La enfermedad de Franco. 
 Persiste el Estado crítico  :   
 Su temperatura corporal se mantiene a treinta y tres grados centígrados. 
 ABC.    19/11/1975.  Página: 1,96. Páginas: 2. Párrafos: 9. 

MADRID, MIERCOLES 19 DE NOVIEMBRE

DE 1975 . NUM. 21.726 OCHO PESETAS

ABC

DIRECTOR; JOSE LUIS CEBRIAN BONE DEPOSITO LEGAL; M. 13 1958 128 PAGS.

LA ENFERMEDAD DE FRANCO PERSISTE EL ESTADO CRITICO

Su temperatura corporal se mantiene a treinta y tres grados centígrados

MADRID. (De nuestra Redacción.) Tras una jornada de tensión, motivada por la agravación que

sufrió de madrugada Su Excelencia el Generalísimo Franco, a las nueve de la noche de ayer fue

facilitado el siguiente parte médico:

«A las 20,30 horas del día 18 de noviembre, la evolución de la enfermedad de S. E. el Jefe del Estado,

hospitalizado en la Ciudad Sanitaria de La Paz, de la Seguridad Social, ha sido la siguiente:

Durante las últimas horas y en el momento de redactar este parte no se evidencian signos de hemorragia.

Han aparecido esporádicos trastornos del ritmo cardíaco.

Continúa con respiración controlada bajo sedación medicamentosa.

Las circunstancias clínicas han aconsejado mantener su temperatura corporal a 33 grados centígrados

Se ha realizado una nueva sesión de hemodiálisis con buena tolerancia y eficacia. El pronóstico no ha

variado. Firmado el equipo médico habitual.

Un nuevo parte médico será facilitado mañana, día 19, a las 13,30 horas.

Madrid, 18 de noviembre de 1975.»

NUEVA DEHISCENCIA

Madrid. (De nuestra Redacción.) No ha sorprendido a nadie que haya seguido hasta sus últimos extremos

la enfermedad, mejor enfermedades, que afectan a Franco, la aparición de una nueva hemorragia en la

madrugada de ayer. El foco sangrante, según todas las informaciones oficiosas, obedece & una nueva

dehiscencia, abertura, de la herida ya resuturada el pasado viernes, un factor que se temía y que,

inevitablemente se ha presentado

TRES POSIBILIDADES.—El tratamiento en esta ocasión no podía ser «a priori» quirúrgico. Eran tales

los riesgos que se derivaban de otra posible operación, que el equipo médico, con criterio exacto, los ha

obviado al menos de momento. Quedaban, pues dos alternativas: primera, insistir en un procedimiento de

ataque con anticoagulantes muy potentes tipo heparina; segunda someter la sangre transfundida a una

previa operación de hipotermia. La primera posibilidad fue descartada, al parecer, porque irresoluto aún el

problema tromboflebitico y pendientes las sesiones de hemodiálisis, era de todo punto aconsejable no

ensanchar el peligro de embolia, de obstrucción brusca de un vaso, por terapias a base de heparina y, por

otra parte la eficacia del riñón artificial —aún con heparinización regional, que consigue la neutralización

del anticoagulante— podía quedar menoscabada si no claramente dañada .

LA HIPOTERMIA.—Se imponía, por exclusión, la hipotermia. A esto se refiere el parte de las ocho y

media de la tarde cuando dice: "Las circunstancias clínicas han aconsejado mantener su (la del enfermo)

temperatura corporal a 33 grados centígrados.» No quiere decir tal afirmación, que el cuerpo del paciente

sea literalmente congelado por medios externos, sino que la sangre que se transfunde para paliar las

enormes pérdidas provocadas por la hemorragia, es previamente enfriada hasta los treinta y tres grados,

por medio de un baño de hielo o de alcohol que tiene la temperatura deseada. Al mismo tiempo, el

personal sanitario instala una temperatura ambiente en la habitación del enfermo idéntica a la de la sangre

que constantemente se inyecta.

RESISTENCIA.—Con esta técnica, arriesgada veremos por qué, se logran detener, en lo posible, las

hemorragias. La sangre, en efecto, se hace más viscosa, es decir, no tan fluida como es en su estado

natural, y hasta más lenta en su proceso circulatorio. En definitiva. se resiste una vez que llega a su lugar

de destino orgánico a escaparse por los orificios que, patológicamente, se han abierto en el estómago. Es

simplemente una cuestión de choque entre la luz del orificio, de la abertura, de la dehiscencia y el calibre

—la palabra no es exacta pero refleja acertadamente el concepto— del fluido que pretende salir por la

perforación de la pared orgánica.

LOCALIZACION,—Un punto que no especifica el parte es, precisamente, la localización do la nueva —

¿o vieja?— dehiscencia. Es factible que se haya producido en e! mismo lugar que la anterior, incluso que

se trate esta vez de una ulceración situada en el tracto del estómago no extirpado, la parte superior entre

las curvaturas mayor y menor ¡unto al esófago, y aún no se puede descartar la posibilidad de que la

hemorragia declarada en la madrugada del martes pueda ser producida por las denominadas varices

esofágicas, varices que vienen a representar una dilatación permanente de cualquier vena, superficial o

profunda, que irrigue el esófago. En /a práctica médica se describen un diez por ciento de hematemesis

(hemorragias) debidas a estas varices esofágicas sangrantes. Pero esta triada de posibilidades es, al fin,

una especulación que no tiene base segura, porque el parte olvida delimitar la situación del nuevo toco

hemorrágico.

TRASTORNOS DEL RITMO.—La hipotermia, a treinta y tres grados en esta ocasión, puede haber

provocado esos esporádicos transtornos del ritmo cardiaco que refiere el comunicado. La sangre enfriada

no se vuelca en el corazón a la temperatura corporal debida, unos treinta y siete grados centígrados. En

estas condiciones, no parece extraño que aparezcan alteraciones que podríamos definir como arritmias —

modificaciones del ritmo cardiaco— o extrasístoles, contracciones prematuras del ventrículo o de la

aurícula independientes del ritmo normal. No nace falta insistir en el riesgo que conllevan estos

trastornos, susceptibles de aboca; en un infarto cíe miocardio, si no se controlan adecuadamente con el

auxilio de ciertos fármacos. Hay que decir también que esta clase de arritmias exige, casi siempre un

electrocardioqrama para observar la evolución cardiaca

CRITICO.—Puede pensarse que la hipotemía, escogida como terapéutica indispensable, es el último

procedimiento que le resta a la clínica antes de decidir una posterior intervención quirúrgica, única salida

si el descenso de la temperatura no tuviera, a la postre, los efectos deseados de cohibir, de cortar, la

hemorragia. En las circunstancias absolutamente disminuidas de Franco, una cuarta operación sería

terrible. La calificación del pronóstico ahora representa el postrer escalón de la nomenclatura traumática.

Puede no variar, pero tampoco empeorar

 

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