Autor: A. Y.. 
   Cuando subió el nerviosismo     
 
 ABC.     Páginas: 1. Párrafos: 9. 

CUANDO SUBIO EL NERVIOSISMO

Madrid. (De nuestra Redacción.) El retraso en dar el parte en la mañana de ayer y la presencia de

autoridades hasta la madrugada en La Paz contribuyeron a que se temiese un empeoramiento en la salud

del Caudillo. Alguien llevó a los periodistas la noticia de que estaba preparada una ambulancia en los

bajos del edificio para el caso de que fuera necesaria. Los motoristas calentaban los motores de sus

máquinas para tenerlas siempre a punto. Toda una serie de circunstancias que podría hacer pensar en lo

peor en cualquier momento.

El ministro de Planificación del Desarrollo, que abandonó la Residencia a las once menos diez, facilitó la

primera noticia: «No tengo ninguna mala impresión.» «¿La tiene buena?», se le preguntó « ¡Como

siempre !»

A las once y cuarto, el Jefe de Prensa del Caudillo, señor Lozano Sevilla, dio lectura al boletín que

hablaba de las molestias del ilustre enfermo y de la incidencia hemorrágica. Fue entonces cuando se

produjo la primera dispersión de los informadores, que por unos momentos bloquearon todos los

teléfonos.

LLUVIA.—Sobre las once, medio centenar de personas, incluidos niños, aguardaban frente a la clínica

deseosos de conocer noticias. Algunos tenían abiertos sus paraguas, otros resistían impasible con ana

simple gabardina las inclemencias de la lluvia. Otros menos preparados buscaban refugio entre los

jardines, resguardándose bajo el techado del propio edificio. A mediodía, y pese a haber arreciado la

lluvia, el público no era inferior a dos centenares de personas.

UNA MUELA.—A primera hora corrió el rumor de que se había trasladado al enfermo a la sexta planta,

pero se nos confirmaría que continuaba en la primera. Los informadores, ávidos de noticias, preguntaban

a todo el mundo, aunque sin mucho éxito. El ministro de Trabajo se pasó un momento por el «hall»,

cubriéndose el mentón con una mano, en gesto que podría interpretarse como de preocupación. «¿Alguna

novedad?», se le preguntó. «Sí. que me han sacado una muela...»

Sobre las doce, una firma aérea envió unos paraguas publicitarios con el fin de que las amables azafatas

se resguardasen y pudiesen resguardar a las personalidades que recibían de la lluvia. Una idea que

hablaba de la agilidad mental del responsable publicitario, pero que rechazaron con protestas los

fotógrafos por considerarla inoportuna en pro de la seriedad informativa.

EL PARTE.—El ministro de Información Turismo llegó por primera vez a la clínica a las 10,40 y

volvería otra vez a las 13,05 para dar lectura al parte médico oficial. Durante toda la mañana hubo el

mismo ir y venir de todas las personalidades que cada día acuden al establecimiento sanitario.

Destacamos al Duque de Cádiz y al señor Solís Ruiz, éste ya recuperado de la gripe que le mantuvo en la

cama. También llamó la atención de los fotógrafos la presencia de don Blas Pinar, quien intercambió

varias palabras con el señor Oriol y Urquijo.

A las 13,33 llegó el presidente del Gobierno y a los pocos minutos fueron convocados los informadores

en la sala de actos, donde el ministro de Información dio lectura al parte médico sobre las dos menos

cuarto de la tarde.

A las dos y cinco entraba por la puerta de urgencia la esposa de Su Excelencia, mientras que por la puerta

principal lo hacía su hermana.—A. Y

 

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