Autor: Paz Andrade, Valentín. 
   Galicia, ante las urnas del tránsito a la democracia     
 
 El País.    04/06/1977.  Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 22. 

EL PAÍS, sábado 4 de junio de 1977

OPINIÓN

TRIBUNA LIBRE ELECTORAL

Galicia, ante las urnas del tránsito a la democracia

Desde viejas calendas, Galicia arrastra una leyenda electoral poco edificante.

La corruptela subvertidora de la pulcritud del sufragio llegaría a convertirse

en fenómeno endémico, contra el que era necesario poner en juego medidas de

control. Medidas no siempre fáciles de instrumentar, y. en todo caso,

imperfectas.

El «pucherazo» ha sido la más descarada de las formas de adulteración del voto.

No la única, porque sin recurrir al tosco desafuero pueden votar los muertos,

los ausentes, los abstenidos, etcétera, mediante persona interpuesta. Y, ya se

sabe, que la manipulación del censo suele producirse tanto a la hora de

filtrarlo gota a gota en la urna, como en la práctica del recuento una vez

cerradas las puertas del colegio.

No solamente tales mixtificaciones han prostituido la práctica electoral en el

cuadrilátero atlántico. Los resortes de centralización del Poder sobre el

ombligo del Buda —que es el Estado— vino desde antiguo funcionando por

preelección superimpuesta. De arriba a bajo, medíante inducción forzada. Casi

nunca en consonancia con la inclinación o la conveniencia real del país llamado

a manifestar su voluntad. Por el contrario, anteponiendo a ésta el arbitrio,

cuando no la arbitrariedad, del mando.

Aún podría reconocerse una atenuante a tal ingerencia, si con ella quisiera

legitimarse la revelación de valores auténticos, dignos de considerarse también

representativos. La verdad es que nunca, o casi nunca, tal circunstancia ha

resultado invocable. Y aún habría que esperar algo peor. Que la superimposición

respondiera, como las aguas del Jordán, a la necesidad de lavar las culpas de la

entrega servil o la colaboración —descarada o vergonzante, pero real—, con el

régimen autocrático condenado al derribo.

Todo lo cual supone un evidente menosprecio hacia los principios democráticos.

Especialmente cuando al pueblo no se le deja elegir nombres, sino que se le

ofrece solamente, como en una rifa, el «lo tomas o lo dejas» de la lista cerrada

y bloqueada. Procedimiento todo lo moderno y científico que se quiera pero ideal

para colar en las urnas a los candidatos sin arraigo en el país, a los «soldados

desconocidos» que vivaquean en la política, a los inexpertos y a los inaptos

para una función pública responsable. O a los que sólo pueden aportara ella

sumisión, incondicionalidad irresponsable, en muchos casos sobradamente

contrastada por haber marcado el paso bajo el santo y seña dictatoriales,

durante años y años.

Sucursalismo, democracia y autonomía.

Bien se echa de ver que nos estamos refiriendo sólo al pasado. A veces el pasado

reflota en nuestra memoria como imagen del presente. Nunca los procesos

políticos se repiten con identidades de forma y de grado. Sin embargo, es

innegable que estamos asistiendo en Galicia —esperemos que in articulo monis— a

un trasensayo general de todo lo que deberíamos considerar enterrado para

siempre.

Cierto que ¡a sensibilidad del elector gallego parece ser otra. Mucho más aguda

y vibrátil que la de otro tiempo. Y. especialmente, de mayor concienciación,

para repeler cualquiera de las formas, descaradas o disfrazadas, de colonialismo

electoral. Loque ahora, a ciertos niveles, se denomina sucursalismo.

Ninguna de las formaciones optantes a la elección acepta semejante dictado. A

veces, los esfuerzos de mimetización para alejarlo de sí. o de sus encasillados,

rozaron con lo pintoresco. Pero lo cierto es que en ninguna época de la historia

política de Galicia la injerencia foránea en la dinámica interna del proceso

electoral ha llegado a tanto.

Madrid vomita a chorro propaganda sobre Galicia. En forma tan masiva y

adulterada, que llega a difundir entre nosotros imágenes y candidatos de Madrid

o de Cuenca. Como si con ello, bajo el membrete de un partido, quisiera

arroparse el anonimato de aquéllos que la misma formación ha incorporado a la

lista provisional. De aquellos que por su propia virtualidad, ni aún amparados

en el prestigio de un partido, vencerían la gravitación negativa del anonimato.

Mucho menos en circunstancias como las que concurren en esta llamada a los

comicios, tras un cuarentenario de enmohecimiento del derecho a votar, y la más

rígida abstinencia en orden a la formación ideológica y política de las masas.

Todo lo cual también pudiera identificarse como práctica, más o menos declarada,

de colonización electoral.

Hasta los eslóganes utilizados en la propaganda mural, suelen tener un carácter

tan genérico, que dejan indiferente al electorado gallego. Precisamente porque

este abigarrado cuerpo —en la mayoría de las zonas ultrasenstbilizado— no

responde a móviles genéricos o abstractos. Responde casi siempre clamorosamente

a las urgencias de la reconstitución socioeconómica de su tierra. A la

renivelación autonómica de Galicia, en la hora de reestructurar el Estado

español bajo nuevos moldes. Aquellos que respeten, en sus diversos niveles y

visajes la personalidad del país. Y que lo liberen de la recaída, tanto en la

negación o deformación de la democracia, como en la sujección al centralismo

monolítico.

Galleguización radicalizada

Del conjunto de matices y tendencias que afloran en el proceso electoral, dentro

del marco gallego, no es posible silenciar uno. El de la impetuosa recuperación

en el uso. hablado y escrito, religioso y profano, de nuestro idioma. Que no

podemos, con propiedad. y sin subestimación, llamarlo regional o vernáculo, dado

que se trata de la misma lengua hablada en Portugal, en el Brasil y en todo el

orbe filolusitano, que alberga unos 150 millones de seres.

Por primera vez en la historia.

el gallego invadió tribunas y carteleras, aldeas y villas y ciudades. El

candidato que no domine el idioma de los versos de Rosalía y la prosa de

Castelao resultará desprovisto de su mejor arma para llegar a la conciencia del

electorado. Alguna coalición importante en el ámbito nacional ha tenido que

renunciar a la propaganda oral, a causa de la orfandad lingüística de sus

candidatos. No sólo para llegar al corazón del electorado, incluso para que sus

parlamentos en castellano fuesen escuchados sin protesta no pocas veces airada.

Es necesario parar mientes en una sintomatología tan específica. Parece

reveladora de una renacionalización de la masa, que jamás había alcanzado

intensidad parecida. La siembra del movimiento galleguista anterior al 18 de

julio está produciendo ahora —cuando estamos enterrando lo que de tal fecha

arranca— una eclosión muy superior a la que se esperaba. Aún por los más

optimistas.

Parece que el factor desencadenante de esta marea alta de la galleguidad pudiera

ser la incorporación del gallego a la liturgia eclesiástica. El apostolado, de

gran número de sacerdotes diseminados por las parroquias del campo y las

ciudades de Galicia, sin excluir a bastantes comunidades religiosas, se

considera inseparable de la causa de las reivindicaciones gallegas, comenzando

por el uso del idioma y su práctica formal en el culto.

No es fácil calcular anticipadamente la gravitación que este movimiento del

espíritu de un pueblo tendrá en la consulta electoral del día 15. Debemos

admitir que alguna habrá de ejercer. Seguramente menor del nivel a que sin duda

llegará cuando el relevo del clero preconciliar por promociones posconciliares

se complete.

A pocos días vista...

Sin llegar a más profundas indagaciones en la materia, los datos y los síntomas

ya configurados arrojan alguna luz sobre el panorama electoral gallego. Salvo la

masa del pétreo inmóvilismo indulgente si no comulgante con los residuos de la

era autocrática. Galicia parece decididamente incorporada a la voluntad de

cambio. Tanto en el orden democrático como en la condena al centralismo, y en

favor de su sustitución por una fórmula, federal o más atenuada de autogobierno.

El espantajo del separatismo parece identificado con la topiquería para ingenuos

que maneja la ultraderecha.

El voto, comprometido por vinculaciones al poder, está siendo descaradamente

manipulado hacia la formación de Centro. No sorprende a nadie, pero hasta a los

estratos más populares alcanza el deterioro de la imagen de quien, desde la

cúspide del mando, ha patrocinado tardíamente una hibridación semejante. Tan

poco homogénea y de composición tan lastrada por antecedentes de servicio y

entrega a las arbitrariedades de la autocracia.

No parece aventurado anticipar que ambas formaciones —entre las que el

electorado no aprecia una línea neta de definición— en conjunto obtendrán

bastantes miles de votos menos que los partidos de oposición. En este grupo se

comprenden desde la socialdemocracia al Partido Comunista. Podrá darse, sin

embargo, la paradoja de que AP y UCD obtengan la mayoría de los veintisiete

diputados a elegir en Galicia. No hace falta aclarar que este desenlace,

falseador de la verdad del sufragio global, puede originarse a causa de la

proliferación excesiva de candidaturas para el Congreso. O sea, de la

inadaptación de los partidos no conservadores a las exigencias del sistema

electoral que han ayudado directamente a elaborar.

Parece obvio pensar que tal perspectiva debe variar radicalmente en relación al

Senado. Primero, por haberse logrado que los partidos de la oposición

renunciasen a presentar trilogías separadas. Después, por haber proclamado en

las cuatro circunscripciones personalidades independientes, aunque comprometidas

en la defensa de los derechos de Galicia, la convicción democrática y la

incontaminación con el oligorrégimen desmontado aquél día... El día en que en El

Pardo y en Meirás doblaron a muerto las campanas.

 

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