Autor: López Sancho, Lorenzo (ISIDRO). 
   Estatuto gallego     
 
 ABC.    24/11/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Planetario

ESTATUTO GALLEGO

Ya tiene Galicia un Estatuto y algunos miles de gallegos se manifiestan en

Galicia contra ese Estatuto. No se entiende muy bien que haya gentes que

reclamen, que exijan al Gobierno, con premura, con impaciencia, la redacción del

instrumento de la autonomía y que en el momento en que ese instrumento llega a

su cabo, sin que haya sido dado a conocer en la totalidad de su testo, lo

rechacen.

¿Por qué, me pregunto yo que, habiendo vivido once años en Galicia me honro con

haber tenido la amistad, la confianza, la discusión, con las más eminentes

figuras del galleguismo, algunas, !ay¡, desaparecidas, creo poder jactarme de

conocer bien, en todas sus dimensiones humanas, sociales, geográficas,

culturales, esa tierra que mi amigo Celso Emilio Ferreiro decía que era «intima

e tenra / como un coló de nai polo invernó / rente a lume do lar». ¿Por haber

sido votado por el partido del Gobierno al que el propia pueblo gallego dio

diecisiete de los veintisiete diputados que lo representan en el Parlamento?

¿Por qué un político gallego que sólo tiene cuatro escaños abandonó a la una de

la madrugada un trabajo del que no tenía derecho, ni aun en minoría a

desentenderse? ¿Por qué otra minoría, la socialista dispone del poder de sacar a

algunas gentes a la calle?

Ninguna de esas respuestas me parece satisfactoria. ¿Se tratará de la forma del

trámite? En tal caso, antes que en la forma habría que pensar en el fondo y

decidir si en su Estatuto, encuentra Galicia libertades análogas a las que han

obtenido, por otros trámites Vasconia y Cataluña.

Está llena mi mente de recuerdos de largas conversaciones por las calles de La

Coruña. saladas de «vento mareiro», por las rúas de Compostela, trascendidas de

vino y de incienso, por los rincones de Lugo, según se baja al Miño a la veira

del cual tuve militar cobijo. Conversaciones en gallego, que yo aprendía a

grandes sorbos, con «irmaus da fala». Desde 1916 esperaban las irmandades dos

amigos da fala el reconocimiento de su dulce, de su hermosa lengua, la de

Meendiño y Bernardo de Bonaval; la de Rosalía y Noriega, la de los versos

recatados de mi entrañable Sebastián Martínez Risco; la que desgranaba sonriente

bajo su rubio bigote celta mi amigo Dónega, perdido en el tiempo. Pues, aquí

tienen su fala. ¿Y qué se había hecho antes? ¿Qué hicieron los González Besada,

los Bugallal, los Montero Ríos, los Vincenti, tantas veces en el poder, tantos

ministros años y años?

Hay un Estatuto y parece lógico que su adopción a la realidad galaica, la

transferencia de poderes, pasen por el Parlamento que lo aprobó. Con dos

comisiones, para casos muy especiales, ya hubo demasiadas comisiones. Todas las

autonomías deberían pasar por el Parlamento. Y si hay referéndum, ¿no bastará

manifestarse en ese referéndum? Aquella Irmandade compostelana de 1418 ¿necesita

ser reconstruida?

Los tiempos del noble Diego de Lemos y el rústico Rui Xordo eran otros. Alguna

vez dijo Valle lucían que la decadencia de España empezaba en la Beltraneja. Que

lejos ya queda la imagen épica y lírica de Pedro Madruga de Sotomayor. Todo está

empezando ahora. Hay un Estatuto y lo efectivo es ponerse a mejorarlo, si hace

falta, a trabajar.—Lorenzo LÓPEZ SANCHO.

 

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