Autor: Palma, Luisa. 
 Primeras declaraciones del nuevo presidente de la Xunta de Galicia. 
 Fernández Albor: Hay que luchar duro por Galicia     
 
 ABC.    06/01/1982.  Página: 11. Páginas: 1. Párrafos: 31. 

MIÉRCOLES 6-1-82

NACIONAL

ABC

Primeras declaraciones de! nuevo presidente de la Xunta de Galicia

Fernández Albor: «Hay que luchar duro por Galicia»

MADRID (Luisa Palma). «Yo lo que verdaderamente deseo, y lo voy a Intentar con

todas mis fuerzas, es poner mi grano de arena, tratar de aunar voluntades y

hacer una llamada de conciencia a todos porque hay que luchar duro y conviene

que todos arrimemos el hombro, yo el primero.» Esta es, en sus propias palabras,

la filosofía del que será primer presidente del nuevo Gobierno autonómico de

Galicia, Gerardo Fernández Albor, cuya investidura está prevista en la tarde del

día 8, al término de los debates parlamentarios que se inician mañana en el

compostelano palacio de Gelmírez, en donde el pasado 19 de diciembre quedó

constituido el Parlamento gallego.

Gerardo Fernández Albor es un hombre nacido a la política hace tan solo unos

meses, el día en que le propusieron ser candidato por Alianza Popular al

Parlamento gallego. Hoy se muestra «satisfecho de haber tomado aquella decisión

y de haber asumido la responsabilidad». Su gran vocación es la Medicina,

profesión a la que ha dedicado toda su vida desde que se especializara en

cirugía general y del aparato digestivo en la Universidad de Santiago de

Compostela. En la actualidad es director del Policlinico La Rosaleda,

institución que debe su existencia y su prestigio al esfuerzo del doctor

Fernández Albor.

Otra de las facetas que no se puede obviar al hablar del nuevo presidente de la

Xunta gallega es su gran interés por la cultura, campo que ha cultivado en la

mayoría de sus aspectos. Pertenece a varias asociaciones culturales, entre ellas

la Fundación Otero Pedrallo, el Patronato Rosalía de Castro y el Patronato Museo

do Pobo Galego. Como él mismo afirma, «poder tener un diálogo con personas

inteligentes como Otero Pedrallo, Alvaro Cunqueiro, Camilo José Cela y tantos

otros, es algo que para mí no tiene precio». Admira como escritor a Ega de

Queiroz, novelista portugués, «que es casi como nuestro», a Balzac y a Stendhal;

y dedica el poco tiempo libre, del que dice disponer a dar largos paseos

fundiéndose en las brumas verdes del siempre misterioso paisaje gallego. Oye,

con la atención de un experto, a Mozart, al que aprendió a conocer de la mano

del ya fallecido músico y director de orquesta Kari Bhonn, amigo suyo desde que

le conoció en Viena cuando Fernández Albor amplió allí sus estudios científicos,

De esta época conserva muy buenos recuerdos: «Quizá —afirma—, si yo no hubiese

sido médico, lo que más me hubiera gustado es dedicarme a la música.»

—¿Por qué la política?

—Porque siempre me interesó y porque creo que debemos hacer todos algo por los

demás en el sentido amplio de la palabra. Pienso que es la forma más ordinaria

de participar en las responsabilidades que nos competen a todos.

—¿Cree Fernández Albor en el hombre, en el individuo, en la amistad?

—Sí, totalmente. Creo en las personas. Yo he tenido grandes satisfacciones de

mis amigos y creo que también las he dado. El individuo para mí es una

preocupación fundamenta!, y es por eso por lo que creo que merece la pena luchar

por lograr que su vida se desarrolle en un contexto cada vez mejor.

—¿Qué ha supuesto para usted el triunfo de Alianza Popular en Galicia?

—Bueno, yo realmente no lo esperaba, fui por deber. Ahora me siento muy

satisfecho de poder colaborar en política y de haber tomado la decisión de esta

responsabilidad. Yo tenía esperanzas de que el sentido común de los gallegos

imperase, como así fue, y creo que los partidos políticos que han triunfado han

sido los partidos más sensatos.

—¿A qué atribuye el triunfo?

—Creo que después de la moción de censura se decantaron dos posturas muy claras,

y la gente se dio cuenta, realmente, de que el líder de la derecha era Manuel

Fraga, así como el de la izquierda Felipe González. El pluripartidismo es muy

malo y, en el caso concreto de Galicia, se ha optado por la opción de derechas,

que representaba Alianza Popular. Por otra parte ha jugado un papel decisivo el

prestigio de Fraga, unido al deterioro de UCD por sus luchas intestinas. Yo

pienso realmente que Galicia esta vez sí ha votado útil no correspondió con la

realidad de los hechos. También es cierto que hay momentos en que el líder debe

imponerse, porque por algo lo es, y esto es lo que ha sucedido.

—¿Ha cambiado algo este triunfo en su vida?

—Sólo en una cosa: ahora tengo más trabajo que antes.

—Desde su perspectiva, ¿cómo enjuicia la situación gallega en estos momentos?

—La situación gallega es de esperanza y de expectación. Galicia estaba

defraudada,

pero con el triunfo de Alianza Popular se ha animado. La misma tardanza en la

constitución del Gobierno autónomo de Galicia preocupa, porque la gente quiere

ver hechos, no quiere promesas ni que se le cuenten cuentos, quiere realidades

para confirmar su fe en la democracia y en las autonomías.

—Es por lo que usted piensa hacer...

—Por lo menos intentarlo. Yo me hago planes a corto plazo.

—Tiene prisa, entonces.

—Mucha. Creo que las cosas deben hacerse siempre cuanto antes. Yo como cirujano

soy pragmático y creo que en política también se me podría definir así. Tengo

prisa por solucionar problemas tan graves como el campo y la pesca, el paro o la

emigración. Respecto a esto último mi gran ilusión sería lograr que los que

están en América o fuera de España, pudieran venir aquí a invertir. Pero para

esto hay que crear las condiciones necesarias para que haya los suficientes

puestos de trabajo.

—En otra orden de cosas, tengo entendidc que, en un primer momento, UCD le

ofreció a usted presentarse como candidato de esto partido por La Coruña, y que

no lo hizo por las presiones contrarias del señor Meilán Gil.

—No, no. Esto no fue así. La cosa fue que el rector de la Universidad de

Santiago, José María Suárez Núñez, de UCD, me pidió la colaboración para su

candidatura al Parlamento y yo se la ofrecí. Pero luego los sectores de la UCD

de La Coruña no hicieron caso de las instancias más altas y no le presentaron.

En ningún caso creo que el señor Meitán haya vetado nada en este sentido.

—Usted se presentó como candidato independiente, aunque por AP, ¿se ha afiliado

ya a este partido?

—Pues sí —afirma con su pausado acento gallego—. Me he afiliado porque me ha

parecido correcto hacerlo antes de ser investido como presidente de la Xunta

gallega, aunque moralmente ya lo estaba, y sobre todo porque ellos nunca me lo

han exigido. Yo soy un demócrata cristiano y creo que mí ideología encaja

perfectamente dentro de Alianza Popular, porque AP es una democracia cristiana

sin saberlo. Para mí rellenar una ficha es poco importante, tan poco que... por

cierto, creo que ni se lo he comentado a Fraga.

—¿Cómo ve usted a Fraga y a los miembros de AP?

—Siempre pensé lo mismo de Fraga: es un gran hombre. Es difícil de conllevar,

porque no se doblega fácilmente, ya que es un hombre noble, pero sus virtudes,

en mi forma de ver superan con mucho a sus defectos. Sobre AP tengo una visión

que he podido comprobar como cierta: son gente con ilusión, inasequibles al

desaliento, que han luchado durante muchos años siendo fieles a Manuel Fraga.

—¿Cómo ve a sus compañeros de la Xunta?

—Estoy convencido de que son gente muy valiosa, la mejor gente, con gran

prestigio y hombres en los que me voy a poder apoyar.

—¿Qué es lo que le falta a Galicia, a su juicio, para colocarse al nivel

alcanzado por otras comunidades autónomas como, por ejemplo, Cataluña o el País

Vasco?

—Ambición. Creo que tenemos todavía un complejo de inferioridad que ahora

empieza a superarse.

—¿Qué opina sobre la configuración de los grupos parlamentarios de la Cámara

gallega?

—Yo creo que se han hecho en base a la operatividad. Son grupos operativos.

Hasta que no esté fijado el reglamento definitivo de la Cámara creo que era lo

mejor que se podía hacer, pues si el Parlamente se con vierte en un lugar donde

se producen excesivas discusiones la gente se puede desencartar.

 

< Volver