Monseñor Tarancón: No es esta hora de tragedias ni de pánicos  :   
 El arzobispo de Madrid ofició en el Pardo una misa por el alma de Franco. 
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MONSEÑOR TARANCON «NO ES ESTA HORA DE TRAGEDIAS NI DE PANICOS»

EL ARZOBISPO DE MADRID OFICIO EN EL PARDO UNA MISA POR EL ALMA DE FRANCO

MADRID, 21. (INFORMACIONES.)

ES hora de que todos los españoles cumplamos con nuestro deber de servicio a la comunidad. Yo pido

este esfuerzo, como español, a todos los españoles. Yo os lo pido a todos los cristianos como obispo»,

dijo el cardenal Enrique y Tarancón, arzobispo de Madrid, en la homilía pronunciada durante la misa de

«corpore insepulto» celebrada en la capilla del palacio de El Pardo por el eterno descanso del Jefe del

Estado.

El arzobispo de Madrid inició su homilía diciendo:

"La vida de los justos está en manos de Dios." (Sab. 3,1.) Yo, que como sacerdote, he pronunciado tantas

veces estas palabras, siento hoy una especialísima emoción al repetirlas ante el cuerpo de quien durante

casi cuarenta años, con una entrega total, rigió los destinos de nuestra Patria. En esta hora nos sentimos

todos acongojados ante la desaparición de esta figura auténticamente histórica. Nos sentimos, sobre todo,

doloridos ante la muerte de alguien a quien sinceramente queríamos y admirábamos. Hay lágrimas en

muchos ojos, y yo quiero que mis primeras palabras de obispo sean para recordar a todos, a la luz de

nuestra fe cristiana, que los muertos no mueren del todo, que la muerte no es fin, sino principio, que es la

puerta de la vida verdadera, el ingreso en la casa del Padre.

Y como todos necesitamos de la misericordia de Dios, nos hemos reunido aquí para acompañarle en esta

hora con nuestra oración, con el sacrificio redentor de Cristo, para que alcance esa misericordia del Padre

que todos necesitamos."

Más adelante, el cardenal dijo:

"Todos necesitamos la oración de todos. Y quizá más que nadie aquellos a quienes Dios ha encomendado

la tremenda tarea de mandar o dirigir. Los medievales hablan entendido bien esta hora final cuando en sus

"danzas de la muerte" pintaban a Reyes, gobernantes, Papas, cardenales, obispos, ricos y guerreros,

dejando sus coronas, sus entorchados, sus mitras, sus tesoros y sus espadas para llegar ante Dios desnudos

e inermes.

Sin embargo, no llegamos desnudos ante Dios. El bautismo es nuestro vestido, las buenas obras son

nuestro equipaje, el único que tiene valor en esta hora. Como decía San Juan de la Cruz, "A la caída de la

tarde seremos examinados de amor".

ENTREGA TOTAL DE FRANCO

Y este amor de Francisco Franco es el que si puedo elogiar yo en esta hora. Cada hombre tiene distintas

maneras de amar. La del gobernante en la entrega total, incansable, llena a veces de errores inevitables,

incomprendida «así siempre, al servicio de la comunidad nacional. El Concilio Vaticano II no dudó en

proclamar la nobleza de este oficio de servir a la patria desde el difícil puesto de la política."

"La Iglesia alaba y estima —dice— la labor de quienes, al servicio del hombre, se consagran al bien de la

comunidad pública y aceptan las cargas de este oficio." Y en otro lugar exhorta a "quienes son capaces de

ejercer ese arte tan difícil y tan noble que es la política" a "ejercitarlo con olvido del propio interés".

Creo que nadie dudará en reconocer aquí conmigo la absoluta entrega, la obsesión diaria, incluso, con la

que Francisco Franco se entregó a trabajar por España, por el engrandecimiento espiritual y material de

nuestro país, con olvido incluso de su propia vida.

Este servicio a la Patria —lo he dicho ya en otra ocasión— es también una virtud religiosa. No hay

incompatibilidad entre el auténtico amor a la Patria y la fe cristiana. Si alguna forma de incompatibilidad

existiera es porque se entiende mal el amor a la Patria o porque se vive mal la fe cristiana: porque el

servicio a la comunidad degenera en falso nacionalismo o porque la fe se pone, no al servicio del

evangelio, sino al de una ideología humana."

El ha muerto uniendo los nombres de Dios y de España, como acabamos de oír en el último mensaje.

Gozoso porque moría en el seno de la Iglesia, de la que siempre ha sido hijo fiel.

Yo me atrevería a dar a este acto otro significado más. No basta con rezar por los muertos. Siempre hay

algo que aprender de ellos, todos. Me parece que en este momento a la oración por el Jefe del Estado

fallecido, y por la patria, hemos de unir todos una promesa firme, serena, comprometida.

«TODOS SOMOS RESPONSABLES»

La muerte del Caudillo nos recuerda que la obligación de trabajar y sacrificarse por la patria no es sólo

función de los que gobiernan, sino de todos. Todos somos responsables de que España viva en paz, de que

todos los españoles gocen de la libertad y los medios suficientes para desarrollar su propia personalidad y

para mantener su dignidad de hombres y cristianos. Pienso que ante este cadáver debemos formular todos

la promesa de borrar todo cuanto pueda separarnos y dividirnos, la de olvidar nuestros egoísmos e

intereses personales, la de evitar cualquier tipo de partidismos excluyentes que puedan entorpecer esa

felicidad de todos. El respeto, el diálogo, la aceptación de las diferencias lícitas debe sustituir a la lucha;

la convivencia debe borrar los exclusivismos.»

El arzobispo de Madrid finalizó la homilía, afirmando: "«No es esta hora de tragedias ni de pánicos. Es

hora de que todos los españoles cumplamos con nuestro deber de servicio a la comunidad. Yo pido este

esfuerzo, como español, a todos los españoles. Yo os lo pido a todos los cristianos como obispo.

Este compromiso será, junto a nuestra oración, el mejor regalo, el mejor elogio, que podemos hacer a

quien acaba de dejarnos. Que el señor le ayude a él y a nosotros en esta hora. Que a nosotros nos dé el

coraje, y a él el descanso. Que a nosotros y a él nos dé su paz.»

INFORMACIONES

21

 

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