Emoción en el Valle de los Caídos  :   
 Relato, minuto a minuto, de los acontecimientos en el exterior de la Basílica. 
 ABC.    25/11/1975.  Página: 10-11. Páginas: 2. Párrafos: 24. 

ABC. MARTES 25 DE NOVIEMBRE DE 1975. PAG. 10.

EMOCION EN EL VALLE DE LOS CAIDOS

Relato, minuto a minuto, de los acontecimientos en el exterior de la Basílica

Madrid. (De nuestra Redacción.) Entre cuarenta mil y ochenta mil personas, según distintos cálculos,

tuvieron que esperar varias horas en pie, en la gran explanada que se atore frente a la Basílica de la Santa

Cruz del Valle de los Caídos y en la zona próxima de Cuelgamuros, para poder prorrumpir, exactamente a

la una y diecisiete minutos de la tarde del domingo, en una impresionante ovación al Jefe del Estado

muerto, cuando el camión militar que portaba el féretro que contenía los restos mortales de Franco hizo su

aparición al pie de las escalinatas de la Basílica.

Desde muy primeras horas de la mañana del domingo centenares de autocares fueron llegando a las

inmediaciones de la Basílica, repletos de personas que querían, de esta forma, rendir homenaje al que

durante exactamente treinta y nueve años, un mes y diecinueve días había sido su Jefe de Estado.

Excombatientes, miembros de la Vieja Guardia, Hermandades de Alféreces y Sargentos Provisionales,

antiguos Caballeros Legionarios, exdivisionarios, falangistas de todas las edades, miembros de la O. J. E.

y de la O. J. E. F. (sección femenina de O. J. E.), Escuela de Mandos José Antonio, miembros de

Educación y Descanso, de la Sección Femenina y españoles en general, que portaban banderas,

estandartes y guiones, esperaban (algunos desde las siete de la mañana para coger los mejores sitios) la

llegada del féretro de Franco, para seguir desde el exterior del edificio de la Basílica el ceremonial del

entierro del Jefe del Estado.

Para ello, se habían concentrado en la explanada de la Basílica, que ocuparon por completo, al igual que

las zonas próximas a la misma, dejando libre la gran escalinata central por la que iba a ascender la

comitiva fúnebre que portaba los restos mortales de Franco.

Dos horas antes se hallaba todo dispuesto. Fuerzas de la Guardia Civil formaban cordones ante las

primeras filas de personas y abundantes dotaciones de la Cruz Roja española atendían los frecuentes casos

de desmayos y lipotimias que se iban produciendo a lo largo de la mañana, con sol espléndido, cielo azul,

diez o doce grados sobre cero y, en ocasiones, una ligera brisa que aliviaba las incomodidades de la

concentración.

A la derecha de la escalinata estaba formada una compañía del Regimiento de la Guardia del

Generalísimo con bandera, banda y música, y al pie de la misma seis alabarderos y los miembros de la

escolta de Franco montaban guardia esperando al camión militar que portaba los restos mortales del Jefe

del Estado.

ASI FUE LA JORNADA

1,05. Una sección de la Guardia de Honor de S. E., formada al pie de la escalinata de la Basílica dispara

una salva de fusilería. En total, veintisiete disparos.

1,07. Sale de la puerta principal de la Basílica el prior de la comunidad. Delante de él va el maestro de

ceremonias con la cruz alzada y dos acólitos que portan sendas velas. Se dirige al pie de las escalinatas

para recibir y acompañar al féretro.

1,14. Desde la explanada exterior de la Basílica divisa, a unos dos kilómetros, el camión militar que

traslada él féretro de Franco.

1,16. Llega un primer grupo de motoristas de la Guardia Civil, que comprueba que la carretera hasta la

misma escalinata está despejada. Inmediatamente detrás llegan dos automóviles.

1,17. Precedido de la escolta motorizada llega el camión militar que porta el féretro, envuelto en la

bandera nacional y flanqueado por dos coronas de laurel. Se oyen los primeros gritos de «Franco, Franco,

Franco». Inmediatamente detrás, en un Rolls. llega el Rey con uniforme de Capitán General.

1,16. Ocho soldados de la escolta de Franco descienden el féretro.

1,19. Hacen presencia los miembros de la familia de Franco: el marqués de Villaverde, los duques de

Cádiz, Mariola y Rafael Ardid, y sus hermanos Francisco, Cristóbal y Jaime. El marqués de Villaverde.

Alfonso de Borbón., Francisco Franco Martínez-Bordiú, Cristóbal Martínez-Bordiú y los ayudantes de S.

E. el Jefe del Estado relevan a los miembros de la escolta de Franco y desde ese momento y hasta la

llegada a la puerta principal de la basílica llevarán a hombros el féretro. La compañía que rinde honores

interpreta el himno nacional y presenta armas.

1,20. A paso lento, y a los acordes del himno nacional, la comitiva eme acompaña el féretro

empieza a recorrer los cien metros que separan el final de la escalinata de la puerta principal de la

basílica. Abre la misma el prior del monasterio con la cruz alzada. Inmediatamente detrás, los jefes y

subjefes de las Casas Militar y Civil del Jefe del Estado. A continuación, el féretro, a ambos lados del

cual van dos filas de tres soldados cada una de la guardia personal de Franco y del Regimiento de la

Guardia. Le sigue el Rey, sus ayudantes militares, familiares del Generalísimo, el presidente del Gobierno

y el de las Cortes, el Gobierno, las representaciones oficiales de otros países y distintas personalidades.

Continúa sonando el himno nacional. Los altavoces piden silencio cuando se Intentan dar voces de

«Franco, Franco, Franco». Al paso del féretro, las banderas, estandartes y guías son inclinadas hacia el

suelo. Tras su paso son izadas de nuevo. Diez minutos tarda la comitiva en ganar la puerta de la basílica

1,30. El féretro es depositado en un catafalco en la puerta de la entrada de la basílica. Suena por primera

vez el «Cara al Sol»

1,31. Mientras suena el «Cara al Sol» los altavoces anuncian que los restos mortales de Francisco Franco

son entregados por sus familiares y por el Estado español a la Comunidad de la Santa Cruz del Valle de

los Caídos para que sean enterrados en una tumba dispuesta detrás del altar mayor. Un ayudante del Rey

lee al abad del monasterio. Luis María de Lojendio, que esperaba en la puerta de la basílica, la llegada del

cadáver, la disposición oficial del Rey en este sentido y que está escrita en un folio blanco con el escudo

de España y firmada con un «Yo, el Rey» del puño y letra de Don Juan Carlos I

1,32. Del Interior llegan los cantos de la Escolanía de la basílica. A partir de este momento y hasta que el

féretro sea trasladado al interior de la basílica se sucederán, mezclados, los gritos de «Franco, Franco»,

con los de «Viva el Rey» y «Viva España». Una muy potente voz grita: «Franco, este es tu pueblo.»

1,33. Los altavoces repiten tres veces: «Caudillo de España». Voz que es fuertemente coreada con un

«Presente». Gritan después: «Arriba España» y «Viva España».

1,35. El féretro es introducido a hombros de soldados de la escolta de Franco al interior de la basílica.

Abre el cortejo el abad mitrado y toda la comunidad benedictina.

1,36. Soldados de la escolta retiran el catafalco para facilitar la entrada de las personalidades. Suena por

segunda vez el «Cara al Sol».

1,37. Entra al interior de la basílica el Rey. Detrás, los familiares del Jefe del Estado, presidentes del

Gobierno y de las Cortes, Gobierno, representaciones extranjeras, representaciones de todos los Ejércitos

y personalidades invitadas. Aproximadamente un millar de personas.

1,48. Terminan de entrar los últimos invitados. Y se cierran las puertas de madera de la basílica. Uno de

los últimos en entrar es el teniente general Campano, director general de la Guardia Civil.

1,50.—Los altavoces exteriores anuncian que el féretro ha llegado al catafalco situado al pie del altar,

delante de la tumba de José Antonio y que el ceremonial del entierro va a comenzar.—Durante los trece

minutos que ha tardado el féretro en recorrer las galerías interiores de la basílica, las personas que esperan

en el exterior han entonado el «Himno de la Legión» (dos veces), el «Oriamendi» y la canción «Yo tenía

un camarada». Y se han sucedido todo tipo de vivas a Franco, al Rey, al Ejército, a las Fuerzas del Orden

Público y a España.

2,10.—Cuando los anuncian que se va a proceder al entierro de Franco, comienza a sonar en el exterior la

salva de veintiún cañonazos, con intervalos de cinco segundos. Entre el tercero y cuarto cañonazos, se oye

una salva de fusilería.

2,12.—Se vuelven a abrir las puerta y sale solamente el teniente general Campano, que permanece ante la

puerta conversando con su teniente coronel ayudante (con uniforme de la Guardia Civil) y con otros

oficiales del Cuerpo. Está también en el grupo el vicepresidente de la Confederación Nacional de

Excombatientes y presidente de la Hermandad Nacional de Alféreces Provisionales, marqués de la

Florida.

2,20.—Se refuerza el contingente de guardias civiles en las proximidades de la puerta de entrada a la

basílica.

2,25.—Sale el Rey. Lleva los ojos rojos j camina visiblemente emocionado. Saluda militarmente, sin

detenerse, a los militares que están en la puerta. Entre ellos al teniente general Campano. Es aclamado por

la gente. Junto a él, camina el abad mitrado. Tras ellos sale el resto de las personalidades. Es fuertemente

aplaudida la familia Franco

2,30.—Tras descender la escalinata, el Rey sube al Rolls y se aleja del lugar, precedido de una escolta

motorizada. En este momento se incrementan las ovaciones al mismo

2,31.—A partir de este momento se empieza a producir una curiosa situación. Debido a lo estrecha que es

la carretera que conduce al pie de la escalinata y al impresionante atasco de coches oficiales, las distintas

personalidades, estacionadas en el citado pie de la escalinata, tienen que esperar a que vayan acudiendo

sus respectivos coches.

Algunas personas tributan una cariñosa ovación a Arias, cuando está esperando su coche oficial

SE DISOLVIERON PACIFICAMENTE.—

A las tres y media de la tarde, estaba prácticamente disuelta la concentración humana que desde primeras

horas de 1a mañana estaba situada en la gran explanada. Se disolvieron, fundamentalmente, de tres

formas. Un gran grupo permaneció ante la puerta principal de la basílica, con el fin de desfilar ante la

tumba de Francisco Franco, una vez que hubieron salido todas las personalidades del exterior, pudiendo

calcularse el mismo en unas cinco mil personas. Otros grupos se dirigieron hacia los autocares situados en

el aparcamiento número 3 (el 1 y el 2 estaban reservados para coches oficíales), para prepararse para el

regreso a Madrid. Y un tercer grupo se dirigió hacia el restaurante del Valle y los pinares de los

alrededores para realizar comidas campestres. Muchas de las personas asistentes al acto habían llevado de

sus casas comida. A los excombatientes se les había facultado una bolsa a cada, uno, con comida, que

contenía dos bocadillos, vino y fruta.

RECONOCIMIENTO DEL CADAVER

Poco antes de que el féretro que contenía el cadáver del Jefe del Estado fuera cerrado, el equipo médico,

encabezado por el doctor Piga, que se ocupó de su embalsamamiento, reconoció los restos mortales del

Caudillo, y manifestó su aprobación, procediéndose entonces a la operación de cierre.

El cuerpo del Caudillo fue movido levemente y colocado en una nueva posición, ligeramente diferente a

la que tenía en ese momento. Hasta que el féretro de Franco no estuvo cerrado no se permitió a los

reporteros gráficos realizar fotografías, excepción hecha del de la Casa Civil, informa Europa Press.

 

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