En esta hora solemne     
 
 ABC.    21/11/1975.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 3. 

ABC. VIERNES 21 DE NOVIEMBRE DE 1975. PAG. 2.

A NUESTROS LECTORES

EN ESTA HORA SOLEMNE

Durante las últimas horas de la madrugada y primeras de la mañana de ayer, ABC lanzó sucesivas

ediciones para dar cuenta puntual de las últimas informaciones relacionadas con la muerte del

Generalísimo Franco. Como en la primera edición, que, algunos de nuestros suscriptores y lectores han

recibido no se incluían estos editoriales sobre el momento histórico que vive España, juzgamos de interés

reproducirlos una vez más para general conocimiento.

Ha desaparecido de nuestro ámbito el hombre que fue cerca de cuarenta años guía firme y estímulo

infatigable de la sociedad española; a quien somos acreedores por tantos y tan varios y tan patrióticos y

memorables actos de Gobierno; el hombre que supo labrar el mejoramiento de nuestras condiciones de

vida y defender nuestra independencia amenazada. Amenazada por unos y por otros, desde el exterior y

también desde el Interior. Francisco Franco —y la Historia lo ha reconocido ya, al mismo tiempo que las

naciones extranjeras— fue el estadista que, en pleno asedio furioso durante la más cruel de las guerras

entabladas en el mundo, supo, con astucia y el más acendrado patriotismo, librar a España de una

catástrofe, que hubiese sido irreparable. Desaparece del ámbito nacional y quisiéramos hacer, en esta

ocasión luctuosa, algunas sencillas meditaciones.

Muchas vicisitudes fluctuantes, muchos vientos contrarios han rebotado las páginas de la historia de

España, echándolas en ocasiones por caminos que no tenían salida aparente. En el crisol de la guerra o en

la adherencia a una legalidad unánimemente reconocida, muchos han sido los trances en que se ha puesto

a prueba el patriotismo y la buena voluntad de los españoles, cuya familia, venciendo y superando

cambios de fortuna imprevistos, salió siempre victoriosa de los más desaforados envites a su libertad v a

su unidad consustanciales

Acaba de ocurrir la aran peripecia (en el más noble sentido de la palabra), la que forzosamente, larde o

temprano, cambiará el sino de España . No hay aurora que se carezca a la anterior ni a la subsiguiente: es

siempre nueva. Y una aurora nueva despuntará en seguida en nuestro horizonte nacional y nos requerirá

para que todos nosotros concertemos nuestros esfuerzos, en las dos direcciones que va tenemos a la vista:

el fervor patriótico y la equilibrada libertad oor un lado, y el orden y el progreso por otro. España

continúa. La noche cerrada nos insta, en un momento de solemnidad histérica, a la meditación y examen

de conciencia, como previo apercibimiento a una renovada actividad mancomún en beneficio de todos y

para el mejor porvenir de nuestra Patria.

Pedimos y necesitamos serenidad en la amargura y estamos persuadidos de que la generosidad, el

desinterés, el optimismo inspirarán los móviles y el estado de ánimo de los españoles. Nunca más

rebullirá el rencor ponzoñoso que ennegreció la vida de algunos de nuestros compatriotas y que los

incapacitó para entender el incesante fluir de la Historia. No es hora de consejos, porque dar o pedir un

consejo presupone plantear cuestiones que ya están en nuestro caso decididas. Sabemos gobernarnos a

nosotros mismos y séanos lícito esperar que los sillares del progreso y de la convivencia están bien

asentados en la moderna sociedad española. Hemos conocido la desventura y la pobreza. Hemos

aprendido a solventar dentro de normas civilizadas la áspera discordia y la rigidez política. Nuestra

justicia social es sólida y susceptible de perfeccionamientos. Los españoles de hoy no podrán olvidar las

tristes lecciones pretéritas, y no se apartarán va de la mesura v la tolerancia, base del auge económico y de

la independencia y robustecimiento de la Patria unida. Así lo deseamos y firmemente creemos. España

continúa.

 

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