Autor: Fernández Armesto, Felipe (AUGUSTO ASSÍA). 
   La Diada gallega una manifestación anacrónica     
 
 Ya.    15/11/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 16. 

15-XI-77

NACIONAL

CARTA ABIERTA DE AUGUSTO ASSIA

LA "DIADA" GALLEGA UNA MANIFESTACIÓN ANACRÓNICA

Algunos pretenden protestar contra lo que, al parecer, interpretan como remota

en la concesión de la autonomía Lo que en Inglaterra hacen en años, aquí

se exige que se haga en días.

Querido director:

El mundo es muy abundoso en espectáculos inútiles, pero pocos más inútiles puede

ofrecer que el de empujar una puerta abierta, ¿Es empujar una puerta abierta en

lo que algunos de mis paisanos están dispuestos a emplear, ahora mismo, sus más

entusiastas y denodado» esfuerzos? A ver si me explico.

Después de que nuestros parlamentarios, es decir, aquellos representantes que

los gallegas elegimos el día 15 de junio por algo así como el 95 por 100 de los

sufragios, redactaron, reunidos en Santiago de Compostela, un estatuto para la

autonomía de nuestro país en un abrir y cerrar de ojos. Después que el Gobierno

de Su Majestad recibió, en Madrid, el estatuto, sólo horas después de que fuera

redactado, y después de que, sólo a los pocos días, lo» representantes del

Gobierno comenzaran ya, en la Moncloa, las negociaciones con loa representantes

de los parlamentarios gallegos a fin de discutirlo, ahora resulta que,

impacientes, algunos de mis paisanos se van a lanzar, uno de estos días, por las

calles de las ciudades del país en lo que. usando la palabra catalana, llaman

"diada", para protestar con "grandes manifestaciones" contra lo que, al parecer,

interpretan como rémora en la concesión de la autonomía.

¿Pero cómo hay que hacer aquí las cosas, querido director, para que algunas

gentes no interpreten que están haciéndose demasiado lentamente?

Para interesar al Gobierno británico y llagar a las puertas del Parlamento, anta

las que llevan detenidos varios meses, loa estatutos de Escocia y Gales han

necesitado ocho o diez años de discusión pública en la tribuna, la cátedra, la

prensa, la radio, la televisión y lo» escaños de los Comunes, sin que nadie se

haya impacientado o haya pretendido forzar con manifestaciones la voluntad del

Gobierno o la del Parlamento. Aqui "exigimos" que a lo que a los ingleses les

lleva diez años, aquí lo hagamos en diez días, y en caso contrario nos lanzarnos

a ¡u calle, que es así como, en nuestra opinión, tiene que funcionar una

democracia digna de su nombre.

No es, señor director, que yo sea opuesto a los manifestaciones por principio.

Cada vez soy menos opuesto por principio a nada.

HASTA EL NOMBRE DE GALICIA, PROHIBIDO

En el caso de las reivindicaciones galleguistas apenas si podría serlo, ya que

yo mismo, y cuando ya no podría disculparme ni con 1a juventud, tomé parte,

siguiendo al padre Seixas, de la Compañía de Jesús, un día del Apóstol, en

Compostela, hará de esto veinte o veinticinco años, en una manifestación pan»

que se nos permitiera enseñarles a nuestros niños en gallego.

Entonces o, como diríamos en gallego, de aquélla, hasta el nombre de Galicia

estaba prohibido. Aunque ahora parezca extraño, lo que era patriótico llamarle a

nuestra tierra era Noroeste. Protestar por Santiago un día del Apóstol, entre

los peregrinos, exponiéndose a que la falta del sentidío del humor,

característica de la época, le llevara a uno a la cárcel, aunque era inútil, era

uno de los pocos derechos al pataleo que nos quedaba a los gallegos. Nadie nos

concedía otro. Ahora que tenernos en Madrid un Gobierno que al que, si hay algo

que reprocharle, es que no nos prohiban nada, que los guardias en vez de meter

en la cárcel a lo manifestantes les contemplan sonrientes, que a nadie le está

vedado hablar gallego, ni enseñarlo, ni aprenderlo, ni escribirlo, ¿qué objeto

pueden tener las manifestaciones? En el Parlamento de Madrid tenemos

representándonos a diputados y senadores que obtuvieron, como dejo dicho, el 95

por 100 de los sufragios depositados en las urnas hace sólo cinco meses y que

conservan la confianza da la Inmensa mayoría de los gallegos para representarnos

en negociaciones serias y dificiles. Yo vivo en medio del campo gallego, del que

se compone la mayoría de la población, y no tengo la menor duda de que, si hay

una casa en la que todos los labradores, los obreros y los pescadores

coincidamos, es en estar satisfechos de lo que nuestros representantes han

conseguido en cuanto al estatuto de autonomía.

Si. alguien saliera a manifestarse, aunque fuera violentamente, en nuestro suave

país, debido a que nuestros diputados y nuestros senadores no han conseguido

bastante trabajo para nuestros astilleros, no han defendido quizá con bastante

ahínco nuestros intereses pesqueros, no han impuesto bastante influencia para

que el Gobierno impida que sea relegada el proceso de nuestra industrialización

o la autopista del Atlántico sea construida con 1* energía que la obra exige y

el indispensable respeto por los derechos de aquellos a los que perjudica, si

alguien saliera a manifestarse contra todo esto, quizá tuviera, aunque no

excesiva, la aprobación contra nuestros diputados y senadores de algunos de los

que les votamos el día 15 de junio.

En cuanto a la autonomía, mi querido director, no hay ni un solo voto que haya

cambiado de opinión desde el 15 de junio o que lo que votó el 15 de junio no lo

votara hoy también exactamente igual.

¿Quién pretende modificar, coaccionando con manifestaciones, uno de los pocos

procesos sobre los que no hay discrepancias en Galicia, en el que en lo básico

coinciden los tres partidos que obtuvieron la representación de los gallegos

estar de acuerdo? Excepto si los que organizan las manifestaciones son el 4 ó 6

por 100 de loa que votaron a los múltiples y minúsculos partidos, que no

obtuvieron ni un solo puesto (ni de lejos) de diputado o senador, la "diada" que

se prepara no es más que un simple dislate, cuyo objeto puede ser cualquiera,

incluido el de asaltar una puerta que está abierta.

La alternativa es que se trate un ejercicio en el arte ocioso de justificarse a

sí mismos y lavarse del reproche de franquismo por parte de algunos de los

dirigentes de algunos de los partidos triunfantes el 15 de junio, que en los

cuarenta años no sólo no defendieron nunca la autonomía gallega, sino que

concurrieron en su conculcación, nunca hablaron gallego, nunca lo escribieron y

nunca lo defendieron, y que ahora quieren aparecer como más papistas que el

Papa. Para los que la han deseado siempre y han bregado toda la vida por su

derecho a afirmarse y manifestarse de la personalidad y la cultura gallegas, la

autonomía es cosa demasiado seria para maniobras políticas a través de

manifestaciones anacrónicas, en mi humilde opinión y, señor director, en opinión

de todos los gallegos con quien usted, si usted lo intenta, pueda hablar. ¿Vamos

a dejar aquí ahora también, por frivolidad, que se convierta en otro motivo de

refriega una de las pocas cosas que están sobre terreno sólido en la piel de

toro? Yo no soy tan inocente que no sepa la gritería y el rasgarse de vestiduras

que entre los interesados va a levantar la sola enunciación de la pregunta, pero

"¿no ha de haber un espíritu valiente?"

De usted afectísimo, amigo y servidor.

Augusto ASSIA

 

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