Autor: Freijanes, Víctor F.. 
 Enfrentamientos entre pescadores de la ría de Arosa. 
 El alcalde de Rianxo, obligado a dimitir por una movilización popular     
 
 Informaciones.    30/08/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

ENFRENAMIENTOS ENTRE PESCADORES DE LA RÍA DE AROSA EL ALCALDE DE RIANXO,

OBLIGADO A DIMITIR POR UNA MOVILIZACIÓN POPULAR

VIGO, 30 (INFORMACIONES, por Víctor F. Freixanes).

TODO el mundo fuera menos el barrendero!». Con este grito y otros similares

referidos a la gestión municipal que venía siendo contestada desde hace tiempo,

el alcalde de la Corporación Municipal del pueblo marinero de Rianxo, en la ría

de Arosa, fue obligado a dimitir y abandonar la Casa Consistorial tras una

repentina movilización popular que se concentró ante la fachada del edificio a

mediodía de ayer.

Es un aspecto más de los incidentes que se vienen regístrando en esta zona de la

ría de Arosa y que comenzaron el pasado viernes con el enfrentamiento de

marineros de Rianxo y de Carril —al otro lado de la ría— por un problema de

límites de pesca y vedas de marisco. En aquellos enfrentamientos hubo una

veintena de heridos, algunos de gravedad, y durante todo el fin de semana se

registró una vigilancia especial de la zona por parte de fuerzas de la Guardia

Civil con llamadas insistentes a la serenidad. Los ánimos están muy excitados.

Los sucesos de ayer se insertan dentro del clima de tensión y descontento

popular de la zona. Lo del viernes no ha sido más que un catalizador de todo un

movimiento popular que ayer obligó al alcalde de Rianxo a salir al balcón, con

lágrimas en los ojos anunciando su dimisión, mientras en la plaza centenares de

vecinos gritaban: «Sinvergüenza, sirvergüenza». Una comisión había subido a

dialogar con el momentos ames y recibió la dimisión de la autoridad local.

Inmediatamente después se izó en el balcón la bandera gallega al lado de la

española, mientras en la calle se gritaba: «Asamblea popular, asamblea popular».

Todo comenzó cuando llegó a la villa un autobús con mariscadores de la vecina

aldea de Taragoña, dispuestos a exigir por ello la dimisión de la autoridad

municipal. Inmediatamente, mientras sonaban a rebato las campanas de la iglesia

y la sirena de la cofradía de pescadores, una gran parte de la población se

agrupó frente a la fechada del Ayuntamiento. Había un altísimo clima de

descontento que se veía radicalizado por la actitud de la Corporación, que según

el vecindario se mostró totalmente indiferente ante los acontecimientos del

pasado viernes. Gritos de «Queremos un ambulatorio, queremos médicos, control de

los Ayuntamientos», etc., se sumaban a las reivindicaciones que gritaban desde

la plaza. Los vecinos exigían las llaves del Ayuntamiento y vigilancia para que

no desaparezca ni un papel de la gestión municipal.

 

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