Los nombres de la política. 
 Tomando posiciones     
 
 Informaciones.    15/11/1975.  Página: 3-4. Páginas: 2. Párrafos: 9. 

LOS NOMBRES DE LA POLITICA

TOMANDO POSICIONES

DE momento estamos en período de precalentamiento. A pesar de la fatiga del nerviosismo, el país se

prepara para el gran debate, al que asistirán, desde luego, espectadores atentos de medio mundo. Apenas

el Sahara permitió un respiro, el sector político se ha escalonado en el campo, en sus posiciones naturales,

esperando el disparo.

Conferencia de don Antonio María de Oriol y Urquijo en Orense, arenga de don Blas Piñar en Zaragoza,

posible bis del señor Piñar en Badajoz... El señor notario dijo, además de que la guerra no ha terminado

todavía (una de sus tesis preferidas), que existían alrededor del Príncipe altas presiones. Y a continuación

aclaró que millones y millones de españoles desean la continuidad del Régimen, porque, dice el consejero

nacional, aquí no se trata de una restauración monárquica, sino de la instauración de una nueva

Monarquía, que no tiene más legitimidad que la del 18 de julio y de la sangre que se vertió para que don

Juan Carlos llegue a ser Rey. Don Antonio María de Oriol, presidente del Consejo de Estado, vinculado

desde su origen al Movimiento, declaró en una rueda de Prensa previa a la conferencia: "Me parece que

no hay que ir a ningún otro sistema más que a continuar el previsto."

La derecha liberal, más que nada, está preocupada por organizar la moderación, que es un término que

repite frecuentemente Luis María Ansón, A éste le entrevista "II Giornale d´Italia", que también es un

periódico muy moderado. El colega le dice al periódico italiano que la evolución que desea Europa (para

España) es imprescindible, ya que la desean también las nuevas generaciones españolas. Añade que es

deseo de don Juan Carlos que la Monarquía se base en la voluntad libremente expresada por el pueblo

español. Cree que inicialmente el presidente Arias permanecerá en el cargo, aunque posteriormente tenga

lugar una profunda reforma del Gobierno, e insiste en que, por muchos años todavía, es mejor mantener al

Partido Comunista fuera de la legalidad. Según el secretario del Gabinete de Información de don Juan,

esto último es lo que piensan muchos sectores políticos. Don José María de Areilza, que muestra una gran

actividad, y don Antonio Garrigues (padre) parece que coinciden, además, en esto: en que la Monarquía

ha de ser un instrumento institucional de unidad y reconciliación. Del esfuerzo común, el señor Areilza no

excluye a nadie más que al que se autoelimine con su actitud totalitaria. Lo que no tiene que hacer España

—dice el embajador Garrigues en «ABC»— al organizar su democracia es dar vía libre a la propaganda

comunista o pseudocomunista, es decir, totalitaria mientras no se demuestre lo contrario. Según el

embajador, o se admite libertad de propaganda mutua en ambos sectores o no es posible la propaganda en

un solo sentido. Es decir, que las aproximaciones entre estos dos notables son evidentes. Por otra parte, el

conde de Motrico, que hizo un viaje político al País Vasco y a Cataluña en los últimos días, no duda en

calificar de esperanzador el decreto creador de una comisión que estudie un concierto económico que

sustituya al abolido en 1937 como supuesto castigo colectivo. La decisión partió de una reunión de

Gobierno presidida por el Príncipe de España, en funciones de Jefe de Estado. Que sea este paso —

concluye Areilza—, siquiera corto, siquiera mínimo, el primer paso de un largo camino de concordia

civil.

Don Manuel Fraga, mientras tanto, se apercibe para su «rentrée» política. Escribe uno de sus artículos,

«La reforma política». Ayer publicaba otro: «La Monarquía de España», el último de su serie

«Reformas». En el primero afirma: La legitimidad normal en el mundo de hoy es de base democrática y

negociadora: no hay otra. En la última parte del mismo artículo recuerda: Una larga experiencia ha

enseñado a los pueblos que la pura eficiencia en política es a menudo la ocasión de notables abusos. El

Poder corrompe, y tanto más cuanto es más absoluto y más duradero su ejercicio. El embajador Fraga

parece que se ha despedido ya de la Reina Isabel II y fue aplaudido en el Monday Club de Londres

cuando hizo referencia a las actuaciones del Príncipe de España como Jefe de Estado en funciones. El

Monday Club es una influyente organización del Partido Conservador británico. En su artículo sobre la

Monarquía, Fraga afirma entender ésta «como una forma de Estado más que como una forma de

Gobierno». «Es algo abierto y lleno de posibilidades, porque, en realidad, no se restaura, sino que ha de

renacer». El Rey de España —dice Fraga— tiene aquí y ahora una gran oportunidad, y también una gran

responsabilidad histórica.

Por su parte, don Nicolás Franco y Pascual de Pobil cuenta también al «Giornale d´Italia» lo que cree

puede ser el futuro político: Habrá una democracia cristiana de notable consistencia, un grupo liberal de

proporción media, un reagrupamiento nacional fuerte y un partido socialista sustancioso.

Están también las voces de la oposición. Políticos y expertos de diversas procedencias —especialmente

Tácitos y oposición socialista y democristiana— opinan en «Posible» sobre lo que consideran condiciones

mínimas para un nuevo planteamiento de convivencia nacional. Don Joaquín Satrústegui, monárquico

histórico y constitucional, explica cómo el hijo y heredero de Alfonso XIII no ha cesado de proclamar

cuál es la misión que corresponde a la Monarquía, salvaguardia de derechos humanos y de las libertades

políticas y sociales fundamentales; instrumento de concordia entre todos los españoles y vehículo para

nuestra plena integración en la Comunidad Europea. Para don Carlos Ollero, por su parte, en una

comunidad nacional democrática no caben exclusiones: Los que han regido al país al amparo de creencias

contrarias han de superarlas con la misma sinceridad que los hasta ahora marginados han de propiciar, no

un exclusivismo contrario, sino lo contrario de un exclusivismo. Sólo así será factible una Monarquía

democrática o, si se prefiere, una democracia con Monarquía. O don Felipe González: Sea cual sea el

Poder político y sea quien sea quien lo simbolice, puede aterrizar en la pista del proyecto democrático o

fuera de pista. La oposición cumple su obligación histórica creando las condiciones necesarias para el

cambio político con el menor trauma posible.

Quien calla es el Poder y su «entourage». ¿Un silencio de cansancio? ¿Un silencio significativo? Un

silencio. Sólo el señor Solís dijo a «L´Aurore»: Dejemos el pasado, que ya está escrito en la Historia.

Tiene el Príncipe por delante la Historia y la palabra.

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