Autor: Sánchez-Vicente López, Consuelo. 
   La autopista     
 
 Arriba.    09/10/1977.  Páginas: 6. Párrafos: 30. 

Casi cuatro años después de que empezasen las obras de la autopista del

Atlántico. Galicia sigue ente el sí y el no, a lo que, para unos, es >>como la

columna vertebral de las comunicaciones gallegas >> y para otros ,>>un navallazo

espetado no corpo de Galicia>>. La enquistada polémica alcanzó su punto álgido

el pasado verano, cuando los vecinos del Ayuntamiento de Vilaboa (Alcalde

incluido) cogieron sus carros y ganados y, al grito de «no pasarán», se

colocaron delante de las palas mecánicas hasta que el Ministerio de Obras

Públicas ordenó la paralización de las obras en aquel tramo. Motivo: que los de

la autopista les habían cortado tos caminos, los regueros de agua y las mini-

propiedades por la mitad. Que las explosiones necesarias para los desmontes eran

demasiado fuertes, que las piedras caían sobre las casas y la onda expansiva

removía sus cimientos. Que no estaban de acuerdo con las indemnizaciones.

LOS DE VILABOAç

—Ellos —dice el Alcalde de Vilaboa— traían ya la valoración de las tierras

hecha, pero los vecinos no estaban de acuerdo. Hubo líos, y entonces se pidió la

peritación del valor de las propiedades por tres partes: vecinos, Administración

y empresa de la autopista. En los resultados no hubo acuerdo y ahora algunos

terrenos esperan aún dictamen judicial en el Tribunal de Justiprecio. En lo que

se refiere a las indemnizaciones, los de la autopista pagaron a unos más y a

otros menos, hecho que ha originado protestas; como también el que los terrenos

expropiados a la fuerza (los más fértiles, por estar situados en los valles) se

pagasen peor que las casas expropiadas. Además, hay casas llenas de grietas,

afectadas por las explosiones, cayendo se, que ni arreglan ni compran. Como la

de Arsenio.

La casa de Arsenio está en la parroquia de San Adrián lugar de Ubeiras. En ella

viven siete personas, incluidos viejos y niños, en unas condiciones...

—Mire usted —dice la señora de la casa—, esto es un atropello. Vergüenza siento

de enseñarles la casa, que habíamos arreglado. Hemos puesto una uralita en el

techo porque en el invierno llueve dentro como en una viña. Han arruinado

nuestra vida, nos vamos a morir de humedad. Nos cortaron el camino y nos

hicieron otro por el que no pueden ni subir los bueyes con un carro de tojo. El

otro día, amarrámoslos a unos pinos con cables de lo empinada que es la cuesta,

para ayudarlos a tirar del carro. Ya ve, la casa apuntalada; el camino, cortado;

una tierra que tenemos al otro lado, sin poder ni ir a ella... Sí, nos pasan una

pensión los de la autopista de 10.000 pesetas al mes. Para que nos vayamos a un

piso a Vigo. ¿Y qué hacemos allí? ¿Creen ellos que vamos a encontrar en Vigo un

piso para siete, y que vamos a comer con 10.000 pesetas? Y los animales,

¿también los llevamos al piso? Esta gente ha arruinado mi casa... No, tampoco

compran; dicen que de momento, mientras estén las obras paradas, no pueden hacer

nada aquí. ¿Y qué culpa tenemos nosotros? Así llevamos ya un año, un año en

estas condiciones. Ni compran, ni arreglan; estarán esperando a que nos muramos.

—En principio —continúa el Alcalde— cuando hablamos con ios de la autopista, no

pusieron pega ninguna a 4a cosa de las indemnizaciones por terrenos y casas

afectados, como la de Arsenio, pero dicen que ellos tienen un seguro para estas

cosas y que es el seguro el que debe decidir, que al seguro corresponden evaluar

los daños y pagar. Pero el seguro por aquí ni ha aparecido aún. Y hace un año

ya.

LOS «TUBOS»

Hace un año ya, los de la autopista intentaron sustituir los caminos cortados

por unos tubos metálicos subterráneos.

—Los tubos —dice Luciano Puga Suárez, director de Asuntos Generales de la

Autopista— no son ninguna cosa vejatoria, como han intentado decir. Existen

otros en España y en Europa; hasta en Estados Unidos, y a nadie le molestan.

Pero, claro, para ios de Vilaboa, los tubos están en Estados Unidos porque los

americanos son «un pobo asobailado» (avasallado). ¡Precisamente, los

norteamericanos, un pueblo avasallado...! Dicen que las vacas no quieren pasar,

y que si las vacas no pasan, ellos tampoco. Lo que a mí me extraña es que los

tubos sirvan para todas las vacas de todo el mundo menos para las de Vilaboa, en

Vigo.

Sin entrar ni salir del tema, hay que decir que efectivamente, las vacas y

bueyes rubios de Vilaboa se niegan a cruzar los «tubos». Al ser metálicos

producen una gran resonancia y los animales se asustan.

—Lo de los tubos —sigue el Alcalde— está ya más o menos resuelto. Les hemos

pedido que los quiten y pongan pasos de hormigón y han dicho que bueno... Si,

nosotros, los de Vilaboa, queremos que se reanuden las obras de la autopista,

porque, tal como están las cosas ahora, ni tenemos autopista ni tenemos tierras.

Pero, desde luego, queremos que se nos respete lo pedido y prometido: sustituir

esos «tubos», hacemos pasos y nuevos caminos, nueva canalización de las aguas,

arreglar las casas afectadas, comprar las que no se puedan arreglar. Paramos las

obras hace un año porque no nos daban lo que pedíamos. El que sigan, es cosa del

Ministerio, pero antes que nos den lo nuestro.

Los problemas para ¡a construcción de la autopista derivan principalmente del

alto coste social que su ejecución representa. Lo que hemos dicho para Vilaboa

sirve también para otros tramos de características similares a éste, situados

generalmente, alrededor de !os grandes núcleos urbanos de Santiago. Ferrol

Coruña. De lo que los gallegos se quejan no es de la autopista en si. Después de

invertir más de cinco horas en ir de La Coruña a Vigo, casi nadie pone en duda

que !a autopista vendría a descongestionar notablemente el tráfico por la

carretera general, haciendo decrecer el alto índice de accidentes y atropellos

que hoy disfruta esta peligrosa, estrecha, mal asfaltada y mal trazada

carretera. Se quejan de que la Administración nunca ha escuchado sus peticiones

encaminadas a mejorar la red de carreteras del país gallego. Se que han de que

el trazado de !a autopista está hecho «desde Madrid» sin contar con Galicia, con

sus necesidades específicas, con su muy especial estructura social y agraria. No

hay más que darse una pequeña vuelta por las carreteras gallegas para reconocer

que tienen razón de sobra. No hay más que estudiar un poco de geografía

elemental para confirmar que quienes han autorizado la construcción de la

autopista sabrán algo de geografía, pero nada de sociología gallega.

El alto coste social de la obra podría evitarse con una Ordenación Territorial y

una Concentración Parcelaria de la zona antes de seguir adelante. La autopista

Ginebra-Lausanne, un ejemplo a seguir

Las especialísimas características socioeconómicas gallegas no han sido tenidas

realmente en cuenta a la hora de realizar el proyecto ni de ponerlo en

práctica. Por decreto se ordenó y por decreto se está realizando.

Resultado:

caminos destruidos, gente que no puede acceder a sus propiedades, regueros de

agua cortados, casas afectadas por las explosiones (necesarias al desmonte), que

la empresa ni arregla ni compra. Cierto malestar, traducido en ataques a la

empresa constructora

Alcalde de Vilaboa:

«Nosotros queremos que sigan las obras, porque ahora no, tenemos ni tierras

ni autopista. Eso es ya cosa del Ministerio, pero antes, que nos den lo nuestro»

«.Les hemos pedido que quiten los "tubos" y nos pongan pasos decentes, de

hormigón, y han dicho que bueno...»

Luciano Puga Suárez

( Director de Asuntos Generales de la Autopista):

«Lo que a mí me extraña es que los los "tubos" sirvan para que pasen las vacas

de todo el mundo menos Las de Vilaboa, en Vigo»

FORMA Y FONDO

Las quejas, como hemos dicho antes, no van contra la autopista sino contra el

modo de hacerla

Galicia contaba en 1974 con una población de 2.561.958 habitantes, cifra que

supone e! 7,30 por 100 de la población española. La densidad demográfica

resultante es de 84,4 habitantes por kilómetro cuadrado, mientras que la media

nacional es de 68,8 habitantes. En las provincias más conflictivas, Pontevedra y

La Coruña, la densidad demográfica se incrementa sensiblemente: 172 y 129

habitantes por kilómetro cuadrado, respectivamente. Además (no hay que olvidar

que la autopista corre paralela al Atlántico), la tendencia migratoria interior

de !a población gallega se dirige precisamente hacia las zonas costeras, donde

la densidad demográfica es de 240 habitantes por kilómetro cuadrado. Hay que

apuntar también que estos movimientos de población van preferentemente hacia los

núcleos urbanos principales, que es precisamente también por donde discurre la

autopista: Ferrol, La Coruña. Santiago, Padrón, Pontevedra,

Redondela, Vigo y Tuy. En resumen, que el trazado de la autopista discurre

justo por donde vive más gente. Quizá esto sea lógico, porque por allí es donde

hay más actividad económica y, consecuentemente, más tráfico. Pero conviene dar

un vistazo al modo de vida y al tipo de actividad que desarrolla esta mayoría de

población gallega.

LA CORUÑA-VIGO: UNA PESADILLA

Ir de La Coruña a Vigo por carretera es una pesadilla. La densidad de población

es tan fuerte que cada segundo se te puede cruzar una persona, un animal o un

carro. Los núcleos de población, quitando los importantes arriba citados, no

existen: Toda la carretera es una línea continua de casas. Las casas tienen

gente que necesita entrar y salir para ir a trabajar o, simplemente, para

pasear. Punto uno: la dificultad que el mal trazado y estado de la carretera

imprime al tráfico se ve notablemente aumentada por la continua tensión que

tienes que soportar para no atrepellar a alguien o algo así te acercas a la

derecha; para no chocar con los coches que circulan en sentido contrario si te

acercas a la izquierda. La sensación total puede compararse a la que se sentiría

al atravesar una ciudad de más de 150 kilómetros de extensión.

A pesar de que la tasa de actividad de Galicia es reálmente alta (46,3 por 100,

mientras la media nacional sólo alcanza el 38,7 por 100). su peso económico

dentro del conjunto estatal es Incluso más reducido que su importancia

demográfica. Su participación demográfica es del 7,3 por 100, mientras que la

renta supone sólo el 5,57 por 100. El ingreso medio por habitante en 1973 era

sólo del 74 por 100 de la media española, a igual fecha. Punto dos: lo que esto

quiere decir es que Galicia es una tierra con mucha gente, que trabaja mucho y

que rinde poco. ¿Por qué? Pues porque la actividad económica fundamental gallega

sigue siendo de corte feudal, unifamiliar. La mayoría de las familias gallegas

tienen cada una su casa, un trozo de tierra muy fértil utilizado como huerta de

primor (tres y cuatro cosechas al año) que les abastece de verduras y frutas;

dos vacas que les dan leche, que les sirven como animales de tiro y que pastan

en los montes vecinales el omnipresente «toxo», hierba espiosa que también les

sirve a los campesinos gallegos como leña (dejándola secar) y como abono

(dejándolo pudrir). Esta producción de subsistencia es la que hace precisamente

subsistir a la familia mientras el padre, o el hermano, emigra a Alemania.

Buenos Aires o Suiza; o a la vendimia francesa o la siega castellana de

temporero. Este tipo de economía no se refleja cada año en el producto nacional

bruto, pero sí cubre su mínimo vital. Bueno, pues de esta forma vive y trabaja

la mayoría del pueblo gallego. Una economía de subsistencia, inadecuada,

anticuada, pero que es la suya. Una economía que no sirve para nada a nadie que

no sean ellos mismos, pero que a ellos sí les sirve. Para estas gentes, la

autopista es una «melga», un «trasgo», un >>demo>> que les arruina, robándoles

su «modus vivendi» y forzándoles a ir al paro o a la emigración. A pesar del

dinero de las indemnizaciones, porque el dinero se acaba y la tierra no. A pesar

de los supuestos puestos de trabajo que cree la autopista mientras dure y digo

supuestos porque esos puestos de trabajo se irán con la Inauguración por el

Ministro de turno de la autopista.

SOLUCIONES POSIBLES

La autopista para ellos es una trastocación de sus vidas. Llegados a este punto,

hay una pregunta inexcusable: ¿Podía haberse evitado o, por lo menos, reducido

este altísimo coste social? Pues hay quienes dicen que sí. La autopista será un

incentivo, entre otros aún por realizar allí, para lanzar la economía gallega y

sacar a ese país de la situación tercermundista en que se encuentra. Para unos,

la solución sería convertir la actual carretera general en «autovía» (dos

carriles de ida y dos de vuelta), con lo que el gallego se ahorraría el coste de

la autopista —pagado en parte por las Caixas de Aforros Gallegas, que se surten

de los ahorros de los emigrantes sobre todo— y el peaje de la misma — la

concesión a la empresa Autopistas del Atlántico (CESA) es de treinta y nueve

años—. Pero éstos no tienen en cuenta que una «autovía», que permite mayores

velocidades, representaría un precio en vidas humanas, dado el tipo de población

de Galicia, demasiado alto. Para otros, la solución sería mejorar las carreteras

existentes y ampliar (as vías de ferrocarril. Pero eso no va en contra de la

construcción de la autopista ni demuestra que ésta no sea necesaria. Hay, como

siempre, una tercera solución: la de aquellos que hablan de mejorar carreteras y

vías de ferrocarril y hacer la autopista... pensando con la cabeza. Lo primero

que tenían que hacer —o haber hecho ya...— las autoridades de Obras Públicas del

Estado para demostrar que piensan es planificar, prever, darse cuenta de que ya

se han construido muchas autopistas en el mundo. Olvidar los modelos por los que

se han regido (italiano sobre todo), porque ya están superados, porque para una

zona como Galicia no son adecuados, aunque lo sean para Cataluña. Y fijarse en

un modelo muy concreto, ya realizado: la autopista Ginebra-Lausane. Aquí, el

Estado quiso hacer una autopista por una zona de características socioeconómicas

muy similares a la que nos ocupa. Y la hizo. Primero, dijo a los agricultores

qué quién quería dejar de serlo. Y les compró las tierras. Después, realizó un

plan de ordenación territorial y concentración parcelaría, de modo que cada

propietario, en lugar de tener cinco parcelitas diseminadas, tenía una o dos

grandes juntas. Y al mismo lado de la autopista (no hay que olvidar que ésta va

cercada por una tela metálica que impide cruzar a no ser por determinados

sitios). Por último, sacó a concurso la autopista, se presentaron los proyectos,

se adjudicó la concesión y la autopista se hizo. Molestando lo mínimo, sin

perjudicar a nadie y ayudando de paso, con la concentración parcelaria, a una

explotación más racional del agro afectado.

Como se puede ver, no es tan difícil. Es cuestión solamente da pensar con la

cabeza, que para eso está.

Ni los gallegos más conscientes y preocupados por el tema ni yo sabemos si esto

será posible hacerlo ya.

Ahora bien, si lo que realmente pretende la autopista es ayudar al futuro

desarrollo de Galicia y, de paso, a la economía de España, es un dato que

tendrían que tener en cuenta. Incluso a estas alturas. Y evitar así

enfrentamientos absurdos, paralizaciones de obras que le cuestan al país una

pasta (como el tramo Vilaboa-Pontevedra) que no tiene. Destrozos de economías

absurdas, desde luego, pero que sustentan a familias de gallegos, de españoles.

En una reciente reunión, algunas fuerzas políticas gallegas, excepto el PC, AP y

parte de UCD, han pedido la paralización de las obras, de todas las obras de

todos los tramos. Quizá fuese éste un buen momento para pensarse el mejor modo

de seguir adelante sin sacrificar a nadie.

El bien común está por encima de todo, pero no hay ninguna ley que diga que las

personas afectadas por la ejecución de alguna obra que representará un bien

común tengan que cargar con todos los males posibles que ésta genere. No, si

esto puede evitarse. Y se puede.

(*) Los cuadros estadísticos han sido facilitados por la empresa Autopistas del

Atlántico (CESA).

Consuelo SÁNCHEZ-VIGENTE

(Fotos: Julio MATRINEZ.)

 

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