Autor: Navarro Gutiérrez, Bartolomé. 
 Progresiva despoblación provincial. 
 España puede ser un desierto     
 
 Arriba.    06/01/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Progresiva despoblación provincial

ESPAÑA PUEDE SER UN DESIERTO

• Andalucía pasó del 20,3 por 100 de la población nacional en 1940, al 17,6 en 1970

• Guadalajara, Soria, Teruel y Zamora perdieron ñas de un 15 por 100 de su población

DESDE hace algunos años el incremento de población del país se viene centrando en los núcleos urbanos

y en especial en las grandes capitales, cuyo desarrollo poblacional se está realizando a expensas del medio

rural, que vuelca sus excedentes humanos en estas metrópolis cada vez más masificadas. Sólo nos basta

con decir que si el índice de población de Zamora continúa decreciendo al ritmo actual, en el año 2000

esta provincia será un desierto de 10.559 kilómetros cuadrados, con unas pocas poblaciones, según el

«comentario sociológico», que sobre la estructura social española publica la Confederación Española de

Cajas de Ahorros.

Asimismo la población presenta tendencias netamente regresivas, habiendo pasado la provincia de

315.885 habitantes en 1950, a 230.787 en 1975. Si este ritmo se mantiene, la provincia de Zamora verá

desaparecer algunos de sus pueblos, cuyo número de habitantes es ya mínimo en la actualidad. Como

ejemplos cabe citar a Villar de los Pisones (81 habitantes), Santa Ana (66)." Cerezal de Sanabria (59).

VilIaflor (52). La Tabla (36). Cubelo (15) y Flechas (12).

Análisis por provincias

El aumento total de la población de hecho en España en los treinta años comprendidos entre los censos de

1940 y 1970 ha sido de 7.915947 habitantes; se reparten en 29 provincias las que incrementaron su

población, siendo 21 las que la han visto disminuida. Entre las 29 provincias que han crecido se

encuentran 20 con litoral marítimo y nueve interiores, si bien éstas generalmente situadas en importantes

nudos de comunicaciones, como Sevilla, Zaragoza, Valladolid, León, etc., o que son capitales regionales.

De las 21 provincias con descenso de población, sólo encontramos dos litorales Granada y Lugo. En

cambio, tres provincias, Madrid, Barcelona y Vizcaya, han aumentado su población en más de de un 100

por 100 y otras cinco (Guipúzcoa, Álava, Las Palmas, Tenerife y Alicante) la aumentaron entre un 50 y

un 100 por 100.

De las provincias que mayor descenso tuvieron, destacamos las que perdieron más de un 15 por 100, por

este orden, de mayor a menor: Guadalajara, Soria, Teruel, Cuenca, Lugo y Zamora. Asimismo, entre las

provincias que perdieron población por emigración, tanto nacional como al extranjero, hay algunas que

ofrecen saldos migratorios muy elevados, como Jaén, con saldo negativo de 410.872 habitantes; Córdoba,

con 348.755; Badajoz, con 331365; Granada, con 347.502; Cáceres, con 248.408, etc. En casi todas estas

provincias la emigración ha sido compensada, en parte, por un crecimiento vegetativo importante.Uno de

los casos típicos de demografía en regresión es la provincia de Albacete, que en lo que va de siglo ha

pasado de una densidad poblacional de 27 habitantes por kilómetro cuadrado en 1950, a 22 en 1970. Por

lo que respecta a las emigraciones, en lo que va de siglo, Albacete presentó caracteres positivos en las dos

primeras décadas y en la cuarta. El resto de las décadas presentan saldos migratorios negativos, siendo

especialmente importantes en

los años 50-70, en los que se produce un verdadero «éxodo poblacional», con saldos migratorios medios

anuales de 6.339 emigrantes. De no haber existido migración desde comienzos de siglo, la provincia

superaría el medio millón de habitantes, ya que, según cálculos de Revista Sindical de Estadística, uno de

cada tres posibles habitantes albacetenses ha emigrado»

Migraciones regionales

En el conjunto de los treinta años del período que observamos (1940-1970), figuran cinco regiones con

saldo migratorio positivo. Entre ellas destaca Cataluña, que se anota 1.416.496 habitantes por dicho

concepto, lo que representa un 49 por 100 respecto a su población de 1940. Siguen en cifras absolutas

Castilla la Nueva, con 642.873: Vasco-Navarra, con 412260: Valenciana, con 296.409, y Baleares, con

74.447.

Las demás regiones presentan saldos negativos, destacándose en este aspecto Andalucía, que perdió,

según datos de la «Revista Sindical de Estadística», 1.631.949 habitantes. Siguen en orden de pérdidas, de

mayor a menor, por cifras absolutas Castilla la Vieja. Galicia, Extremadura, Murcia. León. Aragón,

Asturias y Canarias. Esta última sólo perdió 9.112 habitantes, debido a la migración a otras regiones y a

otros países. Podemos afirmar que los trasvases de población entre regiones en estos últimos treinta años

han sido muy notables, y que se intensificaron en la última década, de 1960 a 1970, dirigiéndose

principalmente los emigrantes de dentro del territorio nacional a los dos grandes polos de atracción de

Madrid y Barcelona, al litoral de las provincias catalanas y a Vascongadas. En cambio. Andalucía es la

región que pierde más habitantes, pasando del 20,3 por 100 de la población nacional en 1940 al 17,6 en

1970. También Galicia registra una baja importante, ya que pasa del 9,6 al 7,6 por 100 con perdida

significativa de un 2 por 100, y Extremadura, que desciende del 4.8 por 100 en 1940 al 3.4 por 100 en

1970.

Causas de las migraciones

Las grandes migraciones laborales —tanto internas como externas— no eran ni frecuentes ni

características de la situación europea al final de la segunda guerra mundial; fue como consecuencia de

las condiciones políticas y económicas creadas en la posguerra el que se convirtieran en una característica

regular de la vida social en Europa. Fueron precedidas por una ola de migraciones forzosas —

generalmente a América—, de diferente naturaleza y gigantescas proporciones, que pueden haber tenido

una repercusión favorable en las migraciones laborales posteriores.

El resurgimiento de la economía europea occidental después de la guerra ha sido considerado como la

causa primordial del rápido crecimiento de la emigración de trabajadores de las áreas más

subdesarrolladas del continente. Aparte del crecimiento demográfico que motiva migraciones, se produjo

también un éxodo del campo a la ciudad, produciendo incluso, como en el caso de España, un efecto de

sobreurbanización muy superior al que era de esperar por su nivel de industrialización. Los campesinos

españoles marchaban a las grandes ciudades –Madrid, Barcelona —en busca de una nueva vida,

abandonando todos los sinsabores y el subdesarrollo del campo.

Bartolomé NAVARRO

 

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