Autor: Mombriedo de la Torre, Luis. 
   Como siempre, el campo pierde     
 
 El Imparcial.    04/01/1978.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 13. 

4 enero 1978 EL IMPARCIAL página 3

La tribuna de EL IMPARCIAL

Corno siempre, el campo pierde

Las revueltas, lo que ahora se llama contestación campesina, solamente ocurren en los países con un

cierto grado de desarrollo industrial, en el mundo occidental. Tal como Francia, Italia, Austria, Holanda,

España y aun los Estados Unidos de América. No tenemos noticias de que los haya dentro de la economía

capitalista, en los que no tienen suficiente grado de desarrollo, como pueden ser Brasil, Argentina,

Colombia o la India. Por supuesto, es inútil tratar de encontrarlas en los países de economía socialista, al

menos no nos llegan noticias de ellas.

¿ A qué se debe esto? Sin duda, a que son mundos diferentes, con motivaciones sociales distintas, más o

menos democráticamente aceptadas o impuestas.

La sociedad capitalista lleva a su cima no a los ideólogos o a los dirigentes del partido único, sino a los

que triunfan en la lucha por el dinero o por el bienestar. Simultáneamente, con un crecimiento capitalista

creciente, en los últimos cincuenta años, se ha redistribuido la renta en los sectores comercial e industrial,

desmintiendo las prospecciones de Marx. Todo ello acompañado de una necesidad social creciente que

hace que el módulo de comparación no sea ya entre cada rico y cada pobre, a nivel individual, sino entre

sectores de un mismo país.

Redistribución de rentas

AL hablar del campo y de los otros sectores económicos, el agravio comparativo me produce a mí,

que siento el problema del campo, un acercamiento al hermano agricultor —cualquiera que sea su

ideología política— y una separación, un principio de rechazo, del hermano comerciante, sin llegar a

considerarlo, como Rodríguez de la Fuente, el hermano lobo.

Todo es cuestión de relatividad. Es incomparable el nivel de vida de un obrero industrial o de servicios

con el de la mayoría de los «ricos» del pueblo. Así hay que entender que el presidente del Senado, don

Antonio Fontán, se haya dado de baja en la Unión del Olivar Español; ¡toma, como él no vive del campo!

Y conste que yo no creo que los del Olivar son perfectos y los demás no. Es, sencillamente, que no

pueden vivir con lo que les ha concedido el Gobierno como precio para su aceite. Este caso, tanto el del

señor Fontán, como el de la revuelta del aceite, no podrían darse en ningún país socialista. Y no lo razono

con los argumentos de derechas, que hasta a los de izquierdas se les ocurren. Es más sencillo. Es porque,

teóricamente, todos cobran a primero de mes, les pagan con dinero, vales para vacaciones, para trajes,

etcétera, y no se produce la contestación.

Si el Gobierno español, la izquierda democrática y el centro más el centro-derecha quieren cerrar el paso

a la idea del hombre como eterno portador de valores funcionarios, no tienen más remedio, diga lo que

diga el Pacto de la Moncloa, que hacer una política de redistribución de rentas entre el campo, la industria

y los servicios, además de implantar una Seguridad Social única, en la base, para todos.

Ahora, cuando se está negociando con las Comunidades Europeas, hay que darse cuenta de que no basta

que España establezca unas reglamentaciones como las de ellos para los productos del campo. Hay que

construir, además, una política interior de rentas agrarias.

Un consejo a la CEE

NOS dan ejemplo Francia e Italia, quienes han convencido a los otros siete países de la necesidad de una

política especial de rentas para los productores de frutas, hortalizas, vino, aceite y arroz, que son los

productos del sur de Europa más afectados por la integración española. Lo chocante es que esta idea, sin

modestia alguna, se me ocurrió y la transmití a un prominente directivo francés con la satisfacción de

verla ya plasmada un año más tarde en acuerdos de la CEE. No tuve la misma suerte con el Gobierno

español, al que transmití la idea, que ahora renuevo públicamente, de que es necesario hacer una política

especial de rentas para los productores de cereales, ganado vacuno y leche, que se verán afectados por un

profundo choque con la integración en Europa. Y es que aquí la política del momento priva sobre la

estrategia y ahora estamos en los lucimientos necesarios para consolidar la democracia de Adolfo, de

Felipe, de Carrillo o de Fraga, y nadie da golpe.

Los acuerdos de la Moncloa han permitido a todos los partidos sentirse vencedores, todos parece que han

puesto sus ideas, pero en el campo esas ideas han coincidido con las que en noviembre de 1973 dieron al

traste con el desarrollo agrario. Se cercenan, en beneficio de otros sectores, los presupuestos del Estado

para el campo, alejándolos del 13,5 por 100 del total que debieran alcanzar, por razón del peso real del

campo. Se dejan los precios para luego y se aumenta la confusión con una reforma agraria que no se

define y que no puede llevar a ningún sitio, porque ahora, con urgencia, sólo cabe una reforma comercial,

alentada desde el Estado, y lo demás son músicas celestiales.

Decía muchas cosas más el Tercer Plan de Desarrollo que el de la Moncloa. Puestos a platónicos, fijaba el

objetivo de que las rentas agrarias iban a crecer en mayor proporción que las de la industria y los

servicios. Ahora ni eso.

El problema del paro

UN asunto de interés sumo es el problema del paro. El Seguro de Desempleo está muy bien que exista, lo

hay para la industria y el comercio, falta para el campo. Pero creo que, por el camino de pagar el paro no

vamos a parte alguna. Las cifras que se manejan son aterradoras, no por grandes, sino por inútiles. Y es

justo que exista seguridad para todos.

Recuerdo que cuando se produjeron los primeros paros agrícolas en Andalucía y Extremadura, derivados

del abandono masivo del algodón, se le ocurrió a Jesús Lample, un auténtico dirigente obrero, que era

necesario crear un fondo de empleo comunitario con dinero de la Mutualidad Agraria; desde hace tiempo

viene, además, dinero del Estado.

Con el sistema actual sólo es seguro que para que cobren los obreros y autónomos del campo, tienen que

trabajar mientras los otros no, con lo cual sigue el agravio. De ese agravio inferido por Gobierno y

oposición al campo, es sintomático de que en el posoperatorio de la Moncloa han participado las Cámaras

de Comercio, Industria y Navegación como interlocutores, mientras las Cámaras Agrarias no han sido

escuchadas y parece que quieren hundirlas entre unos y otros. Todo esto ocurrirá mientras el campo esté

desunido y esto parece que interesa a demasiada gente importante. ¡Así nos va!

LUIS MOMBIEDRO DE LA TORRE

(Presidente de honor

de la Confederación Europea

de la Agricultura.)

 

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