Autor: Álvarez Pousa, Luis. 
   Los políticos gallegos confían en el Estatuto     
 
 Diario 16.    02/11/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Los políticos gallegos confían en el Estatuto

La clase política gallega tiene abiertas sus esperanzas a mejorar el Estatuto de

autonomía. Aunque la redacción actual obligaría al «no» de las fuerzas de

izquierda, incluido el PSOE, la confianza está puesta ahora en los trabajos de

la Comisión Constitucional y las posibles negociaciones paralelas.

Santiago (LUIS ALVAREZ POUSA, corresponsal) — Los políticos autonomistas

gallegos no han perdido la esperanza de conseguir un Estatuto adecuado para dar

una respuesta práctica a las exigencias de autonomía que plantean cuestiones más

importantes para la sociedad gallega como la planificación económica, el regreso

de los emigrantes, el despegue industrial, la reordenación territorial, la

lengua y la cultura.

Las espectativas, a pesar de que el proyecto de Estatuto que pasó ayer a la

Comisión Constitucional no va consensuado, y si subrayado por un gran número de

votos particulares con graves desacuerdos no son, pues, del todo pesimistas.

Los partidos de la oposición creen que la actitud de «intransigencia» sobre

determinadas materias autonómicas frente a la UCD central por parte de los

parlamentarios centristas Meilán Gil, Rosón Pérez, Pardo Montero y Sanmartín

Losada, pueden inclinar la balanza hacia la superación de los techos

autonómicos. Critican duramente a Pío Cabanillas y a David Pérez Puga por lo que

consideran «su política subterránea» y su «entreguismo a la UCD de Madrid».

El comunista Solé Tura afirmó en Santiago que «si el sector Cabanillas consigue

que sea el Parlamento central quien diga al gallego lo que puede o no legislar,

el Estatuto sobra». Todos tienen ahora puestas las miradas en el artículo 32,

punto cuatro, que vendría a refrendar el miedo de Solé Tura y el de todos los

que pretenden un Estatuto eficaz y gallego.

Este artículo en su punto cuarto pretende ni más ni menos convertirse en la

llave para que la autonomía gallega sea real y no ficticia. Ahí está pues

centrado el motivo de la discordia.

Fraga Iribarne llegó a declarar, en medio de un gran enfado tras la intromisión

de la polémica cláusula, que «si en Galicia hubiera metralletas, no estaría

sucediendo esto».

 

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