Don Juan Carlos de Borbón: De la continuidad al progreso     
 
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Don Juan Carlos de Borbón: De la continuidad al progreso

EN PLENA GUERRA CIVIL NACE EN ROMA EL FUTURO REY DE ESPAÑA

PIO XII. ENTONCES CARDENAL. BAUTIZO A DON JUAN CARLOS

ROMA, LAUSANA Y ESTORIL, PRIMERAS CIUDADES DE RESIDENCIA

DEL JOVEN PRINCIPE

FRANCO Y DON JUAN DE BORBON SE ENCUENTRAN EN AGUAS DEL

CANTABRICO Y ACUERDAN QUE DON JUAN CARLOS ESTUDIE EN ESPAÑA

El Príncipe don Juan Carlos Victor María de Bordón y Borbón nació el 5 de enero de 1938 en Roma. Era

el primer hijo varón del conde de Barcelona don Juan de Borbón y de doña María de las Mercedes de

Borbón. Dos Sicilias y Orleans y nieto por tanto, del Rey Alfonso XIII. Fue bautizado por el cardenal

Eugenio Pacelli secretario de Estado del Vaticano y posteriormente Papa Pío XII en el Palacio de la

Orden de Malta en la Vía Condotti de Roma. En España se libraba todavía una guerra civil entonces de

resultado incierto, y a Alfonso XIII el Rey exiliado solo le quedaban tres años de vida.

En 1941 muerto el Rey y entrada Italia en la segunda guerra mundial, la Reina madre Victoria Eugenia

deja Roma para instalarse en Suiza acompañada por los condes, de Barcelona y sus hijos Pilar —nacida

en 1936—. Margarita —nacida en 1939— Juan Carlos y Alfonso —nacido este en ese mismo año Doña

Victoria Eugenia se aloja en Vieille Pontaine, los condes de Barcelona y sus hijos en Les Rocailles ambas

casas en Lausana, en las riberas del lago Leman.

En 1946, acabada la guerra mundial la familia —a excepción de dona Victoria Eugenia que permanecería

en Lausans hasta su muerte— se traslada a Portugal a Estoril. Primero viven en Villa Papoila, una casa

alquilada, después en Villa Giralda, un chalet encargado expresamente

y bautizado con el nombre del yate real de Alfonso XIII.

El Príncipe que ya ha pasado por el colegio suizo de Rolle estudia en los Marianistas de Lisboa a pocos

kilómetros de Estoril preparando su acceso al bachillerato

EN TIERRA ESPAÑOLA

El 25 de agosto de 1948 dos yates se encuentran en el Cantábrico a la altura de San Sebastián son el

«Azor» y el «Saltillo», en el primero viaja el Jefe del Estado español, en e] segundo, don Juan de Borbón.

De la larga entrevista celebrada a solas en un camarote no se dio comunicado alguno tan solo el conde de

Barcelona declaró que se había desarrollado en un ambiente de gran cordialidad. Años mas tarde don Juan

de Borbón explico los términos de aquella conversación.

«En 1948 cuando el Príncipe estaba en edad de comenzar sus estudios, fuimos conscientes de lo grave

que sería la separación del ambiente español. Los precedentes de otras dinastías extranjeras en el exilio

eran suficientemente claros . Si no se está dentro del país de alguna manera se acaba por perder el

contacto con la realidad. Por otra parte, era necesario que el Príncipe escapase a la comodidad de una

solución burguesa.»

A comienzos del otoño de ese mismo año un tren conducido por el conde de Alcubierre cruzaba la

frontera luso-spañola en él viajaban dos hermanos el mayor Juan Carlos, cuenta diez años: el pequeño,

Alfonso tan solo siete. Los dos niños se apean al llegar a Fuenlabrada y en coche se acercan al Cerro de

los Angeles. El Príncipe Juan Carlos y el infante Alfonso pisan por primera vez tierra española en una

cálida mañana de septiembre

Juan Carlos se examina de ingreso en el Instituto de San Isidro —el mismo centro en el que hacía mas de

treinta años había iniciado sus estudios su padre— y aprobado el examen, comienza sus estudios con

profesores particulares en ta residencia Las Jarillas propiedad de la familia Urquijo. Posteriormente se

traslada a San Sebastián, al Palacio de Miramar —residencia veraniega de la Reina María Cristina—

donde residirá cuatro años con los habituales paréntesis de su traslado a Madrid a cada fin de curso para

examinarse en el instituto San Isidro. De 1952 a 1954 el Príncipe se instala en Madrid, en el palacio del

duque de Montellano está entre las calles de Eduardo Dato Fortuny y la Castellana. En junio de 1954

termina el bachillerato y prepara su ingreso en la Academia General Militar

LOS PRECEPTORES

Don Juan de Borbón, antes de separarse de su dijo le nombra un tutor, el general don Carlos Martínez de

Campos y Serrano duque de la Torre conde de Llovera con de de San Antonio y grande de España, un

veterano de la guerra de África, gran artillero y académico de la Lengua: él será su preceptor a

1o largo de todos sus estudios. En esta su primera etapa de formación, el Príncipe recibe consejos de

varias personas que van entocando su vida don Nicolás Cotoner y Cotoner marqués de Mondéjar militar

de Caballería y medalla militar en la batalla del Ebro el marqués de Mondejar ha seguido desde entonces

los pasos del Príncipe y nos continua al frente de su Casa don Martín de Riquer Morera, conde de

Casadavalos de la Real Academia Española y experto en literatura medieval, don Eugenio Vegas Latapie

letrado del Consejo de Estado, don Angel López. Amo catedrático, ensayista y premio nacional de

Literatura don Alvaro Fontanals capitán de corbeta don Alfonso Armada comandante de Artillería y

diplomado en Estado Mayor, combatiente en la guerra civil y en Rusia, don Emilio García Conde

Laureada colectiva y veterano de los bombardeos del general Gallarza don Joaquín Vaienzuela, oficial de

la Legión, primer marqués de valenzuela de Tahuarda hijo del jefe del Tercio de Extranjeros, coronel;

Valenzuela que murió en la roca de Tahuarda y fue sustituido por Franco al frente de la Legión don José

Garrido pedagogo, el duque de Alburqueque y el dominico padre José Manuel Aguilar, formado en

Buenos Aires y en Dublin.

La visa estudiantil del joven Príncipe es más bien sobria a las siete de la mañana se levanta y oye misa

antes de desayunar, hasta la una del mediodía estudia y hace ejercicios físicos de una dos y media,

almuerza y descansa antes de marchar al Club de Campo para montar caballo y practicar el deporte de

tiro. El resto de la tarde juega dedicado al estudio hasta la cena servida a las nueve y media. A las diez

y media invariablemente , el Príncipe se retira a descansar. Solo este exigente horario explica que el

Príncipe presenciará su primera película a los diecisiete años.

En su cuarto de trabajo entre los libros de texto y una ortografía de su padre, se pueden leer los títulos de

algunos volúmenes de cabecera «Jeromín» de Coloma; «El Quijote» Tirso Calderón; «Defensa de la

Hispamidad» de Maeztu; «El Estado nuevo» de Víctor Pradera algunos «Episodios» de Galdós; las

«Vidas paralelas» de Plutarco, los textos completos de José Antonio y el «Discurso de las juventudes de

España» de Ramiro Ledesma Ramos.

Durante los exámenes la emisora de Radio Nacional en sus diarios hablados hace publicas sus

calificaciones. En 1954 el Príncipe supera con sobresaliente la reválida final de bachillerato al tiempo que

su hermano el infante Alfonso termina el bachillerato elemental.

EL PRINCIPE REALIZA STUDIOS DE DERECHO, ILOSOFÍA Y CIENCIAS POLITICAS Y

ECONÓMICAS

FORMACIÓN MILITAR

El 29 de diciembre de 1954 tiene lugar el segundo encuentro seis años después del primero entre

Francisco Franco, Jefe de Estado, y Juan de Borbón conde de Barcelona. La entrevista se desarrolla en la

Finca Las Cabezas propiedad del conde de San Pedro de Ruisenada en la provincia de Cáceres. El tema

de la conversación se centra en la futura educación del Príncipe decidiéndose que ésta sea castrense.

En virtud de lo acordado en esta reunión el 21 de julio del siguiente año 1955— el «Boletín Oficial del

Estado»se publica una orden firmada por Francisco Franco por la que se nombra a Juan Carlos caballero

cadete de la XIV promoción den Zaragoza. E1 Príncipe acaba de cumplir diecisiete años.

Pero meses antes de ingresar en la Academia General Militar se Zaragoza se prepara en el Colegio de

Huerfanos de la Marina de Nuestra Señora del Carmen residiendo en este tiempo en el palacio de los

duques de Montellano. En Zaragoza el Príncipe se somete al mismo tipo de vida de sus 283 compañeros

—estudio, clases, prácticas, instrucción y ejercicios de táctica y tiro, deporte desde las seis de la mañana a

las diez de la noche con una hora y media de descanso durante seis días a la semana— en los dos años

que pasó en la Academia.

En la Semana Santa de 1958 el Príncipe junto con su hermano Alfonso viaja a Estoril para

reunirse con su familia. En la tarde del 29 de marzo después de asistir con sus padres y hermanos a los

oficios del Jueves Santo el Príncipe charla en una habitación de Villa Giralda con sus hermanos Alfonso y

Margarita —esta última, invidente— Doña María la madre, en otra habitación, está quitándose la

tradicional mantilla con la que ha acudido a la iglesia. El infante Alfonso juega con una pistola de balines

de tiro de barraca que le acaban de regalar se escucha un disparo y un grito del Príncipe. La pistola se le

había disparado al infante que muere instantáneamente.

El Príncipe don Juan Carlos que segundos antes de producirse el disparo había advertido a su hermano

que tuviera cuidado con el arma cambio de caracter raíz del incidente según reconocen sus propios

familiares y amigos. Quería entrañablemente a su hermano. El infante Alfonso recién cumplidos los

catorce anos es enterrado en Cascaes bajo tierra española traída de Extremadura en sacos confeccionados

con la bandera española. Al día siguiente el Príncipe se incorpora nuevamente a la Academia Militar de

Zaragoza.

El 13 de junio de 1957, el Príncipe es promovido empleo de alferez de infantería. Al mes siguiente el Jefe

del Estado le recibe en el Palacio de E1 Pardo y durante algunas semanas reside en Madrid en el Palacio

de Liria, puesto a su disposición por los duques de Alba. En su corta agencia en la capital, el Príncipe gira

visitas a Ministerios y organismos oficiales hasta que en el mes de septiembre ingresa en la Escuela Naval

de Marín en la tercera brigada con la que dio la vuelta al mundo a bordo del «Juan Sebastian Elcano»

duqueescuela en viaje de prácticas Al pasar por Canarias el Príncipe visita a los soldados heridos en

campa-na; aun no ha pasado mucho tiempo desde la pacificación de enclave de Ifni, Santo Domingo,

Panamá, Perú, Colombia son escalas de este periplo que finaliza en Nueva York donde Juan Carlos

coincide con su padre el conde de Barcelona que también realizaba un crucero por aquellas fechas a bordo

de su pequeño yate «Saitillo». En julio de 1958 una vez finalizado el curso obtiene el despacho de alférez

de fragata.

Dos meses después ingresa en Marín en la Academia General del Aire en San Javier como alférez de

aviación. En esta academia per

manece un año. Los profesores de la Academia estiman que, son suficientes cuarenta horas de vuelo para

«soltar» solo al Príncipe pero el duque de la Torre -su preceptor-se niega y exige el doble. El Príncipe

ha demostrado ser un buen piloto paro pese a su insistencia, se le deniega el permiso para pilotar aparatos

a reacción

Una vez que se gradua en San Javier hace un curso de prácticas en Italia y el 3 de mayo de 1950 le cupo

el honor de ser portaestandarte en el desfile de la Victoria de Madrid. El 10 de diciembre, en la

Academia Militar de Zaragoza le son entregados los despachos del teniente de Infantería por el entonces

ministro del Ejército teniente general Barroso, de alférez de navio por el vicealmirante Nieto Antunez, y

de teniente de Aviación, por el teniente general Lacalle Larraga

FORMACION CIVIL

El 29 de marzo de 1960 se volverían a encontrar en Las Cabezas, el Jefe de Estado y el conde de

Barcelona para tratar de los estudios civiles del Príncipe. A raíz de esta entrevista el Jefe del Estado

ordena restaurar y acondicionar el palacete madrileño de La Zarzuela, para que sirviera de residencia

madrileña de Príncipe, que comienza una etapa de estudios en las Facultades de Derecho Piloto y Letras y

Ciencias Políticas y Económicas de Madrid y Barcelona.

Lejos ya de la rigidez de la disciplina militar y contando veintitres años Juan Carlos comienza a ser

noticia para la Prensa europea del corazón, se le relaciona, sucesivamente, con las princesas Isabel ele

Francia y María Gabriela de Saboya, de las que era amigo desde su infancia hasta que el 13 de septiembre

de 1961 se hace público en Lausana su compromiso matrimonial con la princesa Sofía de Grecia -Sofía

Schleswig Hoistein Sonderburg Gluscksburg y Hannoyer- hija de los Reyes Pablo I y Federica.

UNA PRINCESA GRIEGA

Al emanciparse Grecia del imperio turco, mediado el siglo XIX se constituyo en reino y buscó una

dinastía. En 1863 la Asamblea Nacional ofreció el trono de Grecia a Guillermo de Schleswig Holstein,

hijo del Rey de Dinamarca. El príncipe danés al aceptar el ofrecimiento se convirtió en Jorge de Grecia,

bisabuelo de la Princesa Sofía, y contrato matrimonio con la gran duquesa Olga de Rusia. Su reinado duró

cincuenta años y fue asesinado en Salónica en 1913 sucediéndole su hijo Contantino, que estaba casado

con la hermana del Raiser Guillermo II, princesa imperial Sofía de Honenzohern.

Al estallar la primera guerra mundial los aliados occidentales presionaron sobre el Gobierno griego de

Venizelos para que el Rey Constantino abdicara por estar casado con una princesa alemana venizelos

desplegó sus buenos oficios y el Rey griego y su hijo primogénito Jorge, fueron deportados subiendo al

trono el segundo hijo del monarca Alejandro I que contrajo matrimonio con la aristócrata griega Aspasia

Manos.

Estando la pareja real en la residencia de verano de Tatoi al tratar de separar a una mona y un perro que

estacan enzarzados en una pelea el simio mordió al Monarca en una pierna. El 25 de octubre de 1920

veintinueve días después de este accidente sin importancia aparente, fallecía el Monarca Alejandro I a

consecuencia de una gangrena en la pierna herida es entonces cuando vuelve a reinar en Grecia

Constantino I que abdica en 1923 a favor de su primogénito Jorge II que es destronado en 1924 al

instaurarse en el país helénico el régimen republicano de familia real se exilia en Italia.

Después de once años Grecia vuelve a llamar al trono a Jorge II en el que permanece hasta 1940, año en

que el país es invadido por la Italia fascista. La familia real emprende una vez más el camino del exilio en

unas condiciones penosas instalándose precariamente en Alejandría primero y en Ciudad del Cabo

después.

Tras la liberación del país por las tropas inglesas JorgeII es nuevamente llamado al trono que ocuparía por

espacio de tres anos hasta su muerte que le sobrevino sin dejar heredero directo.

Inmediatamente fue proclamado Rey su hermano Fabio I que había trabajado durante su exilio como

obrero en la Armstrong Withworth de Coventry utilizando el nombre de Beck. Se había casado con la

princesa Federica de Hannover y Honenzoliern, hija de los duques de BrunswickLuneburg y de cuyo

matrimonio tendrían tres hijos: Sofía, Constantino e Irene.

La Princesa Sofía nació el 4 de noviembre de 1938 en el barrio ateniense de Psychico, y tuvo la educación

de una familia conocedora de muchas privaciones no en vano su padre Pablo I era conocido como el «el

Rey con menos protocolo de Europa». Sofía fue enviada primero a una escuela publica de Psychico para

cuatro anos más tarde trasladarse a Suiza con el fin de aprender idiomas en el mismo colegio en que

estudio su tío el príncipe Felipe de Grecia actual duque de Edimburgo y rey consorte de Gran Bretaña.

Posteriormente participo en las actividades de las «giriscouts» en Grecia Asociación de Guías Helenas) y

estudio puericultura con el famoso pediatra griegos Ppyros Doxiadis

El 13 de septiembre de 1961 la Prensa europea se llevó una buena sorpresa ya que la ligaba

sentimentalmente al príncipe Harald de Noruega.

BODA EN ATENAS

En septiembre de 1954 los Reyes Paolo y Federica de Grecia organizan un crucero por el Mediterráneo a

bordo del «Agamenon». A el asiste el Príncipe Juan Carlos y conoce en esta ocasión a la

Princesa Sofía. Ella tiene quince años y el dieciseis. En 1960 se produce un nuevo encuentro esta vez en

Napoles. Un año después comienzan las especulaciones sobre su posible compromiso a durante la boda

en York del duque de Kent. Pocos meses después el Príncipe Juan Carlos es invitado a «Mon Repos» en

la Isla de Corfú por los Reyes griegos y ese mismo año en una cena de gala de la Feria Suiza de Muestras

a la que asistía Pablo I, Juan Carlos le Pide su permiso para casarse con su hija Sofía. En la mañana del

día 13 de septiembre de 1961.Los condes de Barcelona salen para Suiza, y el príncipe Constantino,

regente en ausencia de su padre, hace pública la noticia en una conferencia de Prensa. En el mismo día,

desde Lausana don Juan de Borbón pide comunicación con el yate «Azor» a través del pazo de Meirás

para informar al Jefe de Estado español.

Entre las dos familias existían relaciones comunes, los novios son primos terceros el conde de Barcelona

es primo segundo del Rey Pablo I de Grecia, el Príncipe Juan Carlos es tío en cuarto grado de la Princesa

Sofía al ser primo tercero de la Reina Federica de Grecia.

La boda se celebra el 14 de mayo de 1962 en la catedral ateniense de San Dionisio ante monseñor

Brindisi por el rito católico y en la catedral ortodoxa de Atenas ante el arzobispo Crisóstomos por el rito

ortodoxo. El lema de los nuevos esposos será «Plus Ultrax -«Mas alia»- La repretentación española en

la ceremonia nupcial. Fue presidida por el ministro de Marina, almirante don Felipe Abarzuza, que llegó a

Atenas a bordo del crucero de «Canarias», quedando atracado en el puerto de le capital helénica durante

los días de las ceremonias.

Diez días después de su boda y aunque el matrimonio por ambos lados había sido autorizada por el

Vaticano la Princesa Sofía abraza la religión católica en una discreta ceremonia celebrada en la isla de

Cortú ante monseñor Benedicto Printesis arzobispo católico de Atenas. El 29 los Príncipes serían

recibidos por el Papa Juan XXIII.

El Parlamento griego aprobó conceder a la Princesa una dote de algo más de 21l millones de pesetas por

su parte, el Gobierno español concede a Juan Carlos una dote de algo más de 42 millones de pesetas. A

título personal el Jefe del Estado español regalo a la Princesa una pulsera y al Príncipe una escribania.

Los padres de doña Sofía obsequiaron al nuevo matrimonio con un castillo en Atenas y una de sus fincas

autriacas. Los príncipes de Mónaco les regalaron un yate.

En cierta ocasión el Príncipe dijo a los periodistas «Me enamoré de Sofía desde que me la presentaron en

el "Agamenon" después fui a Grecia porque me seduce ese país, y allí pude apreciar la sencillez y el

sentido del deber de mi esposa. Es una de las pocas jóvenes que conozco que puede llevar con toda

dignidad una corona real.

La Princesa Sofía efectivamente posee un caracter serio y reflexivo de fuerte personalidad y acendrado

sentido del deber más proclive al estudio y al trabajo que al ocio y a las diversiones. Es aficionada a la

equitación, la arqueología, la puericultura y sobre todo a la música. Habla francés, alemán, inglés,

italiano, griego y castellano.

LA PREPARACION DE UN HOMBRE DE ESTADO

Instalados ya los Príncipes en el palacio de La Zarzuela de Madrid, don Juan Carlos comienza una nueva

etapa en su formación acentuando aún más su preparación de hombre de Estado. Viaja con frecuencia por

el país, visita instituciones y toma contacto con las gentes. Más adelante el Príncipe emprendería un plan

de trabajo en los distintos Ministerios, pasando varias semanas en cada uno de ellos, obteniendo así un

conocimiento de primera mano sobre el funcionamiento de la Administración española.

El primer hijo de los Príncipes sería la infanta Elena que nació el 20 de diciembre de 1963 y fue

apadrinada en la ceremonia del bautizo celebrada en La Zarzuela por la condesa de Barcelona y el infante

don Alfonso de Orleans. El sacramento que sería administrado por monseñor Riberi entonces nuncio de

Su Santidad en España, se ofició sobre la pila bautismal de Santo Domingo de Guzmán.

El 1 de abril de 1964 para conmemorar los veinticinco años de paz, se celebra en la basílica de la Santa

Cruz del Valle de los Caídos un solemne tedéum al que asiste don Juan Carlos situándose al lado de la

Epístola y dando frente al Jefe del Estado. Esta primera presencia en un acto público sería

paulatinamente acrecentada pudiéndose ver al Príncipe en numerosas inauguraciones -bien

presidiéndola él mismo o en lugar preferente junto al Jefe del Estado»-, recepciones, actividades

militares, etc. En 1967 nace otra infanta Cristina, y restablecida doña Sofía los Príncipes inician un

viaje a los Estados Unidos de diecisiete días de duración siendo recibidos ñor el Presidente.

El 5 de enero de 1968, Juan Carlos cumple treinta años de edad, circunstancia que es glosada

ampliamente por la Prensa nacional, al poseer el Príncipe ya la edad requerida por las Leyes

Fundamentales para ser designado sucesor. En este sentido y con motivo del nacimiento del primer hijo

varón -el infante Felipe- ocurrido el 30 de enero de este mismo año un diario catalán tituló así la

notícia «Nace un futuro Rey de España.»

Al bautizo del infante acude el Jefe del Estado de igual manera que habla asistido al de sus dos hermanas,

y también regresa a España -por vez primera desde 1931- la Reina Victoria Eugenia que sería madrina

de la ceremonia, y el conde de Barcelona padrino.

A lo largo de este año, Juan Carlos prosigue su toma de contacto con la realidad social, política y

económica del país; en Tarragona asiste al Congreso Sindical y en Barcelona en a Cámara de Comercio

de Industria dice: « Una de las tareas más apasionantes con que nos enfrentamos hoy es lograr una cada

vez más justa distribución de la riqueza ». El último día de 1968 es ascendido a los empleos de capitán de

Infante ría, capitán de aviación y teniente de navio.

El día 6 de enero de 1969 sale a la luz pública el primer documento que inequívocamente nace pensar que

don Juan Carlos sería designado sucesor a la Jefatura del Estado a título de Rey. Está al menos fue a

explicación que se concedió a la entrevista que el Príncipe sostuvo con Carlos Mendo director de la

agencia Efe y en cuyas declaraciones que serían recogidas por toda la Prensa nacional y

numerosos periódicos del mundo el Príncipe manifestaba su conformidad y acatamiento a lo dispuesto en

las Leyes Fundamentales españolas.

SUCESOR A TITULO DE REY

El día 22 de julio de 1969 el Jefe del Estado propone ante un pleno extraordinario de las Cortes a don

Juan Carlos de Borbón como sucesor a título de Rey. Un día después, en el Palacio de la Zarzuela. don

Juan Carlos ante el ministro de Justicia, notario mayor del Reino, y en presencia de la Princesa Sofía y sus

tres hijos firma el acta de aceptación como sucesor: «Acepto en mi nombre y en el de mis sucesores, las

obligaciones y deberes que me impone esta designación. Este acto, trascendental para mi, representa mi

entrega total al servicio de la Patria.»

Horas después, ante el pleno de las Cortes v en presencia del Jefe del Estado juraba como sucesor a título

de Rey, lealtad al Jefe del Estado y fidelidad a los Principios del Movimiento Nacional, Leyes

Fundamentales del Reino. Simultáneamente, el «Boletín Oficial del Estado» publicaba un decrete de la

Jefatura del Estado por el que se conferían al Príncipe a título honorífico los empleos de general de

brigada del Arma de Infantería, contraalmirante de la Armada y general de brigada del Ejército del Aire.

A partir de entonces comienza una nueva etapa en la vida del Príncipe, consagrado por entero a sus

nuevas funciones como segunda jerarquía de la nación. Su vida personal y familiar se ven restringidas

ante sus nuevas responsabilidades. Tras el «footing» al amanecer por el monte bajo de la Zarzuela, el

trabajo de despacho, de audiencias, actos oficiales, viajes, estudio, ocupan sus horas. Las jornadas de caza

o de hípica se van haciendo cada vez más escasas; sus escapadas a alguna sala de concierto o de cine con

su esposa, la Princesa doña Sofía, frecuentes antes de su designación, ya no son posibles. Son muchas las

tareas a que se enfrenta el Príncipe en esta nueva singladura, ya partir de aquí su biografía pasa a ser la de

un hornbre de Estado.

Días después de su designación como sucesor, don Juan Carlos y doña Sofía junto con sus hijos, son

invitados por el Jefe del Estado y su esposa a pasar parte de las vacaciones estivales en el pazo de

Meirás. Esta invitación se repetiría después, todos los años al comienzo de la etapa veraniega. Desde

Galicia, los Príncipes se trasladan a Palma de Mallorca donde don Juan Carlos tendría ocasión de

practicar uno de sus deportes favoritos, la vela. Con su embarcación «Fortuna» ganaba ese año el

campeonato de España de la clase Dragon.

Finalizadas las vacaciones estivales, el Príncipe realizaba su primer viaje al extranjero tras su investidura

correspondiendo a una invitación del Sha de Persia, los Príncipes estuvieron durante una semana en Irán,

donde fueron clamorosamente acogidos por la población y por su Emperador.

De vuelta a España el Príncipe reanuda su trabajo, sus audiencias, su asistencia a actos públicos. Junto a

la Princesa doña Sofía tiene ocasión de asistir a la inauguración de la exposición «El modernismo en

España», en Madrid, así como a los museos de América y de Arte Popular Iberoamericano. Los Príncipes

grandes amantes del arte asisten a estos actos más que por mero protocolo por satisfacción y gusto

personal.

A finales de diciembre los Príncipes vuelven a realizar otro viaje al extranjero de importante contenido

político. Se desplazan a Bruselas, a la sede de las Comunidades Europeas, donde don Juan Carlos se

entrevista con su presidente Jean Rev.

CONTACTO CON EL PUEBLO

En enero de 1970, los Príncipes se trasladan a Estoril, don de pasan unos días de descanso con los condes

de Barcelona. Ese mismo mes don Juan Carlos preside en Barcelona la constitución del Consejo

Económico de Cataluña mientras su mujer doña Sofía se desplaza a Roma para asistir al bautizo del tercer

hijo de su hermano el rey Constantino.

El febrero, los Príncipes realizan un viaje oficial a Barcelona, que sería el primero en una larga gira por

toda la geografía española. Un mes después visitan Valencia, donde vuelve a constatarse el cariño y la

adhesión del pueblo hacia sus Príncipes, así como en las visitas realizadas a León y Guadalajara en abril.

A mediados de abril un fuctuoso suceso la muerte de a Reina Victoria Eugenia hace que los Príncipes se

trasladen a Lausana (Suiza) para asistir a los funerales, junto a toda la familia real española. Meses más

tarde en junio, los Príncipes eran especialmente invitados por la familia real británica para asistir en

Londres a los actos conmemorativos del cumpleaños de la Reina Madre.

En lo que resta de año, amen de asistir a diversas inauguraciones, presidir asambleas y reuniones y otras

actividades oficiales, los Príncipes realizan varios viajes por el interior del país Asturias y Ceuta y Melilla

son escenarios esta vez de la adhesión popular en torno a la pareja; Barcelona, Toledo, Granada, Huesca,

El Ferrol, Cádiz, Segovia, Zaragoza y Valencia reciben por su parte al Príncipe en sendos viajes de

trabajo, con el fin de conocer de cerca las aspiraciones y realizaciones de sus habitantes.

Al final del año, y tras un viaje a Roma, donde don Juan Carlos preside la delegación española que asiste

a la proclamación de Santa Teresa como doctora de la Iglesia, los Príncipes realizan un viaje oficial a

Francia que consigue el primer éxito personal político y diplomático de la pareja en el exterior. La

primera parte de este viaje tuve un carácter estrictamente militar -don Juan Carlos asistir a unas

maniobras conjuntas hispano-francesas y la segunda un marcado carácter político y diplomático. El

Presidente Pompidou ofreció a los Príncipes un almuerzo en el Elíseo tras haber mantenido con don Juan

Carlos una extensa entrevista. Se dijo entonces que el viaje trances del Príncipe había constituido «su

presentación oficial ante Europa», y así fue como lo constatan las entrevistas del Príncipe con el

Presidente galo y varios ministros en las que, quedo claro que el Príncipe no viajaba al exterior en

misiones protocolarias, sino con un sentido político de altura y en representación del Estado español.

Lo evidenciado en este viaje a Francia se confirmo sobradamente en e1 viaje que los Príncipes realizaron

en enero de 1971 a Estados Unidos. A su llegada a Washington le fueron rendidos a don Juan Carlos

honores de Jefe de Estado v tras sus entrevistas con Nixon Williams Rogers, Robert McNamara William

Fulbright y otras personalidades estadounidenses se confirma plenamente el carácter de este viaje como el

de un estadista y en definitiva como el de un político

La simpatía le tos Príncipes redondeo en un plano persona, el éxito político del viaje Washington vivió

dos días de gala en honor de don Juan Carlos y doña Sofía. Antes de regresar a España, los Príncipes

asistieron al lanzamiento en Cabo Kennedy del «Apolo 14» En esta ocasión expreso el Príncipe por

televisión a doscientos cincuenta millones de norteamericanos, y por vía Eurovisión a todo el mundo, los

profundos sentimientos de amistad y cooperación en los distintos campos, político nuclear, cultural y

económico, que ligan a España y a Estados Unidos.

En los meses siguientes, Príncipe visito Andalucía, Barcelona, Cáceres, Santiago de Compostela, Lugo y

Granada, asistiendo a numerosos actos oficiales, presidiendo varias inauguraciones y configurando

definitivamente sus promesas de ser ante todo y sobre todo un hombre al servicio del pueblo. En la

clausura de la campaña de promoción cultural en la Casa Sindical, en julio de este mismo año, don Juan Carlos definió el papel que deberían suponer los

Sindicatos en nuestra sociedad: «La acción y el cauce de representación de los trabajadores.»

Otros desplazamientos importantes por el interior del país fueron las visitas a Santander, Vizcaya y

Ciudad Real, donde fue aclamado por millares de personas.

El 13 de octubre se desplazaron a Irán, invitados por el Sha, para asistir a los actos conmemorativos del

2.500 aniversario de la fundación de Persia.

Pero hay una fecha en el año 1971 que brilla sobre todas las demás: el 16 de julio. En aquel día, una ley

de la Jefatura del Estado confería expresamente al Príncipe de España las atribuciones que el artículo 11

de la Ley Orgánica establecía para el «heredero de la Corona»: suplir al Jefe del Estado en sus funciones

en caso de enfermedad o ausencia del territorio nacional. Se aseguraba así el correcto funcionamiento de

los mecanismos sucesorios y adelantaba una vez más la decisión previsora del Caudillo del futuro de

España en el desenvolvimiento pacífico y natural de las instituciones establecidas por las Leyes

Fundamentales.

VIAJE AL JAPÓN

En enero de 1972, los Príncipes viajan a Japón, donde se entrevistaron con loe príncipes herederos, con el

primer ministro nipón y con el Emperador Hiro-Hito. Con este viaje el Príncipe de España anunciaba y

preparaba el camino de las nuevas directrices políticas sobre las que se iban a asentar las relaciones

congulares y comerciales España-Japón y, sobre todo, España-Pekín. Con las palabras «progreso y

tradición» plasmó don Juan Carlos los lazos fundamentales que unían al país nipón con España.

En aquel mismo mes, el día 9, en su primera alocución al Consejo del Reino, el Príncipe había dicho: «He

aquí el reto con el que se enfrentan los responsables de la política española en esta aurora de 1972:

resolver el problema de preparar o perfeccionar los cauces de participación que hagan posible canalizar la

necesaria evolución que, sin traicionar lo que es permanente, ofrezca fórmulas viables para esta sociedad

cambiante que nos ha tocado vivir.»

Así de simple, con la serenidad de que siempre ha hecho gala, el Príncipe abría las puertas y presagiaba

todo un programa nuevo de Gobierno. De aquellas palabras se podría derivar perfectamente muchas de

las leyes anunciadas por el programa Arias del 12 de febrero de este año: la ley de Asociaciones, la ley de

Régimen Local, etc.

En el acto inaugural del Consejo Ejecutivo de la Unesco, celebrado en Madrid durante los primeros días

del mes de mayo, reiteraba el Príncipe la necesidad de conjuntar «progreso y tradición», «los cambios

sociales y los valores permanentes».

Siempre leal al Generalísimo, profundizando en la problemática nacional e internacional por medio dé

visitas en el interior, y a países extranjeros como Etiopía, donde se le rindieron honores de Jefe de Estado,

la persona del Príncipe se iba haciendo cada día más necesariamente presente en la evolución histórica

española.

Su preocupación universal y su interés por el mundo de la educación y de la cultura quedan ampliamente

reflejados en sus numerosos discursos. Decía el 15 de junio de 1972 en el acto de entrega de los premios

del Ejército: «La orientación de nuestro futuro dependerá, en cierta medida, de los informadores.»

Esta misma idea le llevaría a decir en enero del año siguiente, al entregar los premios nacionales de

Literatura y Periodismo: «Escribir es servir.»

Numerosas son también las actividades del Príncipe relacionadas con el Ejército. Continuamente estuvo

presente don Juan Carlos allí donde el impulso creciente de las fuerzas armadas dentro de id sociedad

actual y todos los actos relacionados con las mismas reclamaban su presencia.

VISITA OFICIAL A ALEMANIA

«Conocer en directo los problemas del pueblo» es el lema que siempre ha seguido el Príncipe. Del pueblo

nacional y de los pueblos internacionales. En este segundo marco de acción destaca el viaje que efectuó

en septiembre de 1972 a la República Federal Alemana, donde se entrevistó con Heinemann y Brandt.

Con este nuevo desplazamiento con siguió que todos sus interlocutores políticos y observadores

periodísticos le concedieran por unanimidad el título de verdadero hombre de Estado. Además de

solidificar la postura española con respecto al Mercado Común y de asegurar y afianzar las líneas que iba

a seguir la política exterior española, el Príncipe dijo algo muy importante: «La Corona resume en feliz

síntesis la legitimidad racional de! Estado moderno, el carisma de la tradición y el principio de

legitimidad de la nación.» Y refiriéndose a la unidad europea: «Para unir e incorporar no es necesario

identificar; basta armonizar.»

Ya en 1973, y en unas declaraciones para una revista belga publicadas en España a mediados de febrero,

el Príncipe definía con toda claridad las bases de las relaciones Iglesia-Estado en nuestro país definición

que muy bien pudo ser la introducción programática a las negociaciones que actualmente se están

llevando a cabo con la Santa Sede.

Cariño, afecto y conocimiento directo de los problemas de España son la trilogía que, a modo de pancarta,

dirigieron las actividades públicas del Príncipe en 1973. Un recorrido triunfal por las islas Canarias, con

visitas a Tenerife, Palma, Gomera, Lanzarote... abren el diario de servicios en aquel año y continúa la

decisión del Príncipe de ser un hombre de Estado del pueblo, para el pueblo y desde el pueblo. En mayo

Inaugura la Conferencia Iberoamericana de ministros de Planificación y Desarrollo, en cuyo discurso de

inauguración marca los hitos de las relaciones entre los países de habla hispánica. Luego visitaría

Vascongadas, otra vez Palma; en junio era designado doctor «honoris causa» por la Universidad argentina

John Kennedy. Inauguraciones en Santander. Cataluña y Alcalá de Henares cerrarían el capítulo de viajes

del Príncipe por la Península durante el verano del 73

En los últimos meses del año pasado resaltan dos acontecimientos fundamentalmente entre los

inumerables viajes del Príncipe: la visita a España de los príncipes herederos del Japón en el mes de

octubre y el viaje que efectuaron don Juan Carlos y doña Sofía a Francia en noviembre. Con el primer

acontecimiento se estrechaban los lazos de amistad entre Japón y España. La visita a Francia sirvió para

«renovar la voluntad de España de contribuir a la formación de la nueva Europa» y para reiterar la

determinación ineluctable de nuestro país de colaborar en la formación de una Europa política y

económicamente integrada.

Ante el trágico suceso con que se cierra 1973, la muerte de Carrero Blanco, don Juan Carlos muestra una

entereza digna de reconocimiento. Por una indisposición del Jefe del Estado, el Príncipe preside el

entierro del presidente del Gobierno y reafirma, con su presencia constante en aquellos momentos

difíciles, la confianza depositada en él por el pueblo español.

JEFE DE ESTADO EN FUNCIONES

En 1974, sobresale en el plano internacional, la gira que efectuaron los Príncipes, en febrero, por Arabia

Saudí, Filipinas y la Unión India. Este peripio, al que acompañaron y siguieron varios acuerdos

comerciales de importancia, fue considerado como un auténtico «viaje de Estado». Constituyó un éxito

diplomático, político y popular del Príncipe, quien se entrevistó con los principales mandatarios de los

tres países visitados: con el Rey Fei al, al Presidente Marcos y la primer ministro Indira Ghandi.

El 19 de julio de ese año es designado Jefe de listado en funciones por el Caudillo, a causa de la flebitis

que aconsejó la hospitalización de éste. Pocas horas después de su designación, don Juan Carlos firmaba

la Declara ción de Principios Hispano Norteamericanos en el palacio de La Quinta. (Mientras Nixon lo

hacía en San Cíe mente). En el espacio de los cuarenta y seis días en que desempeñó las funciones de Jefe

de Estado, el Príncipe firmó siete leyes -que habían sido aprobadas recientemente por las Cortes- y 28

decretos. Por primera vez aparecían disposiciones en el «Boletín Oficial del Estado» firmadas por «Juan

Carlos de Borbón, Príncipe de España». También en ese período, presidió don Juan Carlos dos

Consejos de ministros -reunido uno en el Pardo y otro en el pazo de Meirás.

El 3 de septiembre, Franco completamente restablecido de su enfermedad, reasume las funciones de Jefe

de Estado. Un día después,, las Cortes agradecían al Príncipe de España su actuación como Jefe de

Estado. Antes de finalizar el año. el Príncipe proclamaba en Bilbao -a donde había acudido para ser

investido doctor «honoris causa» de la Escuela de Ingenieros Industriales-: «Afirmo rotundamente que

hemos de escuchar a la juventud.»

SU ULTIMO AÑO COMO PRINCIPE

El año 1975 se abría con la participación por primera vez en un acto oficial del Infante don Felipe, quien

saludó uno a uno a los miembros del Consejo del Reino que habían acudido, el 7 de enero, a felicitar a su

padre. Don Juan Carlos calificó, en esta ocasión, al Consejo «como institución que es el más firme apoyo

que en su día contará la Corona para adoptar las decisiones que más convengan al pueblo español.»

Tres han sido los viajes internacionales que a lo largo de este año han reafirmado ante las cancillerías

extranjeras la prudencia y la valía de estadista del Príncipe de España. El 22 de febrero viajaban Sus

Altezas a Francia, invitados por Giscard a una cacería. Pero las conversaciones informales mantenidas en

los bosques de Chambord sirvieron, en realidad para superar las tensiones existentes hasta, ese momento

entre los dos países desde el asesinato de Carrero y el estallido de la bomba de la calle del Correo. La

Prensa francesa no dudó en hablar de una mejora de clima diplomático entre Francia y España y aplico la

palabra «deshielo» para definir lo conseguido por el Príncipe durante la cacería de aquel fin de semana. El

segundo gran éxito internacional lo obtuvo el Príncipe en Teherán. Sus diálogos con el Sha -casi ocho

horas de conversación- y las reuniones de trabajo con los ministros iraníes que inició y dirigió el

Príncipe contribuyeron al desbloqueo de la situación comercial entre Irán y España. Don Juan Carlos

manifestó en aquel viaje que «llegaba a Irán, para establecer una cooperación a largo plazo como futuro

Rey de España». Por último, acompañados de miembros del Gobierno, los Príncipes realizaron una visita

oficial de cuatro días de duración a Finlandia. Don Juan Carlos fue recibido con honores de Jefe de

Estado. Durante las: recepciones y cenas de gala, el Príncipe sostuvo amplios contactos con los

embajadores de los países socialistas en Finlnadia y, especialmente, con ¡el embajador de China Popular,

Su Alteza invitó al Presidente Urho Kekonnen quien los había, recibido diciéndoles; «En Sus Altezas

saludamos a los futuros monarcas de España»-: a que visitase nuestro país.

En el transcurso de estos últimos meses, el Príncipe -acompañado en numerosas ocasiones por doña

Sofía- ha multiplicado su presencia y sus contactos con las tierras de España y con sus hombres. Ha

querido acercarse a sus problemas -como, en Murcia, a donde fue a clausurar el IV Congreso Nacional

de Comunidades de Regantes-, o como en diversas poblaciones manchegas de Ciudad Real a las que

acudió para comprobar personalmente ei funcionamiento de la formación profesional. Otras veces el

Príncipe ha querido simplemente gozar del contacto con la Juventud española. Así ocurrió en su visita

veraniega -acompañado de la Princesa- al campamento nacional de Covaleda, donde llegó en

helicóptero pilotado personalmente. En el libro de honor del campamento escribió que tenía «una enorme

esperanza en toda la juventud española» y que él mismo se encontraba «con una enorme juventud

interior». Pero de entre los viajes de este año por tierras españolas destacan principalmente los dos que

efectuó a Cataluña (el 19 de marzo a Barcelona y el 16 de julio a Barcelona y Gerona). La Prensa catalana

los definió como un auténtico «acercamiento al país real» -ajenos por completo a los formalismos

protocolarios-, En esa doble estancia recibió el Príncipe la «barretina», se entrevistó con un patriarca de

las letras catalanas, Josep Pía visitó personalmente el Campo de la Bota -zona suburbial barcelonesa-,

citó en catalán a Maragall ante 308 alcaldes y alabó «el profundo sentido común catalán, el seny». El

Príncipe afirmó; «Hoy más que nunca, pienso que en este equilibrio y buen sentido reposa el porvenir de

la Patria,»

En estos poco más de seis años que se han cumplido desde la proclamación por las Cortes del Príncipe de

España, don Juan Carlos -en un sacrificado y duro papel- ha rendido al Estado importantes servicios

-no todos conocidos- y se ha desenvuelto con exquisita discreción y ejemplar lealtad para con las

instituciones y para con el Jefe del Estado, recogiendo en su tarea adhesiones multitudinarias. Ha

demostrado que no es una esperanza de futuro, sino una presencia sólida y real en la vida del Estado.

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