Autor: Montes, Eugenio. 
 Ecos en el mundo del mensaje de la Corona. ABC en Roma. 
 Oscilaciones de Radio Vaticana respecto a la figura de Franco  :   
 Casaroli y Benelli, en el funeral por el alma del Jefe del Estado desaparecido. 
 ABC.    25/11/1975.  Página: 25. Páginas: 1. Párrafos: 13. 

ABC. MARTES. 25 DE NOVIEMBRE DE 1975. PAG. 25.

ECOS EN EL MUNDO DEL MENSAJE DE LA CORONA

ABC EN ROMA

OSCILACIONES DE RADIO VATICANA RESPECTO A LA FIGURA DE FRANCO

Casaroli y Benelli, en el funeral por el alma del Jefe del Estado desaparecido

ROMA, 24. (De nuestro corresponsal, por télex.) En la Iglesia nacional española de Roma, dedicada a

la Virgen de Montserrat, se ha celebrado hoy a la mañana, por iniciativa de nuestras dos Embajadas,

una solemne misa de difuntos por el alma de Francisco Franco. Con el cardenal Marella, arcipreste de

esa Iglesia, concelebraron cinco sacerdotes españoles.

La asistencia era tan copiosa que quedó fuera un verdadero río humano de fieles, que llegaba hasta la

plaza Farnesio.

El templo estaba como envuelto en púrpura, porque, además del cardenal Villot, secretarlo de Estado

asistieron otros quince purpurados.

El pueblo fiel abrió un túnel para que pasasen el arzobispo Casaroli, cuya dignidad en el Vaticano

equivale a la de ministro de Asuntos Exteriores, y monseñor Benelli.

En otra fila, dos españoles eminentes: el prepósito general de la Compañía de Jesús, padre Arrupe, S. J.,

y el ex general de los dominicos, padre Aniceto Fernández, O. P. He visto también al arzobispo monseñor

Romero de Lama, secretario de la Congregación para el Clero. Cerca, él secretarlo del Movimiento Social

Italiano, señor Almirante, y una gran personalidad intelectual de la Democracia Cristiana el profesor

Rocca, director de los Círculos de Estudio Don Sturzo.

Terminada la misa por el alma de Franco, los dos embajadores, don Gabriel Fernández de Valderrama y

don José Antonio Giménez Arnau, se dirigieron a la capilla donde reposan los restos mortales de Don

Alfonso XIII, rezando una plegarla ante la tumba. El embajador Giménez Arnau había velado el cadáver

cuando murió en Roma Su Majestad

LONGO Y NENNI.—De luto por Franco, el domingo ondeó la bandeara a media asta en el palacio del

Quirinal, residencia del jefe del Estado Italiano, señor Leone, y en ea palacio Chigi, sede de la Presidencia

del Consejo. El señor Moro no se rindió a las presiones con que lo acosaron y amenazaron el Partido

Comunista y el Socialista: el primero, anunciando que presentaría una interpelación parlamentaria sí el

Gobierno se asociaba al pésame por la muerte del Generalísimo español; el segundo, lanzando rayos y

centellas en un comunicado firmado por Pietro Nemni.

Los dos, ardorosos milicianos, han creído en, estos días que la muerte de su adversario Franco significaba

su triunfo. Acudieron a su memoria recuerdos bélicos de hace casi cuarenta años y se creyeron que

estaban vencedores en el frente de Madrid, con los fusiles en alto

Pero lo peor es que no sólo lo creyeron ellos, sino que contagiaron de esa creencia a la televisión italiana

y a algunos periodistas. Los cronistas enviados a Madrid partieron con tal espejismo que eso les hizo

equivocarse en sus primeras crónicas.

Ahora la realidad española les está entrando por los ojos y ya comienzan a comprender que nuestro

pueblo no quiere oír hablar de las Brigadas Internacionales, ni del comunismo que las inspiró ni de las

checas que instalaron

El «Corriere della Sera» comenta hoy las oscilaciones de la Radio Vaticana con respecto a la figura de

Francisco Franco. El jueves 20 de noviembre, a las diez y media de la noche, esa emisora dijo que del

Generalísimo muerto sólo se puede hablar con el respeto debido a los hombres cuya indudable grandeza

los hace consagrados por la Historia. Se reconocía ahí que ha dado a España el mayor período de

estabilidad y orden que tuvo en todos los tiempos, destacando su profesión de fe católica y «su defensa de

los intereses de la Iglesia, atacada por los enemigos de la religión durante la guerra civil»

CONTRADICCIONES.—Ayer, domingo, dos agencias anticiparon un segundo comentario que, según

dicen, estaba programado para que se difundiese hoy al mediodía. Este segundo comentario difería por

completo del anterior, diciendo: «Mientras nos inclinamos con reverencia ante la muerte del hombre y del

cristiano, dejamos al juicio sereno de la Historia valorar su obra política. Y en nombre de la

reconciliación de todos los españoles querríamos que hasta los más fervorosos partidarios del franquismo

moderasen el tono de sus elogios y no alzasen como una bandera de combate la funesta, aunque noble,

ilusión, de quien ha querido o esperado identificarse con el propio país, no reconociéndole a otros el

derecho de amar y servir a España con intenciones y medios diferentes.»

Este comentario, cuya transmisión se había anunciado para la emisión de hoy lunes, no se difundió. Se ha

difundido a la tarde con muchas atenuaciones, porque, según cuenta el gran diario milanés, intervino la

"Secretaría de Estado. Pregunta el «Corriere della Sera» si se trata de una victoria de los franquistas, «que

no faltan en el Vaticano» o de querer evitar contradicciones.

Este mismo diario lombardo, en crónica de su corresponsal en Madrid, califica de modo certero el

discurso de la Corona, destacando que Don Juan Carlos dijo exactamente lo que debía decir.

Discurso perfecto, añade otro comentarista, porque da a la vez sensación de firmeza y de esperanza.—

Eugenio MONTES.

 

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