La enfermedad de Franco. 
 34 días de lucha con la muerte     
 
 Informaciones.    20/11/1975.  Página: 12. Páginas: 1. Párrafos: 23. 

LA ENFERMEDAD DE FRANCO

34 días de lucha con la muerte

MADRID, 20. (INFORMACIONES.;—Poco más de un mes ha durado la última enfermedad de Franco.

Una enfermedad cuajada de complicaciones, de situaciones críticas, de mejorías esperanzadoras, de fases

estacionarias, de sufrimiento físico. Franco ha estado muriéndose durante semanas, en un claroscuro

dramático de vida-muerte.

La historia clínica, la biografía de la enfermedad, empezó con un proceso gripal. Mal leve la mayoría de

las veces, pero capaz de desencadenar evoluciones fatales en enfermos de edad avanzada y con un

organismo deteriorado por enfermedades anteriores.

• Al hilo de los partes médicos, cabe señalar en este largo proceso los siguientes capítulos, concatenados

entre si, en gravedad creciente hasta el desenlace fatal: trombosis, insuficiencia cardíaca y respiratoria,

hemorragias digestivas, peritonitis, fallo renal agudo

TROMBOSIS

La primera señal de alarma vino dada el 21 de octubre por un comunicado de la Casa Civil en el que se

hablaba de una crisis de insuficiencia coronaria. Este término hacía presumir la existencia de un infarto de

miocardio que, según fuentes dignas de crédito, afectaba ampliamente el corazón izquierdo con

alteraciones electrocardiograficas muy expresivas. Esta situación quedó controlada inicialmente mediante

un marcapasos encargado de regularizar los impulsos eléctricos nacidos en el nódulo sinusal cardíaco, y

medicación anticoagunlante (heparina).

El infarto (necrosis de una zona del músculo cardíaco) es el resultado de la oclusión de una arteria

coronaria por la formación de un trombo.

La tendencia trombótica de Franco se manifestó ya en julio de 1974, y con posterioridad a la crisis de

insuficiencia coronaria de los primeros días de su enfermedad, al presentarse una tromboflebitis

fémoroilíaca del muslo izquierdo. Ha habido también una trombosis venosa mesentérica, aunque una serie

de circunstancias hacen dudoso este diagnóstico.

El tratamiento anticoagulante instaurado ha contribuido en esta ocasión, al igual que sucedió el año

pasado, a la presentación de hemorragias digestivas

INSUFICIENCIA CARDIACA Y RESPIRATORIA

Ya en los primeros días de . la enfermedad surge otra complicación severa: la insuficiencia cardiaca, es

decir, que el corazón empieza a no estar en condiciones, de reexpedir al torrente circulatorio todo el

volumen de sangre que llega a las aurículas. La sangre; en estas condiciones, se remansa y altera la

dinámica de órganos tan importantes como pulmones, hígado y riñones. Aparece edema pulmonar y, con

él, cierto grado de insuficiencia respiratoria, la cual se irá incrementando al paso de los días hasta exigir

imperativamente la aplicación de un respirator (respiración asistida).

Una bronconeumonía y un nuevo edema pulmonar agravan aún más la situación y contribuyen, poco a

poco, a hacerla irreversible.

Por otra parte, la insuficiencia cardíaca favorece la aparición de ascitis (acúmulo de líquido en la cavidad

peritoneal), que tiene que ser evacuada.

La mayor espectacularidad en la evolución de la enfermedad la han dado las hemorragias digestivas.

Un parte médico del 26 de octubre anuncia la presencia de una hemorragia gástrica, la cual puede ser

consecuencia, en un análisis inicial, tanto de la terapéutica anticoagulante indicada en su problema

coronario como del estancamiento de la sangre —rotura de los vasos que irrigan la mucosa gástrica fruto

de la insuficiencia cardíaca. Se inician las transfusiones masivas, que luego se convertirán en el común

denominador del tratamiento. En días sucesivos las hemorragias se hacen intermitentes, aumenta la ascitis

y aparece circulación colateral abdominal. Significa esto que todos los vasos profundos experimentan una

gran retención de sangre, la cual busca nuevos cauces en los vasos superficiales, que quedan repletos y

sobresalientes en la piel. Las paredes intestinales se desvitalizan y se presenta un proceso peritoneal

inflamatorio.

Todo ello obliga, en la noche del 3 de noviembre, a una intervención quirúrgica en un quirófano

habilitado en El Pardo. Es una medida extrema. El objetivo era localizar el origen de la Hemorragia y

cerrar quirúrgicamente la salida de sangre. Una úlcera gástrica que interesaba una arteria importante, la

gastroepiploica, es la responsable. La situación crítica queda contenida. Seis litros de líquido son

extraídos del peritoneo, pero la ascitis se repite una y otra vez.

Los últimos fue mantenido con vida sólo gracias a los recursos de la Medicina

Se transfunden varios litros de sangre, los cuales, junto con el desequilibrio electrolítico (sodio potasio)

existente, van a crear serios problemas de orden renal.

* NUMERO 17 (GARCÍA) * El enfermo pasa por varios episodios de parálisis intestinal

Noventa horas después de una intervención quirúrgica de extraordinaria gravedad, Franco vuelve a ser

operado. Es el viernes 7 de noviembre. Nueva hemorragia muy intensa. La operación se lleva a cabo en

La Paz. Dura cuatro horas y se procede en ella a una gastrectomía subtotal, es decir, a la extirpación de

una amplia zona del estómago, sin llegar a la totalidad. La pieza operatoria presenta numerosas

ulceraciones y puntos hemorrágicos. La mucosa gástrica está extraordinariamente deteriorada. La

operación no es, no puede serlo, resolutiva. Lo que cuenta no son los focos de enfermedad, sino el

hombre enfermo en su totalidad.

PERITONITIS

En días sucesivos aparecen nuevas hemorragias digestivas, ocasionadas tanto por la mucosa gástrica

deteriorada que no se extirpó en la operación como por la medicación anticoagulante indispensable para

la aplicación de la hemodiálisis (riñón artificial)

El viernes día 14, nueva intervención quirúrgica. En once días, tres operaciones.

Se presenta hipotensión, abdomen agudo (peritonitis) y «shock» intenso. La cirugía pone de manifiesto

una dehiscencia de suturas (rotura de_ las mismas) en la unión del estómago a intestino delgado, que se

realizó en la anterior intervención. La salida del contenido intestinal en cavidad peritoneal

provoca el gravísimo abdomen agudo. Suturada nuevamente la zona, se dejan los correspondientes

drenajes externos.

Esta tendencia hemorragica, prácticamente incoercible, así como el «stress» en el que esta sumergido el

paciente, obliga a su sedación medicamentosa e incluso a una hipotermia superficial (33 34 grados

centígrados). La palabra hibernación, con su carga casi mítica, salta en todos los comentarios

FALLO RENAL AGUDO

Era inevitable que en un proceso de enfermedad de estas características surgiera, en algún momento de su

curso, el fallo renal. El miércoles 5 de noviembre, el parte médico del mediodía señalaba ya «que las

cifras de urea se han elevado». Elevación ante la cual había que partir presumiblemente de cifras que no

eran normales. Se establece como recurso una diálisis peritoneal.

La diálisis tiene por objeto depurar la sangre, poniéndola en contacto, a través de una membrana

semipermeable, con un líquido especial. En el caso del peritoneo, éste actúa como membrana —el líquido

dializador se introduce directamente en la cavidad peritoneal—, depurándose así las sustancias tóxicas

acumuladas en el organismo.

En la hemodiálisis (riñón artificial), la cual empezó a aplicarse unos días después, la sangre pasa por un

aparato que suple las funciones eliminatorias del riñón. Se trata, en definitiva, de una circulación

extracorpórea de la sangre, en la que hay que utilizar heparina para evitar su coagulación. Heparina que,

por otra parte, puede favorecer la presencia de nuevas hemorragias.

El fallo renal ha presidido toda la fase terminal de la enfermedad.

SITUACION ARTIFICIAL

La enfermedad de Franco ha evidenciado los gigantescos recursos, casi increíbles, con que cuenta la

Medicina hoy. Recursos técnicos de cuya eficacia no cabe dudar y que tan lejos están de aquel arte de

curar humanitario y limitado, con el que el hombre moría asido a una mano amiga y no a una máquina

fría y distante. El médico siempre ha luchado por mantener la vida y hoy sigue haciéndolo con más

ahinco, si cabe, que antes. Pero hay veces en que la máquina desborda al hombre, le domina casi y es ella

la que rige, o intenta regir, al destino, enmendando la plana a la Naturaleza. Se llega así a una

prolongación de la muerte, justificada porque muchas veces lo que se ha rescatado, cuando ya parecía

imposible, es la vida.

Franco se ha mantenido con vida durante varios días gracias a los recursos extraordinarios de la técnica

médica. Era una situación artificial. Respiración asistida, hemodiálisis, controles electrónicos del ritmo

cardiaco, sedación, hipotermia, recursos todos ellos legítimos, mientras quedase, por pequeña que fuera,

una opción vital. Mantenerlos por encima de todo no sólo hubiera sido inútil, sino cruel. Por eso, en

determinado momento del miércoles 19 de noviembre, se pasó a unas medidas terapéuticas

conservadoras, abandonando terapias activas. La clave estaba en la muerte cerebral, y ésta tardaba en

llegar, entre otras cosas porque el respirator permitía un funcionamiento, aunque precario, de corazón y

pulmones. Había bombeo y oxigenación de sangre, y con ello se mantenían algunas de las estructuras

más nobles del sistema nervioso central. Esto no significaba, sin embargo, que el nivel humano de

consciencia existiese, pero sí que «algo» quedaba todavía vivo en ese cerebro.

Esta situación se prolongo durante horas. La irreversibilidad era evidente. Vino luego el

electroencefalograma plano, el signo riguroso de una muerte definitiva. La ciencia había dicho su última

palabra.

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20 de noviembre de 1975

INFORMACIONES

 

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