Autor: Sánchez Pastor, Marisa. 
   Una nueva profesión femenina lleva un año en las calles de Madrid  :   
 La mujer ha demonstrado sobradamente su eficacia en la Policía Municipal. 
 ABC.    06/09/1973.  Página: 45,46. Páginas: 2. Párrafos: 37. 

UNA NUEVA PROFESIÓN FEMENINA LLEVA UN AÑO EN LAS CALLES DE MADRID

La mujer ha demostrado sobradamente su eficacia en la Policía Municipal

PRONTO CONTABA TAMBIEN CON UNA SECCIÓN DE MOTORISTAS FEMENINOS

Milagros Casero, su oficial, considera que el grupo ha abierto un nuevo camino profesional

ESTÁN SATISFECHAS DEL SUELDO, PERO NO DE LA FALDA PANTALÓN

A más de un año de distancia de la creación y entrada en funcionamiento del nuevo cuerpo femenino de la Policía Municipal madrileña, responsabilizado, nada más y nada menos, que de regular la Circulación en una zona de nuestra capital—quizá la de mayor Incidencia de tráfico— delimitada por Colón, Gíbeles, Red d» San Luis y Glorieta de Bilbao, la pregunta sigue en la caite: ¿Qué sabemos en realidad acerca de la efectividad de todas catas muchachas que todos hemos visto, A lo largo del año, desafiar la lluvia, frío y sol, firmes en sus puestos y siempre sonrientes?

Quiza, ello se deba a que sobre ellas pesa te habitual prohibición de hacer declaraciones a la Prensa.

Aunque también cabe en lo posible que exista una superior intencionalidad de tratar de no convertirlas en «vedettes» del «show» urbanístico madrileño.

Quisimos desvelar cómo es la vida de astas dos jóvenes. Cuáles son sus relacionas sociales, profesionales y, en resumen, en qué forma han encajado en su novísimo uniforme de Policía Municipal. También nos interesaba saber cómo se reacciona en general ante ellas, frente a su autoridad, en una sociedad secularmente gobernada por hombres. Nos hemos acercado hasta su puesto dé servicio. Pero su resistencia es tan fuerte como serlas deben ser las órdenes que obedecen. No pueden. No pueden en absoluto informarnos sobre este su primer año de servicio y su experiencia personal...

Esperamos, pues, la llegada del oficial que tiene a su mando estas cuarenta y Oribe muchachas, en la misma plaza de I« mañana hace honor a la estación, y el calor es realmente bochornoso. Por fin «parece un Seat 124 L, color azul, recién estrenado, y que lleva los distintivos de la Policía Municipal. Desciende un chófer femenino, que abre la puerta al oficial Las dos policías de servicio en aquella zona de la plaza se acercan. Saludos marciales. Hay evidente nerviosismo en las chacas. El oficial parece que interroga.

Por los gestos adivinamos un cierto enfado... Nuevas explicaciones y más nervios evidentes.

Ateo intimidados nos acercamos al grupo. Aíto no sabemos cómo se nos va a recibir, pero ya tenemos constancia que el oficial esté, ahí para ordenar y que lo hace con energía...

Milagros Casero es increíblemente joven. Y, sin. embargo, una carrera y media —piensa terminar Derecho en breve—la respaldan ya. Una vez conseguida esa «rotura de hielo», cosa que, realmente, no entraña dificultad alguna, desmintiendo nuestros temores, nos retiramos a un rincón tranquilo donde poder dialogar con ella...

Milagros es expansiva. Nos ametralla en realidad con sus casi confidencias. Porque Milagros, ayer universitaria recién estrenada su carrera, y hoy oficial de la Policia Municipal madrileña, es todo nervio 7 ganas de hacerlo bien.

—Cuando terminé mi carrera no encontraba trabajo. Todos me decían une era monilla y que, consecuentemente, habría le casarme pronto, y, por lo tanto, no interesaban mis servicios. No. Ni siquiera se hizo alguna prueba de aptitud. Simplemente se me rechazaba.

A mí —nos sigue contando— me gustan toda» las cosas nuevas y cuando supe de la creación de este Cuerpo me presenté a las oposiciones y conseguí la plaza... Y la ocupé con ilusión, puesto que en ella tenia oportunidad de trabajar en algo, en que aportar algo de mis ilusiones y de mi trabajo personal... Por fin salimos a la calle, por primera vez. en abril del año vasado, en período de prácticas...

—¿Se las acogió con escepticismo?

—Sí. Sí había —nos contesta— mucho escepticismo. Incluso en el Ayuntamiento en un principio se llegó a pensar en destinarnos a misiones auxiliares, tal y como ocurre en otros países. A tareas de menor responsabilidad, entiéndame usted, a ayudar a cruzar la oalle a los ancianos, vigilar salidas de colegios, etc. Pero esto no hubiera sido justo. El equipararnos en salario a nuestros compañeros masculinos, comportaba una igualdad de responsabilidades y, por fin, las gestiones del señor Fanlo, consiguieron su objetivo. De no haberlo logrado asi, difícilmente se podría hoy justificar nuestra presencia como tales Policías Municipales.

Problemas graves —sigue contestándonos— no hemos tenido muchos. Sólo un altercado con un profesional del volante que cometió falta grave por sus groseras expresiones contra uno de nuestros policías. Dimos el correspondiente parte y presentamos la necesaria denuncia y todo quedó solucionado.

La cosa no se ha repetido. A otra de nuestras agentes la atropello un coche, afortunadamente sin consecuencias graves...

Otra de nuestras policías —nos dice con orgullo visible el oficial — logró desarmar y detener a un hombre que intentaba huir tras robar o intentar robar, no recuerdo muy bien, en una tienda de la calle Fernando VI.

IAS POLICÍAS MUNICIPALES PUEDEN CASARSE

Cuando aún el Cuerpo se encontraba en plan experimental, a sus policías no se las permitía casarse. Una de las chicas lo hizo, recurrió y ganó. Ahora son ya muchas las casadas. Incluso dos de entre ellas esperan la llegada de sus hijos destinadas, desde el tercer mes de embarazo, al servicio de oficinas.

Seguimos hablando con este oficial de veintitrés años, cuyo semblante nos recuerda la delicada inspiración de Boticelli.

—¿Qué piensa su familia de este trabajo?

—Mi familia lo ha aceptado muy bien. Mi padre está muy contento con mi trabajo v mis hermanos, si eso es lo que quiere usted saber, no me toman el pelo a costa de mi actuación.

Pero..., ¿y las familias de las otras muchachas? ¿Y las de posibles futuros policías? He aquí el fruto de nuestra Investigación, costosa Investigación, generalizada, por las causas que apuntamos más arriba.

Cuando dejan en casa el uniforme para dedicarse a su vida privada, para Ir a bailar, a la piscina, o salir con sus amigos, las policías suelen preferir no mencionar su profesión.

La mayoría tienen novio. Y confiesan que, muchas veces, sus prometidos acusan con su mal humor las burlas de sus amigos sobre aquello de... «Salir con un guardia».

Su turno de trabajo tiene una duración de seis horas con una de relevo. Y en general, están satisfechas por el sueldo que perciben por su empleo.

—Al principio —nos confiesa la señorita oficial— estaban algo envaradas. Faltas de la natural identificación con su cometido. Pero hoy ya dominan la situación, son dueñas de si mismas, y no titubean.

Lo cual les proporciona una indudable autoridad

—Habían mucho entre sí. Ese es un problema de los que tratamos de arreglar dentro Ae nuestro régimen interior. Y lo vamos corrigiendo, poco a poco. Además, la disciplina es fuerte. Cinco minutos de retraso entre nosotras significan la posiole incoación de un expediente...

—¿Y el uniforme?

—El uniforme habrá que modificarlo —nos confiesa—. Quizá usemos pantalones este invierno. Las condiciones climatológicas de Madrid son muy duras. Ya se habló de ello el invierno pasado, pero no sé consideró muy propio y de ah la falda pantalón.

Ella no la utiliza. Ha diseñado su propia falda, que no es igual a la de las otras muchachas, pues la falda pantalón, según nos dice, no le sienta bien ni a «Misa Universo».

Nos anuncia que este otoño los madrileños vamos a poder contemplarlas en «u versión motorizada. Se han adquirido, o se van a adquirir, diez motos de 50 c. e. que, debidamente «vestidas», tendrán un aspecto mas Imponente. Pero, que serán fácilmente manejadas por ellas.

—¿Hablamos de multas? ¿Usted multaría a su novio si le sorprendiese en una Indebida maniobra al volante de su coche?

Se ríe está vez. Diplomáticamente nos contesto que su misión específica no es la de multar. Y poco convincente dice que, de encontrarse en ese caso, lo haría...

—Me llueven peticiones de retirada de multas por parte de amigos y pariente». Pero no hago caso a nadie...

Tratamos por último sobre las relaciones con sus compañeros masculinos de la Policía Municipal.

—La colaboración con ellos es absoluta. La verdad es que nunca hemos encontrado pegas en ese sentido...

—¿Cómo resumiría usted la experiencia de su presencia en la calle?

—Yo diría que el resultado es excelente. Aunque está mal que sea yo quien lo diga.

Terminemos nuestro trabajo añadiendo que muchas de las chicas practican el pluriempleo. Generalmente viven con sus familias y ayudan en las tareas del hogar. Otras son ya amas de su propia casa.

Son, en suma, mujeres como las demás, que no han perdido en nada su feminidad. Aceptan con naturalidad su trabajo y la expectación que, a lo largo del año transcurrido, han ido despertando.

Llevan a cabo una labor que, como todas, requiere seriedad y dedicación. Ganan su vida al servicio del público, aceptando sus riesgos. Pero, además, llevan en sí el distintivo de la audacia de haber roto el fuego —sin olvidar a sus colegas cordobesas— en un país que se tiene a sí mismo por «machista» y en el cual la mujer tiene aún, relativamente, pocas oportunidades de demostrar su valía como ser dotado, completo y capaz de realizar, al menos con la misma efectividad que el hombre, un buen número de trabajos.

Marisa SANCHEZ PASTOR.

 

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