la veracidad, presentó el año pasado en Barcelona su último libro

«Cuba, la lucha por la libertad, 17681962», tres volúmenes con cerca de dos mil paginas.

El mismo confiesa, ya en el terreno de las posiciones ideológicas, que su evolución política procede del

conservadurismo hasta un laborismo moderado que es su filiación política actual. Difiere, al parecer, del

partido en lo que se refiere a la política europea. En fin, podría ser un socialdemócrata pasado, según sus

detractores, por los filtros de la Fabian Society, que nutre a la «intelligentsia» laborista británica.

Partidario de la vinculación británica a Europa, muestra un gran interés por la zona mediterránea.

Este hombre de aspecto soñador, con el sello inconfundible del intelectual británico, nació en Windsor en

1931 y es actualmente profesor de Historia en la Universidad inglesa de Reading. Se educó en el Qeen´s

College, Cambridge y la Sorbona.

Por una vez he visto a un inglés descompuesto. La figura de Mr. Thomas corriendo por el andén de la

estación de Atocha, en Madrid, no responde al «cliché» del profesor de Historia de las universidades

sajonas. Hugh Thomas llegaba de Londres y en el último minuto alcanzó el tren que debería llevarle a

Almería. Un «week end» holgado que comenzó el jueves. El señor Thomas —lo asegura— no viene a

España por razones estrictamente profesionales, si por profesión se entiende la Historia —«no vengo a

España a preparar ningún libro ni documentación alguna sobre el tema español. Creo que ya he dicho

demasiado»—. El señor Thomas viene a España a descansar, invitado por unos amigos. Se sorprende del

encuentro a pie de andén y uno se invita, cortésmente, a acompañarle en el tren hasta Aranjuez. Media

hora de «movida» conversación que contrasta con la soberana reflexión que rodea a sus palabras:

—No veo ninguna maldición histórica que pueda impedir que España, en el siglo XX, sea como

Inglaterra, Francia y otros países.

¿Descubre usted, señor Thomas alguna razón de tipo histórico, político, social, moral o ético en el hecho

de que, a lo largo de setenta años de este siglo, hayamos pasado por trances tan difíciles, por tantas

dificultades para desarrollar una vida política normal?

—Fue una lástima que la República comenzase en los años de la depresión económica a nivel mundial. Es

cierto, España ha sufrido mucho, pero repare usted en que no ha soportado dos guerras mundiales.

España, probablemente, ha sufrido menos que algunos otros países de Europa. A pesar de ello, no creo

que los problemas de los años veinte o treinta permanezcan siempre. Quizá esté, todavía, el problema de

Cataluña. Seguramente, el del País Vasco. También, el problema de la modernización de la sociedad,

pero, en conjunto, han cambiado muchas cosa en España; por ejemplo, el entorno agrícola o, en otro

aspecto, la posición de la Iglesia. Ahora, en este momento, en España hay una burguesía más amplia y

más creativa que la burguesía de los años veinte o treinta, pienso yo. Repito que no veo ninguna

maldición histórica que haga que España continúe siendo diferente a otros países europeos. Por otra parte,

los problemas regionalistas no son privativos de España. En Inglaterra, por ejemplo, tenemos los casos de

Irlanda, Escocia, incluso el País de Gales...

FRANCO,

¿Se desprende alguna lección histórica del hecho de que, durante casi cuarenta años, apenas se haya

modificado el Régimen español?

—Yo creo que el Régimen ha cambiado. No el Jefe del Estado, pero los ministros cambiaron mucho más

que en otros países de Europa. Franco ha empleado algunas «élites» políticas de la Falange, Opus Dei,

Acción Católica, monárquicos, o sea, prácticamente todas. El equipo de Arias Navarro es un equipo muy

diferente al de otros Gabinetes, como el de Carrero Blanco, por ejemplo. Si usted compara al español con

los regímenes comunistas se observa un notable cambio, porque, por ejemplo, Gromyko permanece como

ministro de Asuntos Exteriores desde hace veinticinco años.

—A usted, señor Thomas, ¿qué significación histórica le parece que tendría el fallecimiento de Franco?

—Es claramente el comienzo de una nueva etapa sin que eso signifique una solución política. Habrá más

posibilidades de apertura, aunque no sé exactamente hasta qué punto.

La figura de Franco es muy importante históricamente, pero no creo que el franquismo pueda prolongarse

después de su muerte. Por eso, yo creo que, a su muerte, seguirá una época de cambio, posiblemente

completo.

— Pensemos un poco en el futuro, incluso en el futuro más inmediato... ¿Cómo cree que será aceptado el

Príncipe en las democracias occidentales en cuanto sucesor en la Jefatura del Estado?

—Si se aprovecha la oportunidad para conectar con Occidente, seguramente sí, se le aceptaría en

Occidente. Con los partidos de la oposición, aquí ese es otro problema. No creo que el reconocimiento del

Partido Comunista en España pudiese desembocar en una situación parecida a la de Portugal. España, es

un país mucho más rico que Portugal, el Ejército está, sin comparación, más unido y, además, no tiene un

desafío como el que se encontró el Ejército portugués. El cambio social en España está más avanzado que

en el país vecino... No, éste es otro país. Por otra parte, el Partido Comunista español no tiene más allá de

un 10 ó 12 por 100 del electorado, pienso yo. Además, yo no creo que el partido clave en la situación sea

el Partido Comunista, sino el Socialista y posiblemente el partido de Ruiz-Giménez.

— ¿Cuáles cree usted que podrían ser las primeras medidas del Príncipe nada más hacerse cargo de la

Jefatura del Estado?

— Yo estoy muy interesado en los asuntos de España, pero es muy difícil para mí, un extranjero, decir

o predecir lo que un español puede o debe hacer. En general, algunas de las ideas que posiblemente

pueden ponerse en práctica son: un indulto general sobre todas las responsabilidades que provienen del

pasado, que tienen sus raíces en la guerra civil; un plebiscito sobre la idea de autonomía de algunas

regiones del país. No sé si esta idea es posible, pero creo que es positiva...; me refiero a una autonomía

dentro de una España quizá federal. Posiblemente la palabra «federal» tenga resonancias viejas, pero

hablo de una España naturalmente constitucional. Yo, sinceramente, creo que éste es un país muy

maduro. Existen también otras medidas posibles, como legalizar los partidos políticos y elecciones libres.

Después de ello habría que prepararse para entrar en el Mercado Común...

—¿Un Gobierno de unidad nacional o de reconciliación, que es del que se habla en estos momentos en el

país, seria una solución para comenzar una nueva etapa política?

—¿Por qué no? Si, es posible... Yo, en realidad, estoy a favor de una transición sin violencias y sin mirar

excesivamente al pasado.

—Usted conoce la historia de este país... ¿cree que puede ocurrir algo violento en esta etapa?

—Posiblemente haya algunos momentos difíciles, pero yo no creo que ocurra nada irreparable. Pienso

que es necesario ser optimista con respecto al futuro.

—¿Piensa usted que los españoles, todos han olvidado la guerra civil?

—No, creo que no. Pero si tienen memoria deben aceptar que la violencia es algo que da resultados,

soluciones muy parciales. La única premisa que hay que aceptar de antemano es la de un régimen

constitucional, con autoridad, que respete los derechos de las singularidades y de las minorías.

—¿Cuál es su opinión sobre el Ejército como garantía de transición?

—Creo que el Ejército ha cambiado después de la guerra civil. Tengo la impresión de que las fuerzas

armadas están mas despolitizadas que antes de la guerra. En la guerra civil, el Ejército estuvo muy

dividido en grupos ideológicos: anarquistas, socialistas... Antes de la guerra, era el Ejército más dividido

de Europa.

—¿En la nueva situación política, nuestras relaciones exteriores clave pueden adquirir un nuevo rumbo?

En el caso de nuestras relaciones con Inglaterra, ¿cree usted que el viejo problema de Gibraltar puede

encontrar una solución más rápida?

—Yo, personalmente, estoy a favor de un arreglo del problema de Gibraltar. El Partido Laborista, incluso,

ha llegado a decir que también está a favor del reconocimiento de la soberanía del Peñón a una España

democrática. Apoyo esta solución.

Europa...

—España puede ser miembro del Mercado Común con mucha más razón que Grecia, por ejemplo. Ahora

bien, en este momento, Grecia tiene más posibilidades que España.

—En este terreno de las relaciones exteriores de España..., la campaña internacional que se produjo contra

nuestro país, a raíz de las ejecuciones, ¿tiene, según usted, alguna motivación de tipo histórico además de

la puramente política?

—Es muy fácil criticar a España sin pensar en las consecuencias. Creo que una alianza internacional

sobre este tema es contraproducente. De todos modos, las motivaciones eran diferentes, según los países.

En Inglaterra, la discusión se centraba más que nada en los puntos de vista sobre la modalidad de los

procesos, más que en las propias ejecuciones...

EDITOR: Guillermo Medina. COLABORAN EN ESTE NUMERO: Ángel Luis de la Calle, Juan Luis

Cebrián, Forges, Carlos Gutiérrez, Abel Hernández, Fernando Jánregui, José A. Loriga, Josep Meliá,

Pedro Moreno, José L. Orosa, Jesús Pardo, Carlos PérezDíaz, Peridis, Gerardo Rodríguez, Alberto

Valverde y Améríco Vélez.

POLITICAS

1 de noviembre de 1975

 

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